Semidioses de nada – La otra cara de Medellín y Antioquia

Tenía pendiente conocer el Sur de la ciudad, la parte turística y conocer municipios aledaños como Envigado.

Comencé por ir al Poblado. La verdad no encontré una diferencia con Bogotá. Me disculpo por seguir haciendo parangón entre un lugar y el otro, no es provincialismo ni nada por el estilo. Me encontré visitando toda la zona con que pretende emular espacios de la capital, el poblado es una combinación entre Chicó, incluyendo la 85 o zona rosa y Cedritos en cuanto el tipo de vivienda que hay en el lugar.

El parque Lleras, así como en general el poblado con troncal la Avenida de Oriente atrae a la mente recuerdos de Bogotá, tanto por los locales, las dimensiones de estos con apariencia de boutique de cristales y mostradores grandes, hoteles de lujo, entidades financieras y edificios de éstas. En últimas es el logro de los grandes capitales de constructoras y arquitectos, pero no logro ver algo auténtico en el panorama, el parangón no es gratuito, son hora ciudades prefabricadas. Simplemente se emulan estilos y los negocios son cadenas de marcas (que por demás todas dueñas de maquilas en algún lugar del mundo), Carullas que casi no hay en el resto de la ciudad aparecen con mayor frecuencia, igual que en en barrios como Cedritos y todo el corredor de la Séptima en la ciudad de la furia. 

Caminé y caminé hasta llegar a Envigado, un municipio absorbido que aun conserva dinámicas de pueblo; como irse a reunir a la plaza central pero que en su mayoría el paisaje urbano tiene conjuntos residenciales y viviendas de alto estrato 4 y 5 con fácil acceso a vías de tránsito para automóvil, muy seguros con cuadras planificadas, centros comerciales ubicados centralmente. Similes son municipios aledaños a la capital como Chía y Cota (Aunque más municipios del Norte tienden a ir hacia esta misma dirección en Cundinamarca, ejemplos son Zipaquirá y Sopó), que con el tiempo se han convertido en lugares donde la vivienda de personas de la clase media, media-alta  (y no me refiero a la clase media del DANE, me refiero a personas de renta media, con capacidad de endeudamiento y acceso a bienes que están por encima de los $250.000.000, que sus ingresos mensuales les permite mantener esta clase de costos) se han desplazado para tener lugares más tranquilos donde vivir y donde antes la propiedad era más económica y conforme han migrado ha subido a precios muy elevados. Así es Envigado.

Tengo que admitir que el visitar estas famosas zonas del valle de Aburrá me ha dejado con algo de desaliento porque esperaba encontrar algo más que una réplica del paisaje Bogotano, el lado Pupi de la ciudad carece de espíritu, ya no tiene nada de especial, en el resto de Antioquia los ven como los citadinos, no es necesario referirse a Bogotá en lo local, Medellín ya concentra todas las características de una capital. Esperaba encontrarme con algo muy paisa, ya que se presume tanto de este lugar, pero es reflejo de lo plástica que se ha vuelto, prefabricada como el reggaeton, arreglada para que todos se vean bien y una élite que está bien asentada, por fuera de su capital, porque acá no se está quedando la riqueza tampoco, estas personas viven en otros países.

Los gustos ya no tiene un trasegar cultural tan pesado, para mi, en lo que observo las dichosas personas «pujantes» de Medellín y Envigado es que se han mimetizado con el rolo, han desplazado elementos identitarios para generar un estilo de vida cómodo, con lujos como la ropa de marca, se reemplaza la plaza de mercado por supermercados de cadenas, ve uno gusticos de gomelo -yo crecí en alguna categoría de clase media rola- se pasa del queso doblecrema vendido por libra, media libra, cuarto de libra, o «deme 2000 de queso» a queso Sábana y por qué no queso Brie con una baguette y un vinito, porque eso es lo chimba de Carulla, que es caro pero todo es importado o hecho por los mejores de los mejores con el más fino y la mejor calidad. Me disculpo, me dió hambre y me desquite un poco con el sur. No hay habitantes de calle, supongo que los conjuntos residenciales también tienen esa ventaja, lo aíslan a uno de la realidad, realidad a 5 estaciones del metro, se baja uno en el centro y se estrella uno con la vida real. El poblado y Envigado son una acrópolis, una maqueta de plástico con una élite intermedia, porque los duros puede que sean de acá y de familias de acá pero uno no los ve.

