Las personas me llamarán un perro o un inocente porque así es que se nombran las cosas que voy a contar. Hasta el momento he disfrutado del amor, el desamor y las distintas intensidades de mis relaciones entre lo uno y lo otro. Aunque si he sufrido las penas y los reveses más dolorosos, tengo que reconocer que las experiencias de vida que me he llevado de mis amantes han sido de gran relevancia. Doy gracias a la vida por permitirme conocerlas.
Durante los últimos años la vida me ha permitido conocer lo que es ser engañado varias veces. Sentir desespero y pasar por la pena de sentirse alguien pequeño ante la magnitud del evento que se adviene, ante la desilusión. Claro que es sensato ese dolor tan profundo. Sé que se siente en el pecho cuando desafian al amor. Lo he visto, he sabido de sus jugarretas y de cómo se ocultaban y me ocultaban la verdad. Jamás diré que no me amaron, por respeto a mí mismo. También me merezco reconocerme que algo en mí tuvo que ser dicha de ellas, sino ¿Para qué estar conmigo? Respeto que faltó en aquel entonces para valorar lo que yo mismo tenía y aceptarlas como eran con un amor aún más grande o dejarlas ir. Entendí en su momento el peso que cargaban por sus mentiras. Laceraban sus tobillos a través del tiempo con sus propios grilletes mientras que, en sus gargantas, esperando a ser expulsada en forma de verdad, se hallaba la llave de su libertad.
Cada afrenta en contra mía fue el golpe macizo de un martillo contra mi autoestima y así se repitió durante años. Quien me haya querido hacer daño legítimamente espero Dios le retorne todo el dolor de mis días más oscuros. Al resto si lo hicieron por amor, está bien. A estas alturas ya no puedo tolerar las cosas que dejé pasar por alto y cualquier afrenta contra mí y contra mi amor, ahora es personal y hasta político.
Durante los últimos años de vida he podido ser el amante. Mozo tranquilo y pícaro a mi manera. Poseído por el espíritu de Hades, natural de un escorpio, soy disruptivo y un seductor que explotará las vetas más ricas para extraer tesoros divinos. Tensión. He estado allí para revolcar y encender los corazones de mujeres ajenas porque ellas lo han querido. Porque con el paso de este lobo místico florecen los lotos. Porque el misterio y la buena palabra llaman y cautivan. Me gusta la prosa, me gusta que sus corazones se agiten por solo sentirme pasar cerca. Cómo cuando el lobo caza liebres. Me deleito con romper las reglas. No lamento nada de lo que he hecho en tanto que no lo hice por hacerle daño a nadie. Jamás quise quitarle su puesto a nadie, tampoco hice promesas que no fueran reales.
De estas mujeres una muy adorada siempre será el Sol. Sí el Sol. Una mujer de carácter fuerte, brillante y una inteligencia emocional muy desarrollada. Por cosas de la vida encontré a un alma gemela, por un instante casi que mi media mitad, pero inalcanzable y agradezco a Dios por permitirme encontrármela en distintas vidas y ciclos de la existencia. El amor más intenso y mágico que jamás haya sentido. Una promesa de un rey y una reina como eco en la distancia, como reminiscencias de otros tiempos el voto de fe se hizo: “Te ayudaré y te amaré como tenga que amarte. No importa cual sea la condición y el contexto te amaré tanto como pueda amarte, con todas mis fuerzas. Te entregaré siempre todas las versiones de mí y recordaré quien soy para mostrarte quienes somos, quienes fuimos y quienes seremos. Compañeros de este viaje a través del tiempo y del cosmos.”
Amar a alguien y entender cuando debemos decir adiós. Amar a alguien y entender que ese amor es lo que debe ser, imperfecto, es como es, porque así debe ser, algo duele en el ego y algo se aprende, algo hermoso florece de esa futilidad. Algo nace a la vez. Amar a nuestros seres queridos, familiares y allegados o arder en amor locamente en compañía de alguien. Es el amor por el ciclo vital, ouroboros, todo nace y todo muere. Algo comprendemos de este caleidoscopio que es la vida, allí afuera hay más que millones de experiencias viviendo distintas realidades ¿Cuántas formas de amor hay allí afuera? Hay formas tan diversas e infinitas que es imposible saber cuando algún ser logre la iluminación frente a dicho tema. Tendría otro Buda que despertar para que tantas experiencias, sentires y afectos puedan ser descritos o aprehendidos.
