El mito de mitos

Les quiero contar un cuento y de este surgirá una gran historia. Una historia hecha de más historias y llena de saberes ancestrales de nuestra raza cósmica y mestiza.

Me ha tomado un tiempo aprender todas las cosas que he aprendido, pero siento en mi corazón que ya es tiempo de hablar y que poco a poco se vana adherir nuevos elementos y procuro contarles el mito de mitos, la más grande historia de nuestro continente.

Les abrazo a todxs por su cariño y quedo muy abierto a sugerencias de todo tipo, forma, contenido y estilo.

Prólogo

Me encontré caminando junto a un abuelo bajo la lluvia. El anciano no habla mucho. Sujeta mi mano con fuerza mientras con la otra mano se sostiene con su bastón. El taita va mustio pero en sus diminutos pasos, con sus rodillas destrozadas por el frío de la sierra y los años de trabajo en el campo va con mucha sabiduría. La sabiduría que alguna vez Apu Qun Tiksi Viracocha trajo a los Andes.

Estos pequeños pasos indican el relevo para el cual me prepara el universo. Este pequeño sabio se ha mostrado cómo América Latina ante mí, sabia, cansada, desgastada y preparándose para dar sus últimos pasos, mientras yo empiezo apenas a caminar descalzo.

Las sociedades andinas han creado durante siglos un tipo de pensamiento cíclico, de dónde la muerte solo trae vida, porque la Pachamama, la tierra, en su sabiduría profunda, retoma la energía y vitalidad que ha dado a sus hijos e hijas y dando siempre con ésta un nuevo comienzo. Dónde muere el animal y la planta, crece la vida y se alimenta de ella. Un nuevo ciclo comienza y a la luz de una metáfora en carne propia ilumina el camino de todo un continente.

Inti, el sol se ha presentado como el arquetipo del conocimiento, cómo una de las muchas verdades con las que irradia las cumbres, la selva, los valles y las playas del continente.

Este es el principio, sin embargo, todo principio requiere de un precedente y éste es más mítico y atemporal, una argamasa hecha de las narraciones colectivas de millares de personas embebidas en uno, en cada uno de nosotros como meros sujetos. Cientos de miles de años de conocimientos, experiencias y logros en cada corazón. Cada uno con un entramado de historias de mestizaje, de violencia, de amor y de sabiduría ancestral de todos los continentes. Sí, porque nosotros somos hijos de la historia de un planeta, de esta semiesfera que hemos colonizado con razón, cuerpo y espíritu.

Le quiero contar al mundo un relato de nuestro continente, tan nuestro cómo ningún otro si tengo la suerte y la bendición de taita Viracocha.

Encomiendo este mito a cada montaña, cuerpo de agua, lugar sagrado y espíritu que habita nuestra tierra. A cada santo y a cada dios, porque nuestra tierra es tan basta que hay espacio para todos.

Un relato sin tiempo ni espacio

Dicen los abuelos -todos sabios- que antes hubo mucho más, que las historias por narrar aún escapan de nuestra posibilidad de conocer y recordar. No obstante, cuentan que hay un cerro en medio de la selva del cual descendieron los primeros hombres y mujeres. Dicen que este lugar es sagrado y que en él habita el espíritu de una persona, qué este es una persona en sí misma.

Aún la montaña susurra que Dios padre Sol, ha bajado en forma de jaguar y de este precioso y noble animal la luz ha sido otorgada a todos los hombres y mujeres. También cuenta que la Luna ha caído como un rayo y posándose sobre el río en forma de serpiente ha dejado a todos los hijos e hijas en las riveras para que aprovechen y disfruten de la riqueza del mundo.

Todos aún saben estas historias y las cantan y las aplauden como un símbolo de resistencia y de aprendizaje para las nuevas generaciones.

De ésta montaña también bajó un sabio o sabia, del cual nadie recuerda su sexo o su nombre. Según la historia parece que podía tomar cualquier forma, de animal, de cosa, de mujer, de hombre, de ambos a la vez. Tuvo por destino caminar el mundo para enseñar a todos los seres cómo vivir adecuadamente.

A los hombres y mujeres les dio el conocimiento de las herramientas, las primeras técnicas y la sabiduría para mejorarlas, para disfrutar junto con sus hermanos y hermanas seres vivos los frutos del suelo, la medicina y el bienestar. Todos vivieron más, todos se multiplicaron según podían sacar provecho de la tierra y todos rindieron culto a ésta para jamás tomar más de lo que se debía.