Me recuerda todo al dilema de Buda, toda su infancia le fue negada la verdad de la muerte; no vio a un pobre, a un enfermo o a un anciano para que supuestamente no se convirtiera en un sabio vagabundo. Pues es inevitable, así construyan ciudades prefabricadas con sus muros sociales donde en serio hay fronteras invisibles. Buda se ilumina cuando tiene que enfrentar todo esto que le fue negado y no pudo evitar dejar los muros de su palacio y echar a andar, descalzo y pidiendo techo y alimento. Pero Buda no es la única forma de iluminación, es un camino y a cada cual le toca uno distinto, sea cual sea, el hecho está en afrontar esa realidad, reconocerla y humanizarse con ella, porque algo debemos estar haciendo mal para que nuestras acciones colectivas nos lleven a ese grado de resentimiento social y a que haya un modelito global para diseñar estas ciudades con tan elevados grados de segregación.

Quiero hablar un poco más de esta superficialidad. No aparece de la nada ni es gratuita, tiene un trasegar social. Acá las personas se acostumbraron a presionarse por un estereotipo de belleza, se han moldeado según patrones enraizados en la cultura traqueta, las mujeres se agreden constantemente y compiten por imitar el imaginario de la mujer paisa. No es gratuito que esta sea la ciudad del turismo de la silicona y las intervenciones estéticas. Se ha amoldado todo a una lógica en el que el dinero prima, varias veces los mismos paisas y gente que ya vive aquí por sus estudios o porque se ha tenido que hacer su vida en la ciudad me comenta que salir con una mujer acá equivale, en la mente de un hombre a «gastar $50.000 por día en la primera, segunda y tercer cita», «recoger a la chica y llevarla de vuelta a casa», «gastarle todo», entre muchos más comentarios de la misma calidad. Y sí, resulta que a mis ojos el paisa no tiene parla, no tiene labia, no sabe hablar y convencer, no es interesante ni procura hacerse interesante. El estereotipo del tipo paisa es un tipo que está apegado a la familia, se preocupa por la pinta, tiene cortes de cabello y barba arreglados (hasta las neas) y se preocupa mucho por demostrar ser capaz de dar a su familia y a la persona con la que sale. Pero es un patrón replicado en todxs, transferido por la familia en la crianza.

Es una sociedad bastante agresiva con las mujeres y cerrada a cambiar aun en aspectos como la violencia en los comentarios, en el piropo marrano y en la mirada peye sobre el cuerpo de las mujeres. Pero si va con un tipo, nadie le dice nada ni mira a la chica, o la mira con disimulo. En el metro hay chicas que se molestan porque hay un mansito mirándolas durante un buen rato, prefieren bajarse en cualquier estación y esperar al siguiente metro en vez de tener que ver al man obsesionado con mirar, mirar y mirar.

Frente a Alcaldía de Medellín

La homosexuaidad es taboo, pero no hay sociedad más homosexual en el fondo. Los manes se la pasan fijándose en el aspecto de otros manes y se critican; comentario casual para romper el hielo: «Maluma está muy gordo, no?». Se mofan y ridiculizan la homosexualidad pero encriptan códigos para normalizar temas muy comunes. En cualquier otro contexto ese comentario seria para burla. A mi en lo personal no preocupa, ni Maluma, ni su peso, ni que me lo pregunten; me preocupa es que se juega doble con el discurso, por ejemplo, cuando el man se mosquea porque su comentario puede sonar muy gay. Se reprime en los niños las conductas homosexuales y la cultura, el hablar del paisa, deja salir flor de piel una cultura del diván a nivel general. Deberían salirse un poco del closet, mire que ya vamos para el 2020 y seguimos mirando feo a las mujeres que van como pareja en el bus o en el metro, ni hablar de la cara de asco o impresión que hacen al ver dos hombres besarse.

