Cómo un mito hemos creado una imagen especial para referirnos a nuestros colonizadores españoles. Claro que ni colonia traían ni a conquistar vinieron, porque nada de coquetería tuvieron al invadir y saquear nuestra tierra.
El saqueo fue profundo, hasta los símbolos destruyeron y los moldearon a su gana. Destruyeron la forma de organizar la tierra, los lugares sagrados los pisaron sin pedir permiso, construyeron sobre ellos iglesias para calmarlas y apaciguar a los nuevos feligreses. Y desde entonces se trajeron todo junto, la parroquia, la hacienda y con estas la esclavitud de millones de almas, de todas las razas y de todos los lugares.
Ahora hemos heredado una malversación del uso de la tierra. La tierra era arrebatada a sus ocupantes; Castilla sacó corriendo a los árabes de la península Ibérica y dividió las nuevas tierras como se le dio la gana, regalando o vendiendo títulos y luego se encontró con un territorio riquísimo en recursos naturales y que podía someter y lo divide según los nodos centrales de poder que logra establecer en el nuevo continente de igual manera. Nuestra forma de entender el territorio se fragmentó debido que ciertos puntos de inflexión económicos, especialmente de ciudades, aceleraron sus procesos de intercambio según la corona española y sus súbditos y se lucraron de nuestra tierra.
Básicamente nuestros países están configurados territorialmente para ser focos que exportan materias primas y la administración del territorio, el ignorar corredores biogeográficos, ecológicos, culturales, sociales y antropológicos ha sido a causa de esa mentalidad tan despiadada, mentalidad que nosotros también heredamos y mantenemos aún ciertos patrones.
Creamos redes de comercio y a partir de nodos comerciales que sacan los productos con miras al extranjero se configura el campo y la misma frontera agrícola en torno a centros de comercio y servicios. Ciudades formadas por el flujo comercial con respecto a cierta producción de materias primas. El banano, el ganado, la minería legal e ilegal, las plantaciones de coca, la palma de cera, el cacao, el arroz, el tabaco, soya, principales entre muchos otros tipos de monocultivo o mono producción. Y las ciudades se fundan como centros de servicios médicos, centros de vivienda para los peones y trabajadores rurales, centros culturales, centros que se crean conforme a la necesidad de la población que atrae el nodo. Cómo el proceso de los Burgos en Europa.
Sin embargo, son intermediarios en un proceso de repartición de recursos hacia el exterior, las mercancías con valor agregado están regularmente en el exterior y son importadas. Esto genera una necesidad de trabajo a nivel interno de estos puntos neurálgicos, porque las actividades a las que se dedican sus habitantes están centralmente direccionadas a ofrecer comercio de todo tipo de productos de necesidades locales. Textiles, bienes de mercado de la canasta familiar, herramientas e insumos para la producción de materias primas; lugares que además concentran una oferta de servicios como bancos y agencias de crédito, bienes institucionales y acceso al gobierno, centros culturales, lugares para el intercambio de mercancía, hospedaje, talleres para repuestos de camiones y tractocamiones que son esenciales para el intercambio y la exportación de bienes por los Andes.
Éstas ciudades se han dedicado a desplazar la riqueza neta hacia el extranjero y ofrecer bienes y servicios a lxs habitantes del campo para sus necesidades básicas y a lxs trabajadores del sector de los servicios. Sin embargo, son nodos de los cuales la riqueza, o el grueso de ésta se escapa.
Aquí es donde nuestros artesanos, artistas, la industria que llamaré de escala colectiva puede ser de mucha utilidad.
Regularmente este tipo de nodos tienen un alto nivel de desempleo y subempleo; es decir, una buena parte de la población vive de “trabajitos”, “camellitos”, “chauchas”, “changas” y hay una flotación frente a la capacidad de adquisición de los locales y ésta está mediada por la cantidad de ingresos que obtiene la población de los intercambios al diario, más no por la generación de valor agregado a algún producto o materia prima.
