Les voy a contar una historia bien extraña. Ésta es la historia de mi vida. Y en parte es cierta, pero en parte se está escribiendo. No sé si hayan escuchado del talento de los escritores para entrar en trance, pues sí, para escribir hay que lanzarse y enfrentarse al vacío del blanco.
Acto seguido el mundo recobra su latir, la sangre fluye, cómo lo hace la respiración y el compás de los dedos, la pluma se estremece y sutilmente se desliza para grabar la producción de un delirio en el papel o en la roca. Depende de la fuerza que se le dé a las palabras.
Lo único que sé de mis antepasados lo sé por las pocas veces que mi papá y mi mamá me han hablado de ellos. En mi caso en especial, la historia de la línea paterna siempre ha estado rodeada de preguntas; de los demás, que siempre me han visto como extranjero y mías, porqué aún me preguntó ¿Por qué carajos mi bisabuelo decidió venir específicamente a Colombia a refugiarse después de la Segunda Guerra Mundial?
La historia de mi herencia ha sido un enigma completo y más aún cuando a fuerza de la experiencias que he vivido me han llevado a experimentar mi linaje en distintos niveles, desde el mero físico -es decir, la genética-, la mente -gracias a la historia que he vivido, he descubierto que mi familia siempre ha tenido personas tal vez no memorables para el mundo y la historia escrita pero excepcionales por sus talentos e importantes para personas puntuales- y por último, en términos espirituales también tenemos un linaje bastante ancestral de guardianes y protectores; la visión espiritual nuestra se asemeja a la de Vikingos, sí, tal cual. Viajeros, guerreros, con vocación a volcar la historia y generar grandes cambios.
No estoy hablando en vano. Mi vida ha tenido grandes transformaciones desde el momento en el que empecé a escuchar a mi corazón y a esas voces que corren por las venas; eso sí, con ayuda de muchas personas que con mucho cariño y afecto me han guiado, cumpliendo con su deber espiritual y con lazos ancestrales de promesas, promesas que con mucho amor y gratitud se han hecho en el pasado.
Mi padre siempre me ha contado como mi bisabuelo y su esposa exigían repetidamente que el linaje debía ser bien escogido, y sí, bajo principios algo racistas… así como el racismo ha encarnado en las familias de alta alcurnia latinoamericanas, pues bueno, un alemán que llegó a Barranquilla en los años cuarenta no podía estar exento de prácticas retrógradas, además traídas de una sociedad que se dejó lavar la cabeza por científicos, la propaganda y el fanatismo encarnado en el nacionalsocialismo. Sin embargo, sé que tenía una afición por las ciencias humanas así como una curiosidad intensa por la otredad. Entre las cosas que cuenta mi papá sabía hablar más de cinco idiomas, hablando ruso perfectamente y el español logró dominarlo al punto en que hablaba como costeño.
De aquí para adelante la historia se enturbia un poco. Mi abuelo vivió en Barranquilla, la separación con mi abuela hizo que una gran parte del relato desapareciera. Él murió en los años 80 al parecer. La tradición oral de la familia por el lado patrilineal se ha perdido. Un aura de enigma siempre ha estado detrás de este lado de la familia, convulso y latente además. Cómo un misterio que siempre he tenido que resolver.
Más bien como una tarea pendiente por parte de este lado espiritual que ayuda a entender de dónde venimos y para donde vamos.
Las historias familiares han parecido alejarse ya con el tiempo y he encontrado verdades que me han destruido y restituido conforme voy aprendiendo paso a paso cómo reencontrarme con el legado perdido de mis ancestros.
Mi madre fue criada en una familia del Tolima, en la vereda de Chenche asoleado. Chenche es un vocablo Pijao del cuál aún no encuentro la raíz ni su sentido. Mi familia matrilinear es del sur de Colombia. Un linaje de mujeres bastante fuertes y aguerridas con hombres bravos pero débiles del corazón. Literal mi abuelo murió del corazón. Mi herencia materna es mucho más mestiza y grande, han podido conservar la historia debido a la herencia de las mujeres y aún persiste por medio de ellas por más disputas que una familia grande acarree.
