Ha costado trabajo dejar la ciudad. Más bien, la ciudad no me ha dejado ir. La experiencia de Bogotá y sus habitantes me hace pensar que dejé por fuera algunas cosas antes de partir. Además de escuchar críticas constructivas para estas bitácoras.
Es claro que aquí está el germen de cierta malicia, una malicia alimentada a diario por el resentimiento social.
Entre las aglomeraciones de personas hay dedos ágiles y ojos entrenados, ojos que juzgan y valoran en cuestión de segundos la presa y que además juzgan de corazón. La tensión de clase se vive todos los días, corazones pesados de resentimiento tienen la balanza en las manos, a veces de vida o muerte, a veces simplemente sobre las posesiones de alguien más, a veces el sudor de la frente de otra persona se convierte en el lucro de otras y esto no solamente lo saben lxs rolxs, sino que para el visitante es común sentirse en tensión, sentir la inseguridad respirándole en la nuca. Jorge Velosa lo expresa muy bien
«(…) Y como a los 15 días en pleno centro de Bogotá
Me robaron los papeles, la cucharita y no sé que más
Y la cucharita se me perdió, la cucharita se me perdió
Mi cedula se consigue y mi libreta de militar
Pero cucharita e’ hueso así bonita pa’ que pensar
y la cucharita (…)»
Eso pasa, usted viene a la gran urbe y puede salir sin una pluma. «Los ñeros» empiezan a expandirse en municipios aledaños y transforman las dinámicas rurales. Sibaté, Zipaquirá, Chía, Cota, La Calera, Tocancipá entre otros aledaños son un gran ejemplo, sobretodo por la dependencia que tiene con Bogotá. Pero así como estos municipios la ciudad está llegando con esa malicia a todos lados.
Perdí mi celular. No contaba con esto un día antes de partir. A plena luz del día y en un restaurante alguien observó con detalle el bolsillo donde guardo el cacharro, se escabulló y «cosquilleó» mi chaqueta. Imperceptible, implacable… Sí, a mí también se me ha perdido la cucharita. También me han dado en la cabeza y me han amenazado para que entregue mis cosas. Eso sí, una sociedad solamente produce subjetividades adecuadas para su realidad, sí, acá somos culpables, hemos permitido la miseria y somos verdugxs de nuestra suerte y sí, tal vez usted y yo somos tan culpables como los ladrones de corbata. De todo este mal, porque aunque no lo queramos estamos enseñados a que la sociedad es desigual y tenemos una fuerte doble moral, porque a pesar de todo si usted no es avión no sobrevive y si usted tenía el papayazo ¿Porqué no lo aprovechó? Pero si le pillan es muy «huevón» o «huevona».
Hemos sido engañadas, nada de esto es verdad. El resentimiento social está a flor de piel, a usted le miran y le evalúan si es gomelo o si es una pobre pelagata como uno. Dependiendo de la cara lo van catalogando.
Me multaron antes de salir por estar «perturbado la tranquilidad» del barrio. Tuve que correr para salir del paso con las autoridades, pagar el comparendo para lograr salir limpio de la ciudad, pues si hay un proceso disciplinario no se puede salir del país.
La alcaldía Mayor de Bogotá ha dispuesto nuevos cuerpos de policía, mientras estuve en el centro y en el norte de la ciudad era evidente que un enjambre de policías ha venido ocupando nuevas plazas y al menos en el centro por cada dos cuadras aparece un agente de policía, un porque la mayoría son hombres, CAIs móviles y motorizados haciendo rondas ¿Será que la ciudad es más segura?
Resuenan noticias de la gestión local:
«Cerca de 100 nuevos policías reforzarán la seguridad en el centro de Bogotá» 8 mayo, 2019, Conexión Capital. La alcaldía se sigue empeñando en que la seguridad depende de efectivos para la policía nacional. Que sea cierto, no lo sé.
Hacia mediados de mes El Tiempo público una columna en su editorial que enuncia lo siguiente:
«La sucesión de acciones criminales divulgadas en los medios recientemente, la sevicia con que se ejecutan muchas de ellas, el incremento del número de atracos en la calle, episodios de sicariato, golpizas a mujeres para despojarlas de sus pertenencias han quedado grabadas en la retina de los bogotanos. Al mismo tiempo, se ha conocido la encuesta de victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá, según la cual este indicador se mantiene en 46 por ciento, el hurto de celulares y bicicletas sigue siendo una pesadilla y localidades como Chapinero, Usaquén y Tunjuelito registran un incremento del crimen.» (El Tiempo, Abril 18 de 2019).