Durante los últimos años de vida he podido ser la peor pareja. Porque no sé poner límites y no supe que es lo que quería. No me detuve a pensar. No me impuse jugando el rol masculino y castrador que la sociedad nos dio. Porque en el hogar mi rol es el de una madre protectora, bailo y seduzco, complazco y excedo en empatía. Soy turbio y emocional. Confuso y alquitranado. Porque mis palabras le hieren a todo el mundo, cuando estoy triste, cuando estoy perdido y cuando estoy agotado. Cuando yo decaigo mi propio peso y mi propia carga halan y desgarran a las personas con las que estoy. Soy inconsolable y algunas veces no hay razón que cambie mi sentir. El tormento de vivir con alguien que siente mucho.
Durante los últimos años de vida he podido ser un buen cónyuge. En la vida marital o varias experiencias de unión libre, he sido un concubino que disfruta del buen comer, del buen sexo y el buen arte. Soy un compañero que aporta seguridad y tranquilidad. Soy el remanso y el refugio. Soy quien se esmera en hacer cosas especiales y crea cosas bellas como transmutando el amor en esos finos detalles, palabras y alientos. He sido leal y jamás he dejado en silencio cuando he faltado a mis votos. No puedo decir que no he sido infiel, porque también me lo he permitido. A este punto no me caben dudas que todas me han querido legítimamente, porque reconozco en mí todo el poder que tengo y como yo aporto desde el corazón para con ustedes. Tengo claro el tipo de impronta que dejo en la vida de los demás. Estoy seguro que he amado para merecer su amor. Al lado mío la vida se hace gozo.
A día de hoy necesito recomponer todas esas versiones de mí. Debo integrarlo todo, siento una necesidad por romper con esos viejos esquemas y moldear a partir de lo aprendido. Soy como un bardo viajero, un ilustre caballero y un rey nómada. Soy como un ser mítico que viaja de pueblo en pueblo seduciendo mujeres, embriagando a los hombres, sanando a los niños y creando arte para el espíritu. Soy un alma que vaga con riqueza y abundancia. Paladín de la verdad y la justicia. El sabio ermitaño.
Busco algo profundo y rechazo la banalidad. No se trata del consumo pornográfico del otro. No es una obsesión o un fetiche que obscurezca la realidad del amor. Es la verdad que yace en el corazón. Si alguien legítimamente me ama tendrá la muestra más espontanea de ese amor, le respetaré y le seré leal. No puedo mentir si pretendo amar plenamente. Tengo que ser una versión consistente de mí ante todos por igual.
Debo demostrar pues ser la calidad de acompañante a la que me estoy comprometiendo a ser. Debo dar su lugar a cada detalle y comodidad para de verdad ser la mejor versión de mi mismo. Primeros cimientos para construir mi reino a partir de mi palacio y mi templo. Debo entregar totalmente mis fuerzas al amor para demostrar que puedo amar de la forma en la que me lo permiten los dioses.
Prometo acompañar con el mayor júbilo todos y cada uno de los días. Hacer enérgico ejercicio de todos mis esfuerzos, usar mi cognición para lograr que la vida de quien me acompañe se encuentre tranquila y certera de mi amor. Es el deber y el nivel de compromiso que exige el tipo de amor que siento. Soy quien para proveer y dar a basto de todo el sustento para que de mi amor surja su amor.
En el centro de mi reino quien tome mi mano no será menos que una diosa. Rendiré culto a su belleza, a sus cariños y seré leal a su servicio. En el centro de mi reino se encuentra un complejo de jardínes de flores, el templo, el palacio, monumentos que recuerdan las victoria y la gloria. Suenan melodías que bendicen la comunión en el núcleo fuerte. En ese centro yo soy concubino, jardinero, mayordomo, sacerdote y rey. Soy oficiante y activo guardián. Yo soy quien con cuidado y devoción se entrega a cuidar.
Mis hechos tendrán que dar fe de ello. Las amo y las amaré. Gracias por la fortuna que nos ha permitido Dios y cruzarnos en estos caminos. Seré tan leal y noble a estos votos como pueda y con la mayor de las fuerzas.