Mi historia es simple y está reducida. Pero tenemos una infinidad de historias así entre nuestras familias. Todos y todas vinimos a dar a este continente con un propósito. No importa la forma de inmigrar, todos hemos llegado hasta este lugar. Entre marañas de historias de siglos y siglos de generaciones que nos trajeron hasta acá. Ahora nos sentimos de acá y vivimos siempre la aguda realidad de no ser ni de un lado ni del otro.
Muy curiosamente mi vida ha venido transformándose desde que el sol está en su cénit. Perpendicular a mi vida. He empezado a descubrir en mi una voluntad nueva y totalmente zafada de lo que fuese mi realidad anterior.
He dejado de sufrir de ese vacío en el estómago y de repente la vida se me presenta llana y abierta. Me he descubierto con el yo en silencio. El yo que en su serenidad proyecta la fuerza que aquellos que están a mi lado y a mis espaldas, pero esta fuerza no nace del yo de grandes logros y hazañas, sino del yo del aprendizaje.
Mis ancestros han venido a sacudirme y a mostrarme que en vez de aceptar que una parte mía o la otra debía primar, ambas son complementarias y jamás deberían estar en oposición.
Ahora sé que mi bisabuelo no era un militar iletrado, que además era una persona con una fuerza espiritual tremenda y con capacidades para curar. Sé que suena raro, pero los talentos de mi bisabuelo equivaldría al concepto de chamán o guerrero-chamán. Obviamente trayendo consigo su historia, su crianza y sus costumbres.
No se trata de algo paranormal o una situación por fuera de la realidad. Simplemente hay gente que tiene su toque. A mí forma de verlos gente que percibe su realidad de una forma bastante interesante.
Esto tengo en común entre ambos continentes. Por más que el cristianismo quiso pasar por encima se logró preservar parte del legado de pueblos de múltiples creencias, por más que se homologaron dioses y diosas con santos y vírgenes locales, por más que se quemaron brujos y brujas mis ancestros conservaban ciertas tradiciones, a pesar del cambio en los símbolos, a pesar de que estos conocimientos fueran negados subsistieron.
Los ha roto ha historia conmigo y me propongo a recomponerlo todo. A unificar aquello que se rompió. Mi legado como mestizo tiene que ser reivindicado para dejarnos de pensar cómo blancos occidentales. Somos de todos los colores y hechos de cientos de historias. La tierra nueva nos abraza porque Pachamama nunca nos ha negado la comida, el refugio ni la vida.
Y aquí el giro en mi vida, he vuelto a encontrarme con lo esencial y es que esta tierra nos bendice. El caminar este continente como lo estoy haciendo me hace tener un gran orgullo de mis personas, porque siempre hemos sido ofendidos y sabemos que lo correcto llega algún día. Esta creencia se la arrebataron al indio para someterlo, pero el indio fue sabio, el cambio llega y hay que reivindicar esta sabiduría ancestral para arremeter de vuelta, hay que hacer estremecer a zambos y mulatos, a negros y blancos.
Nosotros somos la raza cósmica, hechos de todos lados con la riqueza de todos lados. De nuestra tierra come el mundo y nos hemos quitado el pan de la boca bajo el engaño de un niño rubio y engreído. Hemos aprendido. Ya suficiente hemos aprendido de que pensar cómo occidente solamente sirve para occidente. Ya suficiente tenemos con demostrarnos que siempre somos la excepción, y sí, es por culpa de nosotros, porque siempre nos vemos cómo indios, negros o blancos. Pero jamás como personas, ya nunca más como hijos e hijas de la misma tierra y bravos que hemos sido en el pasado para que nos vengan a someter.
Éstas son las raíces bajo nuestros pies. Aquí bajo nosotros yace una tierra abonada y rica en recursos que no hemos entendido cómo utilizar porque escuchamos nuestra voz colona, una cultura muy rica que hemos descartado como formas vivas de conocimiento y saberes, todo oculto bajo las faldas del terror de los gobiernos y la élites pero jamás bañados en la grandeza del Taita Sol.
Nos hace falta ver al Sol directamente para que la luz vuelva a nuestro continente sin importar de dónde viene o para dónde va. Nuestra América descrita y pensada desde nosotros.
Hay mitos y leyendas en nuestra tierra de los cuales debemos aprender. Hay filósofos y pensadores que recuperar sobretodo en estos momentos cuando nuestro mundo nos pide cambiar de mentalidad.