A pesar de ser «local» este informe ya que enuncia específicamente a algunas localidades en términos de percepción de la seguridad se menciona lo siguiente:
» (…) El mismo estudio revela que al menos cuatro de cada diez ciudadanos han sido víctimas de algún tipo de delito, seis de cada diez se sienten inseguros en la ciudad y que, aunque pareciera haber más tranquilidad en el barrio, esa percepción no llega al 50 por ciento entre la gente. El transporte público es el lugar referenciado como el más inseguro (…)» (El Tiempo, Abril 18 de 2019).
Me parece que repunta con algo importante, pues el fenómeno no es sólo de la capital: » (…) El principal indicador de seguridad de una ciudad es la salvaguarda de la vida. Y en Bogotá, las cifras son alentadoras. El descenso de los homicidios en la era Peñalosa ha sido de casi 5 puntos: pasó de 17,4 por cada 100.000 habitantes a 12,8, mientras que en Cali es de 46,7; en Cúcuta, de 28,6; en Barranquilla, de 25,3, y en Medellín, de 24,6. El promedio en América Latina y el Caribe es de 22 por cada 100.000. Es un hecho relevante que debe tenerse en cuenta a la hora de hacer análisis sobre el impacto de las políticas de seguridad en la ciudad» (El Tiempo, Abril 18 de 2019).
Aquello que me cuestiono es los efectos del Código de policía que ya lleva dos años en vigencia y que por demás ha demostrado su incapacidad para abordar, junto con las autoridades, los principales puntos de seguridad urbana. Más allá de eso ¿De qué ha servido la nueva norma?
Los crímenes que además se han tornado lamentables, personas perdiendo su vida por una bicicleta como han resonado dos casos uno en Suba y otro entre Engativá y esta misma localidad. (El Tiempo, 13 de Marzo 2019 y Marzo 26 de 2019, RCN Noticias, portal web)
Ahora perros entrenados en estaciones de Transmilenio para evitar colados (El Espectador, 7 de Mayo de 2019). La prioridad al parecer no es la seguridad sino el mantenimiento de un negocio. De igual manera los nuevos efectivos de la policía no tienen repercusiones reales porque están distribuidos entre el norte y el centro de la ciudad. Los barrios y las localidades que visité antes de irme no tienen sino su ronda común y corriente por cuadrante. La 100 donde trabajaba está plagado de chaquetas verdes y de nuevo el centro tiene más y más efectivos, ya casi hay tantos habitantes de calle como policías por cruel que suene el comentario. De seguro la seguridad tiene más que ver con un tema social que con sacar a relucir patrullas, motos eléctricas y placas nuevas. Esta imagen me trae esto a la mente.
A comienzos del mes de abril le consultaron al comandante de policía sobre los planes frente a la percepción de inseguridad, disponen de estos planes:
«Para enfrentar esta problemática, la Secretaria de Seguridad con el apoyo de la Policía Metropolitana han venido adelantando una estrategia de seguridad que contempla planes y programas específicos para diferentes delitos:
Entorno Protectores: Estrategia que busca prevenir delitos en entornos escolares y alejar a los jóvenes de las drogas y el crimen.
Entornos Protectores de Transmilenio: Acciones de revisión de antecedentes, promoción de la denuncia e inteligencia, para desarticular bandas dedicadas al hurto
Entornos Protectores en Parques: Programa para prevenir que la delincuencia afecte espacios de recreación para la ciudadanía.
Plan Seguridad Bici: Estrategia que busca reducir el hurto de bicicletas
Farra en la Buena: Plan de cultura ciudadana que busca fomentar el buen comportamiento en la noche bogotana.» (El Tiempo, Abril 10 de 2019).
Acá la trampa es que la violencia no está siendo atacada en su origen. Más y más se protege sectores específicos de la ciudad porque son productivos y estoy seguro de que la gente se queja en el Chicó si lo ve fumando y le manda al policía, el policía aparece en menos de 10 minutos. Pero una querella familiar, una disputa con un vecino, un caso de hurto o violencia contra la mujer es atendido con menos prontitud y puede uno esperar media hora a que el o la agente llegue al lugar.
Me han recomendado añadir con más profundidad los temas de género y ahondar en el lenguaje inclusivo. Recomendación muy válida. No puedo dejar por fuera de mi relato a las mujeres y la comunidad LGBTI(Q), así que ahondaré en mis descripciones al respecto de los roles del género en los lugares que visito. Hago un desvío para darle visibilidad a este tema, además para explicar cómo la trampa se manifiesta, la trampa es creer que el problema está en las calles. El problema está en nuestra sociedad, en nuestras cabezas ciudadanas para este caso. Hablaré de nosotras porque el 52% de la población de Bogotá son mujeres, usaré la regla numérica.
El primer contraste al que me enfrentaré al respecto es analizar la formación de roles de género en distintas sociedades y describir al detalle cómo se ciñen las personas a estas elaboraciones sociales.
