El Gran Sol del Golfo de Urabá

¡Me cansé de Medellín! la ciudad absorbe muchísima energía y dinero. Es inevitable sentirse atrapado entre las montañas del valle de Aburrá; el progreso y el empuje no viene solo, todo centro se nutre de una periferia. Necesito un lugar con un alma más propia. Buscar un poco la raíz de ese pensamiento colono frente a las identidades subalternas. Conocer ese proceso económico que es latente y que fortalece el discurso de apropiación sobre el territorio por medio del despojo. Esa visión tan del español invasor, esa imagen del colono paisa en choque con las realidades locales.

Me decidí por salir de la comodidad de la ciudad de la eterna primavera para irme un poco lejos, también más al norte. Escuché de Necoclí por una amiga que paso el fin de semana allá. La verdad, como para un buen número de colombianos la costa antioqueña no es muy escuchada y cuando se sabe algo de estos lugares es debido al conflicto armado. Bien es sabido que el Urabá es territorio mayoritariamente paramilitar en la actualidad y antes de la paz fue un lugar de confrontaciones territoriales entre distintos grupos.

Por fuera de su contexto social, ya en mi vídeo de viajero, pedí hospedaje por una aplicación y me salió alguien dispuesto a recibirme del 21 al 23 de Mayo. Dejé mi mochila grande, cargué la maleta pequeña con apenas lo necesario, mi carpa, una cantimplora, ropa para tierra caliente, cositas de aseo, cámara y celular y ¡Chao!

Salí muy tarde, llegué a SantaFe de Antioquia a eso de las 6 pm. Nadie me cargó y ya más tarde echar dedo me pareció peligroso ya que uno debe atenerse hacia donde se dirigen las personas que van por la ruta. Lo último que quería era, con esta cara de gringo y con acento rolo, bajarme en algún municipio desconocido y esperar a que alguien más me levante. No sin conocer, no en esta región y la vuelta de alguna forma me confirmó que fue sabio haber cogido una flota. Me cobró $50.000 y bueno, me fui cagado del frío por el aire acondicionado todo el camino. Los últimos en bajarnos fuimos una venezolana llamada Carmen, buscando porvenir en estas playas, y yo. Ya les hablo de Carmen, ella me parece muy importante en este relato.

Con las extremidades adoloridas, la cadera ya ni sabia como ponerla y la raya del culo invisible ¡Llegamos! Un viaje de 9 horas para salir de las estribaciones de la cordillera occidental y pasar el Nudo de Paramillo. Una mañana fresca me recibe a las 6:30am en Necoclí, se me acerca un vendedor paisa de protectores impermeables para celular y documentos. Le pregunto que si uno puede ir a la playa a caminarla y me responde con toda seguridad que «¡Claro! Este pueblo es muy seguro y muy sano, a cualquier hora puede ir a la playa». Me fui con una montonera de franchutes, alemanes y gringos que se dirigían al malecón y llegué a la playa en menos de 5 minutos.

En el malecón veo más gente, otros visitantes todos esperando a pasar a las playas de Sapzurro, Capurganá, Acandí y Trigana. Henry, quien me dio hospedaje por medio de la app me recibió en la playa. Resulta que el lugar donde vive está a menos de 40 metros de la playa.

Henry se despierta para recibirme. Ese primer día él tenía planes, castrar a Machi, un gatico que recién había recogido hace unos días y comenzó a quedarse en la casa como otro huésped. Él, junto con un par de gatitas de los vecinos parecen estar propagandose sin control, sin que haya alguien que cuide formalmente de ellos en cuanto a vacunas, desparasitaciones y en este caso de sus crías en caso de reproducirse. Les llevamos donde un paisa llamado Walter, veterinario desde hace más de 7 años en Necoclí. Todo se dio con facilidad y en la tarde pasamos a recoger a los mininos.