Aunque esto es una generalización porque hay ciudades como Ibagué, Pereira, Pasto, Ambato, Cuenca y Otavalo que tienen industrias textiles y artesanales que general salidas económicas y empleos para un grueso de su propia población, así como he visto que municipios nodales como Necoclí, Turbo, Apartadó, Chigorodó, Mutatá, Dabeiba, Manizales, Armenia, Cartago, Buga, Santander de Quilichao, Ipiales, Tulcán, Ibarra, Santo Domingo, Latacunga, Puyo, Tena, Coca entre otros aún carecen de un desarrollo industrial y/o artesanal y son lugares donde se pueden movilizar plazas de trabajo. Peor aún el valor de los bienes artesanales está muy desmeritado.
Ahora, debido a que son núcleos poblacionales importantes debería incentivarse este tipo de propuestas locales por medio de la cultura y el deporte. De la mano de organizaciones de la sociedad civil. Sí, los gobiernos descentralizados de estos Municipios deberían formular propuestas que beneficien al medio ambiente, al atractivo turístico o como incentivo a las artes locales. Eventos que protejan las riveras de los ríos, playas, ecosistemas que han sido afectados por la expansión del perímetro urbano y la explotación de recursos locales.
Por ejemplo, el hecho de generar una propuesta de la mano de artesanos y artistas locales podría resultar en un festival relacionado el cuidado del medio ambiente, la protección o restauración de cierto tipo de animales en peligro o vulnerables, reivindicando la tradición textil y artesanal de nuestros pueblos originarios y ¿porqué no? ocupando espacio para problemáticas sociales en materia de violencia de género, diversidad, recolectando fondos para incentivar propuestas de vecinos y asociaciones de vecinos. Generar a partir de encuentros regionales formas de organización entre campesinos para lograr darle salida a sus productos y al mismo tiempo facilitarles su asociación.
Ésto ligado al turismo, ofreciendo a vecinos de la región, nacionales y extranjeros espacios para el intercambio, para disfrutar de la riqueza que naturalmente tienen nuestros territorios y además permitiendo crear un comercio endógeno entre nuestros países.
Algo que he observado es que los colombianos tenemos mucho que aprender de los ecuatorianos en cuanto a la promoción de espacios turísticos y a la promoción de ferias de artesanos. Pero sería de gran provecho abrir oportunidades para que artesanos de un lado y el otro de la frontera pudiesen ofrecer productos en ambos lados y participar en eventos de intercambio de conocimiento y de técnicas.
Llevar de un lado y del otro a distintos artistas de la mano de exposiciones culturales pero incentivando giras por distintas regiones de ambos países.
Tanto hablar de libre comercio por parte de los gobiernos neoliberales y tenemos aún unas fronteras que aprovechar para intercambiar. El traer un flujo transnacional cultural puede facilitar una mejor relación entre pueblos tan cercanos además de movimientos económicos de valores a ambos lados de la frontera.
En resumen, siento que nuestros ancestros tienen mucho que aportarnos. Los mercados en América Latina antes de la invasión europea se generaban porque recursos locales e incluso bienes suntuarios terminaron siendo de provecho en regiones aledañas. Esto está por ejemplo en la tradición de pueblos y naciones originarias los cuales crearon antaño sus propios circuitos económicos dependiendo de la importancia endógenas de sus comunidades de algunos productos.
Ecuador por sus dimensiones territoriales permite ver estos intercambios entre Costa, Sierra y Amazonas que ayudó a que distintas civilizaciones con mucho progreso cultural, de gobierno y control territorial se formarán. De igual forma Colombia, con unas dimensiones mayores muestra como los afluentes fueron esenciales para la vida comercial de distintos periodos de álgido intercambio así cómo habían corredores económicos según las necesidades de una región.
Ahora debemos entenderlo en el marco de un mundo globalizado. En efecto, debemos generar unos mercados internos entre nuestras naciones, pero nuestro punto de encuentro no está a la altura de competir con un mercado internacional desgarrado por la explotación y por la degradación del valor de la mano de obra.