Dicen los abuelos -todos muy sabios- que ésta persona descendió de la montaña hablándole a cada animal y a cada árbol. Se sumergió en las aguas del río mezcladas con el mar cristalino y se baño para darse nombre a sí mismo. Taita Sol le dio este privilegio y le adoptó como su hijx después de este bautismo. Pronto llegó mama Luna y besó sus pies para que jamás pasara hambre o necesidad mientras caminaba la inmensa tierra. También le besó la frente e igual que taita Sol le adoptó.

Al salir del mar caminó y caminó hablando con cada ser vivo para enseñarle su propósito y así cada cosa tuvo su lugar.

Cuentan las plantas -sabias todas ellas- que mientras taita Sol les acariciaba llegó este personaje en forma de hombre con otros hombres y mujeres. El sabio les susurró y les cantó mientras a cada uno de los presentes les otorgaba bastones, maracas, conchas sonoras, cuernos y tambores. Todos bailaron y cantaron. Todos bendijeron la tierra con cada paso y sonido. El sabio murmuraba la finalidad de cada abuelito y abuelita vegetal, desde la semilla hasta la flor y enseñó a hombres y mujeres a cantar a todas ellas para que de su espíritu brotará la bondad y así se alimentaron y aprendieron la medicina quienes celebraban.

El Sol expectante de tal bendición volvió al cielo y lloró. Mama Luna le abrazó y ambos lloraron y sus quejidos crujieron como el rayo, el trueno y el relámpago. Tal alegría cayó sobre los hombres y felices cantaron y danzaron con más ahínco y las plantas reverdecieron con la bendición de los dioses. El sabio se arrodilló y se postro ante los dioses y clamó para que su alegría viajará en el cielo, de una lado a otro para bañar la tierra en felicidad. Ellos juraron que donde nació aquel sabio reirían y llorarían todos los días de ser posible y así ha sido por mucho tiempo. Así nació la lluvia.

Cuentan las rocas, de la más pequeña a la más grande -todas éstas sabias- que solo con besar el suelo y en forma de mujer la sabía les habló y un propósito le dio a cada una, cómo lugar sagrado, como talismán, cómo ofrenda y todas viajarían por deseo de Pachamama a quien las necesite y en sus lugares sagradas peticiones harían humanos y animales porque son ellas las que más vivirían y las que serían testigos del mundo y, así como las montañas, se encargaría de proteger su morada. Y así las rocas se estremecieron y Pachamama las escuchó y riendo con ellas zarandeó su cuerpo y de sus senos brotó el calor con cristales y elementos preciados para los hombres y mujeres. De vez en cuando se estremece el suelo y así nuevas rocas llegan para servir a un nuevo propósito, de la tierra nueva la más rica de las composiciones para la vida. Y así reverdecieron lo valles y cada roca guarda un secreto en sí misma.

Así caminó y caminó hablando con cada ser vivo y con cada espíritu, caminó por valles, ascendió montañas y volcanes, siguió ríos y voló por el cielo hablando con todos y todas. Dicen los abuelos que Pachamama se enamoró cuando beso a beso por toda su espina dorsal, por sus senos y sus cuencas el sabio o sabia de quién ya no recordamos el nombre hizo brotar la vida y la alegría.

Dicen las abuelas -todas ellas sabias- que después de un largo viaje este personaje desapareció y todas quebraron en llanto. Sus lágrimas le buscaron descendiendo en forma de río, llegaron al mar y hasta el último rincón quedó salado. Dicen ellas que después de siglos y siglos de buscarle supieron hacer duelo y dónde desapareció las lágrimas se enfriaron y la tierra que antes reverdecía se congeló.

Cómo nadie besaba ya a Pachamama sus senos de colmaron de nieve y de vez en vez ella también llora y de sus glaciares brota el amor que en ella se engendró.

Dicen que la última vez que le vieron a este sabio o sabia del cual su nombre ya no recordamos viajaba con ambos sexos, dicen que había aprendido todo de la vida misma y que ya no quedaba otra forma que tomar sino la forma de un ser híbrido preparadx para descansar incluso del amor por otros y otras. Así se fue y jamás volvió.

Taita Sol y mamá Luna danzan en nombre de su hijx y con su baile nacieron los días, los meses y los años. Compusieron un ritmo para la vida en nombre de su hijx adoptivx y así los hombres y mujeres supieron conmemorar en ciertos días las bondades que trajo éste ser. Así nacieron los calendarios y así los hombres y mujeres pudieron escoger a voluntad su quehacer así como su propio destino y organización.

Así nace en entendimiento humano, así como la vida misma y la historia, colmados de bendiciones todos los seres vivos. Así se origina el mundo y con él un mito sin tiempo ni espacio, así nace la inteligencia y los símbolos de nuestro mundo. Así nace la potencia en nuestras vidas y la esencia misma del mundo.

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