Después de dejar a Machi para su intervención, Henry me llevó a conocer a Haimer, él es un artesano y artista local, combina la manufactura de artesanias con materiales recogidos del sin fin de troncos, semillas, frutos y raíces que llegan desde el Atrato al golfo de Urabá y plantea narrar con cada pieza la realidad de la región.

Voy a hacer una pequeña pausa. Buena parte de este relato que voy a componer para esta bitácora tiene que ver con las discusiones que tuve con artistas y artesanos de la región ya que sus proyecto artísticos buscan resaltar el contenido social del golfo y extiendo mis brazos a ellos para hablar un poco de la zona y buscar contribuir a ese relato de cada pieza que se crea en esta tierra. Así como el conjunto de artistas Necocliseños que están saliendo adelante y que gustoso estoy de contribuirles, así sea desde este simple y humilde escrito.

Un saludo para todos ellos.

Conocí como turista distintos lugares, conocí a gente, que la verdad, me alegró mucho la vida en mi estadía en el municipio. Me ha ayudado mucho a entender diferencias en los modismos y acentos que cada cual tiene en su Ciudad, Región y País. Siempre hay que hacer énfasis en el significado de palabras que uno ya interioriza. El cosmos en el que nuestras respectivas culturas viven se quiebran en este momento; los regionalismos son importantes para entender la cultura y cómo moverse en un entorno social al que uno vaya, sin embargo, dejan de ser importantes para nacionales de otros países, para ellos uno es colombiano, así como ingenuamente uno puede llegar a creer que cada país es homogéneo y no lo es, ninguno. La nación es una ficción que aglomera.

A los dos días llegaron amigos de Henry que provenían de Ecuador, un «cachaco maluco» -como yo- de Bogotá y un Quiteño, Andrés y Tomás respectivamente. Ellos le dieron mucho ánimo a mi estadia en Necoclí, porque trajeron la mayor bondad en una visita ¡la cerveza! Henry le ofreció alojamiento a otra persona que venía viajando desde Argentina. Antonia, originaria de Salta, muy parada en la raya con el feminismo y viajando kilómetros a dedo llegó también para darle ánimo a este grupo, qué buena actitud y energía la que tenés Antonia, te saludo. Ya completamos un parche grande y nos la pasamos dando vueltas por el bonito y tranquilo Necoclí. La ventaja, no es temporada alta aún, así que el pueblo está muy tranquilo.

Conocí también a Marcelo, un Uruguayo muy amable y tranquilo que vino a parar aquí también con su mochila. Él me llevo hasta uno de los volcanes de lodo de la zona, el Vírgen del Cobre y hasta una laguna cercana dónde cae un chorro de agua muy refrescante. También fuimos con Antonia unos días luego, ella se tomó algunas de las fotos más bacanas.

Unos días después llegó Esther, una francesa muy pila que está haciendo doble titulación entre una universidad de su país y una nuestra. Ella y Anto se me pegaron a ir a conocer el resguardo indígena de Caimán Nuevo. Allí hablamos un rato con Tuminel y Jorge, ambos Tule (Kuna-Tule), Jorge como profesor local de la escuela de este resguardo nos habló de su labor y nos explico algunas de las costumbres de su pueblo, nos ofrecieron una buena Chúcula -que se hace con cacao y plátano-, una conversación amena durante un rato y en la tarde, mientras anochecía nos devolvimos para Necoclí.

Tuminel y su comunidad tienen un proyecto llamado Artesanía Kuna Tule, por un lado ellos buscan conservar y custodiar el significado de las molas ya que los diseños de cada tejido tienen un sentido específico, ya sea como protección contra ciertos espíritus -que los hay por doquier en la naturaleza- así como representar a la madre tierra en sus distintas formas de nuestra fauna, en definitiva cada tejido representa el universo cultural de su pueblo. Un saludo a su proyecto quien intenté enlazar con Guillermo del museo etnográfico ya que tal vez pueden ayudarse mutuamente.

