Amar es un arte. En mis años universitarios tuve la oportunidad de tener una educación muy completa. Eso fue gracias al aprendizaje colectivo que se dio con mis compañeros, todos de distintas carreras, lugares y sentires. Todos habitando ese gran hogar que es la Nacional.
Por elección propia y a manera de examinar con rigor y ojo crítico decidí lanzarme de cabeza entre libros e ideas. Vengo de abajo y nunca podré olvidar mis orígenes. Puedo ser un extraño y un extranjero porque no calzo en ningún lugar, pero siento una deuda especial con las personas que pasan y han tenido que pasar por las mismas, o incluso peores, penas que he pasado yo. Por el más humano acto de compasión siempre voy a escoger el amor, la solidaridad, el respeto por la vida y tengo un profundo respeto a la lucha diaria de miles de millones de personas que son oprimidas.
En esos buenos años recuerdo que empecé a fritarme y a perder la cabeza entre todo esos textos y clases. Inscribí clases de psicoanálisis mientras leía psicoanalistas marxistas y sus teorías sobre la cultura y bla bla bla. El amor es un arte dice uno de estos personajes. Y pues sí, el amor es una disposición hacia la otra persona. Es como uno dispone de todo su ser para el crecimiento propio y entregar luego activamente, en un ejercicio constante y con una cadencia. El amor no es una emoción que lo embarga a uno y le hace sentir mariposas en el estómago sino es actos concretos, es la inversión de esfuerzo en el progreso y el porvenir. Aprendí pues que el amor se recibe cuando se ha entregado y que no se trata de una necesidad de abastecer sino de trabajo juntos.
Quiero hacer uso de la metáfora de la siguiente manera: Disfrutando de esa soledad en una habitación austera y feliz de poder estar pensando y meditando sobre la vida y la existencia. En ese momento pleno se cae uno de los muros de la habitación y detrás de él aparece un jardín. En aquel lugar todo es abundante, reverdece pleno. En aquel momento dos extraños empiezan a conocerse, de repente lo que era una habitación fría y gris se ha convertido un estanque lleno de vida. El conocerse, el asombrarse por otra alma y su singularidad hace que el escenario cambie y se torne hermoso.
Así, pues, el encuentro no es de un individuo y su relación con el objeto del amor. Sino la sujeción mutua en el acto de descubrirse y de dar todo de sí mismo para con la otra persona. El compromiso y el acto seguido de dedicación y cuidado.
Creo que olvidé la lección y he descuidado lo que puedo entregar. Supongo que las heridas del pasado me han ido cerrando conforme pasa el tiempo, pero de nuevo es tiempo de cauterizar y cerrarlo todo. Es momento de enfocarme en mis prioridades. Mi jardín debe estar reluciente, mi devoción debe ser plena y mi entrega total. Quien venga a mi regazo debe esperar caricias y plenitud. Aliento y buenas palabras. Escucha y consejo. Sinceridad y transparencia.
Un jardín requiere cuidado y dedicación. Si yo quiero que la vida sea buena y próspera debo cuidar que todo prospere y funcione. En mi encontrarán al guerrero que dejo su espada, al mayordomo de sus placeres y tranquilidad. Un semental fuerte y vigoroso. Mi masculinidad erguida, columna decorada con triunfos que sostiene mi entrega total. Mi tacto y mi gusto legado de mi empatía y entendimiento, recursos que me ha legado la dama del agua. Profundidad y trascendentalidad.
Hoy estoy abierto a entregar al jardín su jardinero. Sabio botánico y experto cuidador. Sabedor del tiempo y la paciencia. Conocedor del arte, en estas letras mi empeño me embarga y me define. Yo me cuidaré para estar limpio y en plena entrega. Puro y desnudo, más allá de un bosque frondoso donde abundan los lirios y los lotos, justo en un llano expuesto de amarillo, lleno de girasoles y donde abundan las margaritas y los pensamientos. Puro y sacro me entrego al trabajo, bajo el sol de medio día. Mi pelaje de lobo abrigará las noches entre caricias y cariños, entre risas y poesía. Encomendado estoy a dar lo mejor de mí.