De hecho he aquí un punto central. El objetivo no sería buscar crear mercados internacionales en un principio sino gestar un motor económico y de intercambio local que aún debe ser aprovechado. Porque aún las redes de comercio no se han pensado para favorecer a los municipios y generar iniciativas industriales locales. Qué de esto pudiéramos sacar un resultado social además que beneficie a nuestras comunas y resguardos indígenas, a las comunidades afrodescendientes y a sectores sociales que requieren salidas económicas e inclusión social como migrantes, desplazados por la violencia, víctimas del conflicto y la violencia de género pueden ser además una forma de involucrar a la misma sociedad en la resolución de problemáticas locales. Sin encargar además al Estado de la solución sino activando a la sociedad civil y concientizándola frente a estos temas.
Si hablamos en términos de descentralizar el gobierno, el Estado solo debería generar las opciones y ofrecer recursos para que la sociedad aprenda a movilizarse ella misma. También volver a la idea absurda de que Papá Estado se encargué de todo está un poco mandada a recoger y al fin y al cabo solamente nos interesa un estado que acompañe y fomente procesos sociales -no bajo una lógica del asistencialismo, sino de integralidad- para que después la sociedad pueda tomar sus propias decisiones sociales y políticas, así de paso, mandamos a recoger a la clase política.
Sí, este tipo de cosas tienen repercusiones políticas. Si permitimos que campesinos, artesanos, industrias colectivas incipientes se asocien de formas diferentes por medios de estos programas podemos buscar la forma repartir la riqueza sustentando la economía en necesidades locales y podemos generar nodos económicos complementarios. Ciertas regiones que están consolidadas a nivel cultural pueden aprovechar este entramado cultural para crear temporadas turísticas donde nacionales y extranjeros puedan viajar por una región, generando movilidades periféricas a estos nodos económicos y repartiendo el fruto de un crecimiento económico.
Ahora, el Estado debe planificar a nivel territorial, debe controlar que los derechos de los colectivos y proteger al medio ambiente para que estos sean proyectos viables. Podemos hacerlo de la mano de nuestros académicos, que hartos hay sin empleo o subempleados, además de líderes sociales, tantos que hasta los matan en mi país. Porque le son incómodos al narcotráfico o a los criminales que tenemos como políticos.
El Estado debe acompañar a los procesos colectivos para verificar que los entes de derechos se garanticen mientras se consolidan regiones más autónomas y con recursos propios para una mejoría de las condiciones de vida.
Si tuviéramos centros cómo Pereira, Ibagué, Pasto, Otavalo, Ambato, Cuenca, Puyo, Tena cómo focos industriales a partir de una industria artesanal, acompañado de una promoción de actividades culturales y relacionadas con la gobernabilidad y sensibilización sobre temas ambientales, de género, entorno a la defensa de derechos sociales podemos lograr a nivel cultural una transformación para empezar a moldear nuestros países como núcleos comerciales interesantes.
Por último, para generar un primer impacto a nivel tecnológico y científico podemos empezar a cuestionarnos el cómo construir nuestras propias herramientas para mejorar nuestras producciones, siempre de la mano de hacer sustentable la producción y la garantía de derechos de la naturaleza.
Ese es el reto de nuestros académicos más allá de las fronteras y tengo una sospecha bien grande hacia las tecnologías de patente libre para reducir costos.
Este es un tema más sencillo de lo que pareciera pero estamos perdiendo un montón de avances tecnológicos porque la tecnología de ha vuelto un privilegio. Usemos licencias abiertas, a nivel de derecho de la propiedad intelectual, exhibamos nuestros logros en estas ferias, eduquemos a los jóvenes para que aprendan que el conocimiento es libre y barato, mejor aún gratis. Si usted permite que un montón de proyectos productivos aprovechen sus invenciones usted entra en un mercado más amplio, no solo eso sino le permite innovar.
Es muy tonto que en Colombia se consigan implementos tecnológicos a un mejor precio y bien sabemos que la mayoría son importados desde otros países. Nosotros tenemos que aprender a mostrar nuestras invenciones y llevarlas a las plazas públicas a exhibirse pero a compartir conocimiento. Hay una gente descabellada que encuentra unas ideas buenísimas y tenemos miedo de hacerlo algo colectivo y de aprendizaje para los demás. Nuestras ciencias deberían estar enfocadas a crear nuestras propias herramientas, con nuestros recursos naturales y sino intercambiándolo por algo más justo que materias primas y alimentos.