Al parecer a los viejitos misioneros de Yarumal, administradores del museo, no les interesó mucho el contacto. Cuando recorrimos las salas del museo con Tuminel, él me hizo caer en cuenta de lo poco documentado que está el museo frente a los Kuna-Tule y no pareció interesarles en lo más mínimo. Tuminel, como el museólogo más experto me mostró como las pocas piezas Tule carecen de autenticidad mientras me explicaba como algunas de estas costumbres se han dejado atrás. Es decir, es esto lo que era rico saber, de primera mano en qué podemos mejorar para mostrar con respeto a su comunidad. Fue interesante ver cómo realmente hay intereses diferentes a los de enriquecer la cultura paisa. Me dejó dudoso frente a su apuesta.

Ya después que todos se fueron pasé mis días más que todo con Marcelo quien también se despidió para continuar su viaje. También estuve mejorando los encuadres para los vídeos, grabé un vídeo de 22 minutos para después volverlo a hacer de 3:49, mientras Henry me explicaba que hacer un vídeo tan largo era tedioso, así como el encuadre en el que estaba, junto con el ojo de pescado de la cámara eran dos defectos más a corregir. Seguí sus recomendaciones y he aprendido a usar el software para editar video. Un hurra por eso. Gracias a Henry también por sus recomendaciones.

Los últimos días en Necoclí cada atardecer fue una bendición del Gran Sol. Viendo uno hacia el Chocó en el occidente, siempre con tormentas; el caribe que se abre como una infinidad de posibilidades y las playas más tranquilas, con corrientes cruzadas de agua fría y caliente, donde las aguas del río Atrato se mezclan con el mar.

Acompañé a Henry a su trabajo, en esta ocasión estaba realizando algunas tomas para una artísta local. Fue muy raro ver a Henry serio, regularmente es una persona muy alegre.

El Gran Sol

Entre los relatos de las personas que me encuentro en estas playas y la observación que las dos semanas me dan de la región y Necoclí me ayudan a construir el relato sobre Antioquia. Entiendo que es parcial, ya que no he visitado otras regiones y mis planes a futuro en el viaje no me permiten en este momento dar las mil vueltas que quisiera dar. Norte, Nordeste, Caucasia y Puerto Berrío quedan por fuera, espero volver para completar este relato.

Haber saltado de SantaFe de Antioquia hasta Necoclí me hizo perder buena parte del panorama, tanto en términos de paisaje como de la realidad social. Sin embargo, el camino de regreso hasta Medellín me permitió suplir una parte de esta ausencia.

Al llegar a Necoclí, el primer suceso fue hablar con Carmen tan pronto salimos de la nevera de bus en la que íbamos. Ella es una artista, ella canta en compañía de sus bongos, proviene de Venezuela. Supongo que tanto para colombianos como para el resto de latinoamericanos ya sabemos el influjo de migrantes de este país que están llegando. A mí no me interesa repetir aquello que ya sabemos. Carmen, al igual que migrantes africanos de distintas nacionalidades -sí, africanos-, cubanos, dominicanos y otros que provienen del caribe tienen una ruta de migración por este lado. Se apostan llegando en la noche y en la madrugada, en el malecón montan sus carpas y cambuches para seguir una dura travesía por Centroamérica. Adivinen qué, siguiendo el sueño americano… Cruzan por Turbo y Necoclí en lancha hasta llegar a las playas del Chocó y no todos pasan por migración, cruzan por el Darién. Allí se exponen a duras condiciones, de por si ésta jungla es inaccesible sin un amplio conocimiento del terrotorio y los guías cobran, tienen que toparse con grupos armados y con otras bandas. Hay trata de blancas, hay asesinatos, hay mucho dolor y riesgo en este paso y estos grupos ilegales sacan provecho, les sacan plata, los usan y si no los desaparecen. Al menos esos son las historias que escuché. Pero ya saben lo que dicen «si el río suena, es porque piedras lleva».