Estos aspectos me han hecho pensar en que Medellín quiere apegarse a un modelo cachaco, se asemeja a Bogotá en el paisaje, es tal vez más agresivo en términos de violencia simbólica con minorías y es un tema de como se ha construido esta cultura. Me comienza a cansar el ambiente de la ciudad, la violencia es diferente a la de Bogotá porque está es soportada en una cultura muy local. Debo decir que tienen mérito, Antioquia es muy grande y su colonización, conquista ha sido obra de siglos de trabajo y de lucha. Pero Antioquia no es el mundo entero, Medellín ya me parece distinta a lo que es Antioquia, se invisibiliza a comunidades afro y de pueblos originarios así como a la mujer. Ya acá no hay sino una metamorfosis de un entramado social de todo el departamento, unas conductas basadas en la disciplina de la población, acá todos se regulan a sí mismos, todos le preguntan de dónde viene y para dónde va. Se hablan entre vecinos y están pendientes de las «vueltas», del hijo de vecino y de la hija se la doña de la esquina.

Si lo pillan haciendo algo raro o dando boleta le tienen el ojo encima, uno se siente hablando siempre con un interrogador. En principio no hay ningún propósito, son personas muy amables, no temen en ayudarle a usted así represente un costo para ellos, están dispuestos a bajar de precio y negociar en buena fe, pero prepárese a ser interpelado, algo que para uno que es rolo y frío no es de costumbre, en Bogotá a usted le importa un bledo lo que le pase al otro. Pero acá, siempre saben todo de todo el mundo. En últimas el problema es que usted nunca sabe a quien le está hablando, usted no sabe si le está hablando a alguien de «la vuelta», o si conoce a alguien en ese embrollo.

Siento que Medellín me carga, es algo tenso, sin contar con que estar en una ciudad es muy costoso. Estoy pensando en alejarme un poco y también ver al paisa de la Antioquia periférica.

Los últimos días en Medellín pasé por el museo Casa de la Memoria, la verdad un museo muy bien hecho y realmente importante para explicar el conflicto a nuevas generaciones. Está muy bien organizada su exposición y tiene material audiovisual diverso lo que lo hace uno de mis favoritos en la ciudad.

No duden en visitarlo, explica muy bien todas las repercusiones que tiene el conflicto y a los actores involucrados con enfoque de género y teniendo en cuenta los relatos de comunidades afro y pueblos originarios.

Los últimos días estuve organizando a qué lugar irme y Marce me llevó a visitar el cerro el Volador y allá estuvimos un buen rato aislándonos de la ciudad para darnos un respiro con un atisbo de naturaleza. El cerro Volador es considerado otro de los cerros tutelares de la ciudad y actualmente es una reserva natural y arqueológica de la UNAL Medellín. El museo estaba cerrado por ser Domingo pero mucha gente sube a hacer deporte, caminar y fumarse un baretico. Nosotros solamente nos fumamos un tabaquito y ofrendamos a la Pachamama, un lugar también de conexiones ancestrales.

El valle de Aburrá parece haber perdido algo de su espíritu, se ha destronado a Nutibara pero no veo que los nuevos semidioses del lugar hayan demostrado actos dignos de honrar el linaje de antepasados. Los españoles acabaron con la forma de pensar y se asentaron, dando paso a un modo distinto de vida, la colonización de esta región siempre fue sinónimo de bravura porque es un territorio muy fragmentado en pequeños cacicazgos y aquellos que ostentan el trono no son más que forasteros ahora, están alejados de algo propio de esta tierra, de sus raíces y de su tradición. El Cerro Nutibara y el Cerro Volador son tutelares pero olvidados ancestros donde se veneraba al Sol y a la Luna, estos cerros están resentidos con el paso del tiempo. Esta es la pista mística detrás del relato y es que los dioses dueños antaño de este valle ya no bendicen a los entronados y estos se han alejado para amurallarse sin un alma propia. ¿Dónde estarán aquellos bravos guerreros que prefirieron enfrentarse cara a cara con el invasor para evitar la tragedia de su pueblo? Ya no hay quien de la cara, y el valle ha permanecido dormido por siglos. A pesar de todo su arrastre el Valle de Aburrá no es más que un lugar de combate, de profunda violencia y dueño de una vision muy parroquial. Son su capital, el trabajo de cientos de miles de personas y de generación en generación han dado forma a este lugar sin un propósito auténtico como la potencia del gran Cacique Nutibara. Son los hijos de la traición del invasor y creo que hay que hacer las paces con la historia más profunda de este lugar, esa parte ancestral olvidada por un relato colonizado y colonizante.

Tal vez en este profundo recordar se logre encontrar algo auténtico que logre dar vuelta a la realidad de esta gran urbe, de esta gran área metropolitana. Industrial, pujante, pero sin alma.

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