Tenemos una capacidad innovativa y además una historia muy rica por detrás que nos ayudaría lograr lo que grandes civilizaciones locales hicieron en antaño y se las apañaban bien solitos, cultivaban en lugares increíbles y aprovechaban con ingenio lo que había y los hallazgos llegaban a distancias muy remotas por el mismo comercio, imaginen un mercado tecnológico propio basado y sustentado en invenciones diarias. Sin explotación cognitiva, sin costos adicionales por derechos de autor, con una diversidad tan amplia que notaremos que en algunos lugares se desarrollan ciertas herramientas enfocadas a la región, a sus recursos, a sus necesidades y prioridades.
Por demás un conocimiento menos impositivo y libre para el intercambio intercultural, porque usted ya no le impone un transgénico, un fertilizante, una herramienta de X o Y marca extranjera y es algo para pensarse. Nosotros producimos recursos suficientes para generar bienes de capital a nivel local, en esto se nota que la burguesía, los empresarios y el sistema financiero no está a nuestro favor, la ciencia y la tecnología se han demeritado y deteriorado con el tiempo. Pero necesitamos maquinaria, necesitamos bienes de capital, necesitamos creatividad para reducir los costos por derechos de autor y tecnología costosa porque es de tal o cual marca. Sino necesitamos apostarle a pequeños industriales e inversores locales, que compren sus inventos, que compren su maquinaria. Y los hay ingenieros en nuestros países.
Por último, el ordenamiento del territorio tiene que empezar a incluir a las nuevas figuras de derechos como los relacionados con la naturaleza. El hecho de incentivar a tanta gente a producir no significa que debemos hacerlo al estilo de los países exitosos en industrializarse, que se jodan, ellos pueden vivir bajos sus modelos de reformas sacrificando a lo largo de décadas a la población bajo medidas de la economía ortodoxa. Pero el ordenamiento del territorio y el desarrollo de éste tiene en sus manos el futuro de nuestro planeta, y si, debemos demostrarle al mundo que tenemos las agallas de estar juntos como hermanos, compartiendo del éxito como países con una historia en común, con todas nuestras nacionalidades, pueblos, personas y seres vivos.
Como diría el dicho: uno a veces está parado en la respuesta y no se da cuenta.

La propuesta es ambiciosa y para nada descabellada. Sin embargo, se requiere de la participación del gobierno, y como hemos visto a lo largo de los ultimos 6 periodos presidenciales en Colombia, esa opción no trae nada bueno. Por qué serán los políticos los que busquen la manera de robarse los recursos.
Sería más oportuno buscar la ayuda en la empresa privada o incluso en una fundación que gozan de privilegios que permitirian la movilización y la publicidad de dichos eventos.
Con respecto a la parte de truque de conocimiento, creo que sería grandioso de ser posible, pero se requiere de un buen moderador para crear espacios de debates, y de publicidad para atraer las personas correctas.
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Siento que si movilizarnos a los artesanos y artistas por medio de eventos culturales podemos ganar mucho estratégicamente. La idea sería mostrar y aglomerar el trabajo de colectivos sociales, asociarlos con un músculo productivo, preferiblemente negocios de industrias relacionadas a lo social y empezar a organizarnos, internacionalmente. Es una combinación, entes gubernamentales, sector privado, pero lo más importante es un acompañamiento académico para innovar. Es decir, tenemos que liberar la cultura, la ciencia y el conocimiento, unir procesos antes de lanzarnos a los cambios. Sería bueno asociar solo a productores locales y nacionales y no darle prioridad a los grandes capitales. Necesitamos una autonomía como organización, por eso hay que encadenar al campesino y el sector primario. Desarrollar un proceso industrial-artesanal y de allí iniciar con la innovación. Nuevas formas de producir.
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