Carmen no piensa cruzar, está buscando porvenir en este municipio. Para mí es una muestra de los intrincados caminos que tienen los y las migrantes, unos suben otros bajan, otros vienen otros van. Se trata también del rebusque, tal vez, nosotros latinos siempre hemos sabido que es esto, pero hay personas en otros lugares del mundo que igual están buscando un mejor porvenir. Están siguiendo sueños que se rompen todos los días, pasan por penas que uno ni siquiera se imagina mientras estamos sentados frente a la tele o la pantalla de un computador. Benditos sean todos en su camino si de algo sirve. Nadie me lo dijo, pero yo intuyo que los grupos paramilitares en control de la región se deben lucrar de este negocio. Sin dudar estas rutas clandestinas tienen que ver con las rutas también del narcotráfico.

Las narraciones de los locales están silenciadas. Es un complique preguntar por grupos armados y también por estas dinámicas clandestinas. El golfo es una salida para el narcotráfico, del Atrato baja de todo y el Urabá es una región que produce plátano, ganado, palma en monocultivo y de forma extensiva. La deforestación de la selva ha sido una labor que se ha intensificado en los últimos 30 años y poco a poco la frontera agraria ha ido expandiéndose. La tala de árboles es un negocio que se mueve por el río. Al igual que otras empresas tuvieron que tomar partido y pagar sus vacunas para evitar que entraran otros grupos armados a la zona. Así hay terratenientes, multinacionales y empresas que están metidas en esto.

Esto ha llevado a un proceso constante de explotación del territorio y de su población de una forma bastante particular. Por un lado, la deforestación, también por la actividad humana los manglares se ven en riesgo y vale la pena mencionar la cantidad de mugre que baja por el afluente y llega a las playas necocliseñas y cada mañana junto con troncos de árbol, semillas y frutos llegan las botellas, bolsas de plástico, envoltorios de papas, de chocolatina, del dulcesito y un sin fin de desechos que me imagino son botados a las corrientes del Atrato y terminan llegando al mar. El territorio está ahora en contacto continuo con dinámicas sociales, centradas están en el modelo de apropiación del territorio paisa. Pele monte con colonos. Después sáquelos corriendo, arregle con un notario o haga las vueltas que toca hacer, amenace al dueño del lote para que se lo venda al precio que quiera, venda el lote a una empresa formal. Y !zas! Usted ya tiene a empresarios de bien, inversores internacionales y capacidad de usar al Estado para que fomente cierto tipos de proyectos productivos y todo se montó. Acá no pasó nada. «Acá generamos desarrollo». Y lxs antioqueños lo saben. Es sudor y sangre el precio de su pujanza.

En términos de consciencia con el medio ambiente hay todavía una percepción de vastedad sobre los recursos naturales es contradictoria con el cambio del paisaje. La fauna y la flora del golfo ha tenido un retroceso importante y hay múltiples especies que se encuentran vulnerables o en riesgo de extinción. La resistencia de los cangrejos es increíble, todavía viven en la urbe entre jardines y patios, a pesar de lo mucho que los persiguen para comérselos. No es que haya mucha conciencia al respecto y la verdad tampoco lo hay de parte de los locales ni de los turistas. Acá todos botán mucha basura a los cuerpos e gua. Necoclí tiene un gran defecto al respecto. Hay pequeños afluentes que vienen a dar al pueblo y la mayoría son caños apestosos que terminan desembocando ¿En dónde? Pues adivinen. Muchos de estos pequeños afluentes se estancan y aún no me explico como el dengue y chikunguña no son pandemia porque mosquitos hay por montón, me depredaron todo el tiempo. Hay una necesidad por construir un caño maestro o de ampliar el sistema de drenaje de aguas negras. Ahora, no sé cuál es el estado de la empresa de acueducto ya que es privada. Pero si tiene que haber una iniciativa tanto de los habitantes del municipio como del gobierno municipal, sobretodo si quieren mantener la belleza local, además de brindar opciones para generar un eco-turismo.

Sin embargo, durante mi estadía solo hubo algunos días en los que el servicio de agua llegaba al municipio y los cortes duraban días enteros. En cuanto a residuos sólidos era distinto, el servicio de aseo ofertado en el Urabá es óptimo, aún así la gente tiende a botar mucha basura en su entorno.

El monocultivo y el latifundio son los modelos de la región. No es sorpresivo. Una y otra vez hemos visto episodios en este país donde primero allanan el camino los paras, desplazan campesinos, comunidades afro e indígenas para que después por medio de negocios lícitos e ilícitos se ocupen los territorios deshabitados. El corregimiento del Totumo en Necoclí actualmente enfrenta este riesgo y sí, de paso lo denuncio públicamente antes de que se arme el mierdero. Un terrateniente «pide su tierra», pero el corregimiento lleva allí hace más de 30 años por lo menos y saben que es lo más irónico, está pidiendo restitución de tierras (No creo que el proceso de restitución le salga a su favor, pero ha ido a amenazar a los habitantes). Para la muestra un botón. Esta es la historia que repetitivamente el Urabá ha vivido. Estas son las tensiones sobre el territorio.

Así de vuelta, pasando por Turbo, Apartadó, Chigorodó y Mutatá el paisaje se llena de grandes extensiones de plátano, palma de cera y ganado, ganado y ganado.

La seguridad es una ficción, el modelo de Medellín es una réplica urbana de lo que sucede en la periferia. Claro, usted y yo ya podemos viajar a esta región y no hay lugar más seguro que Necoclí. Pero eso sí, no se meta en lo que no le incumbe. Porque se está metiendo en los negocios de «ellos». De «ellos», si los de «la vuelta», los mismos que lo pican y lo botan al río.

De vuelta me quedé en Chigorodó, me recogió un Jeep, los manes con los que iba me brindaron porro después de un retén de policía y me dejaron en medio de la nada en un puente. Creo que era la vereda o corregimiento de Porroso. Se me hizo de noche y yo solo sentía hostilidad en el ambiente. Pregunté por cuánto tiempo me quedaba de camino a Mutatá y una señora que iba hacia el sur -igual que yo- se me hizo la loca y no me respondió, las miradas de todos eran punzantes e inquisitivas. Después de estar parado una hora y la noche cayendome encima me recogieron al fin… «¿Usted qué hace por aquí a estas horas?» -continuaron- «Menos mal acá ya todo está tranquilo, si hubiera sido hace unos dos o tres años a usted lo pican y lo botan pal’ río» -no acabaron- «menos mal acá ganaron los buenos y ya todo está más calmado» ¡y esa era la cereza del pastel!

Sí, el paramilitarismo está vivito y coleando, feliz y encantado de que ya no haya otro actor armado en la región. Lucrándose en el silencio, un silencio impuesto y dando a cambio una seguridad. Pero una seguridad falsa porque depende de su silencio, depende de que usted no se meta donde no lo han llamado. Y sabe, esa es la misma sensación de Medellín pero esta es la realidad latente, esta es la verdad que se magnifica. Cómo lo veo ahora una ciudad simplemente es la micro-muestra de su periferia, aquello que sucede al rededor de nodos productivos como Medellín y Bogotá se traslada a estos puntos y entra en un proceso de mutación y adaptación a lo urbano. Vaya uno y diga Autodefensas en las calles, vaya uno y diga Autodefensas en el campo. Recibe como respuesta el silencio y una mirada intrincada porque de eso no se puede hablar.

A nivel regional Turbo es visto como un hueco, allá siempre le dicen a uno que no vaya, que igual no hay nada que ver y hasta sale uno robado. Turbo por su parte tiene un control más sentido, allá si es un vídeo que lo vean a usted sin alguien del lugar. Turbo tiene esta fama. Hay gente que está trabajando por cambiar esa percepción, pero en origen todo gira en torno a la ilegalidad y el modelo económico.  Estos municipios son prestadores de servicios y centros de comercio todavía necesitan un empujón económico, por ejemplo, para industrializar o procesar las materias primas locales. Es curioso pero estos municipios tienen mayores capacidades, sin embargo el modelito paramilitar no le interesa generar empleo, ni se preocupa por el bienestar social. Los y las jóvenes están viéndose afectadas por este tipo de violencia, es decir, esa seguridad ficticia se desmorona, simplemente hay lugares donde se permite y otros donde no, acá hay un control de todas las actividades según una utilidad. El desempleo les aseguro también es de interés y muy útil para mantener mano de obra disponible para estos grupos. La fama que hay de los Turbeños es terrible, lastimosamente, hasta los han pillado en Necoclí aprovechándose de la temporada alta para ir a robar.

Apartadó es un municipio de servicios y de paso. Es un lugar muy atípico al igual que el resto de municipios de la región, son pueblos ubicados sobre la carretera y este es el centro, así mismo son Chigorodó, Mutatá y Dabeiba. Son municipios que surgieron recientemente por el intercambio de bienes en la región. De Chigorodó hacia el sur entre cada pueblo se nota hasta donde llega la frontera agraria con mucha claridad y aún hay mucho «monte» para pelar y la colonización se sigue viviendo acá y este es el paisa de frontera.

Cada árbol que baja por el Atrato tiene una historia, cada forma en la geografía de este lugar, que de por sí es bastante grande, tiene un relato que contar. Y no solamente estoy hablando de la intrincada historia reciente sino desde atrás en el tiempo, desde nuestros pueblos originarios.

Éstos ultimos han lidiado con el conflicto por medio del diálogo, no es gratuito que el lema de la Organización Indígena de Antioquia sea «Ante el fusil la palabra» y se la han jugado toda para mantener su territorio y sus tradiciones. Así uno ve que han enfrentado los resguardos Emberá, Kuna-Tule al conflicto armado para mantener alguna autonomía territorial y sus territorios protegidos.

¿Cuál es el Gran Sol? En este golfo hay realidades durísimas que convergen. Acá pude ver al paisa azotado por el conflicto, la respuesta a esa miradera constante, a la necesidad de sentirse seguros pero con miedo y la capacidad de colonización de la región a partir de estos mecanismos tan violentos.

Está muy interiorizada en el inconsciente colectivo la idea de que alguien que venga de otro lado puede ser peligroso, por eso el parroquialismo y el regionalismo son tan fuertes. El paisa es muy de la lógica es mejor tenerle miedo a uno que a varios y a pesar de que les toque pagar vacunas -¡ah si! Creo que hasta el momento no lo había mencionado, pero en Medellín le cobran vacunas hasta a los buses, al comercio y los puestos de la calle- prefieren tener al de «la vuelta» encima y antes se sienten todavía orgullosos de decir que todo es muy seguro. Pero eso sí, no pague, métase con el que no es y un «tiro y pal’ río».

Lxs paisas de frontera -porque en Necoclí convergen la cultura costeña de Córdoba, afrocolombianxs del Chocó y de la costa y el antioqueño- son típicamente comerciante, o al menos tiene un negocio. Es colono en su mayoría, monta su negocito o tiene su tierrita. Pero no creo que aporten en términos culturales a la región ¿Cuál es la cultura del paisa? ¿El reggaeton? ¿El parroquialismo donde Antioquia es lo mejor del mundo? ¿Nacional o el Medellín? ¿La cultura de la silicona? No solo por los senos y las colas. La cultura paisa es mediocre y su espíritu es ajeno. En la frontera aún se resiste a la imposición de los patrones culturales antioqueños.

El Gran Sol de Antioquia se ha vuelto un ojo en el cielo. Un ojo que juzga lo que está bien y está mal, como el «mal bicho» de Los Cadillacs. El Dios de la tierra de los Tule ha sido reemplazado por el dios que todo lo ve y que todo lo juzga. El ojo de fuego recae sobre cientos de miles de personas de distintas costumbres y bagaje cultural para domeñarlas a bala. Sí, a bala. Porque el antioqueño se acostumbró a que es más normal encontrar un cadáver en un río o en las calles de Medellín y a punta de miedo les han hecho aceptar una verdad que no es suya…

Sí, es el pensamiento del colono. Así como el español llegó a convertir a los Tule y ellos prefirieron arder a aceptar una falsa verdad del invasor cuando los conocieron en las costas colombianas y panameñas. El paisa tiene de igual forma un espíritu ajeno a sí mismo. Sirve a propósito siempre superiores y se ha acostumbrado a hacerlo incluso por la fuerza.

El dios ojo que ha sido impuesto no puede ser combatido por el fuego y por medio de un alzamiento, su ágil mirar puede volvernos polvo. Sin embargo, encontré que aún palpita el corazón del Gran Sol. En su cultura, en sus artesanos y artistas, en sus pueblos originarios y en las comunidades que mantienen sus costumbres. Se puede combatir al dios rencauchado con arte y cultura. Haciéndolo ver un espectáculo, invocando al verdadero sol en él y destruyendo los ídolos falsos de la plasticidad colona. Sí los paras acaban con el tejido social debemos reconstruirlo, si nos han enseñado que hay que aceptar nuestro lugar como sirvientes de un dios despiadado, nos levantamos. Este es un país hasta fracturado que vive sus dictaduras a nivel regional, la contracultura debe alimentar el espíritu del pueblo y ayudarle a imaginar otras realidades posibles. Hay que comenzar a nutrir esa cultura paisa tan superficial y la convertimos en un ícono de la diversidad y la conservación del medio ambiente y la cultura. Así emerge el Gran Sol, cuando volvemos a entender que nuestra madre tierra y las personitas que las habitamos podríamos hacer mejores estilos de vida de la mano de nuestro entorno lleno de riquezas y biodiversidad, lleno de cantos y de Bullerengue, llenos de intercambios culturales con nuestros pueblos originarios y de ese intercambio fortalecer una cultura más centrada de nuevo en lo original, en el sentido de la mezcla, del mestizaje, se produce una infinita riqueza de estilos y conocimientos por medio del intercambio.

Necoclí brilla el Gran Sol porque podría emerger un gran potencial en términos de turismo responsable, una posible tarea para iniciar un proceso intercultural a nivel de el arte, la ciencia -los botánicos locales tienen conocimientos de parteria ancestrales, así como tratamientos efectivos para otras enfermedades, por ejemplo- y tal vez no hemos apuntado a algo que es obvio, aprender de los relatos de nuestra propia riqueza social: la cultura. Dar un buen espectáculo al dios observador puede que lo logre derrotar, hay que cambiar la perspectiva del antioqueño para lograr hacerle ver su grandeza verdadera. El Gran Sol debe estar de vuelta en su trono y debemos devolverle su lugar entre nuestros verdaderos dioses. La cultura es esencial para mover los engranajes más pesados de la historia. Y un departamento como Antioquia, o lo que he visto de él, necesita un resurgir de su espíritu y ojalá que sean de los más antiguos de nuestro legado colectivo. Ojalá sean las tradiciones afro y la riqueza de nuestros pueblos originarios. Ojalá aprendamos a ser de nuevo originales. Ojalá nuestros artistas y artesanos sigan los pasos de los necocliseños, quienes están buscando generar una oferta cultural nueva y variada, retomando lo local y de forma directa ayudan a las juventudes a alejarse de la influencia del narcotráfico y el paramilitarismo asociado a éste. Hay alternativas para nuestrxs jóvenes y para nuestras raíces afro y de pueblos originarios.

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