Rey de copas

Sueño. Encuentro un espacio de silencio bastante oportuno. Como un baño de luz que simultáneamente adormece mis brazos, dejando que las armas en postura de combate desciendan. Enfundo la racionalidad y no puedo evitar que mi cuerpo caiga al piso en un acto de satisfacción, de reposo absoluto y serenidad. Mientras observo al cielo viendo las nubes pasar, empiezo a adentrarme en un sueño profundo. Veo a la diosa descender, me acaricia, me besa y, de repente, en pleno éxtasis, reposa su cabeza en mi pecho.

La paz interna vuelve a mí. Caigo profundo y de mí empiezan a fluir raudales de agua, me torno una cordillera de la cual brotan los más puros manantiales. Mi cuerpo parece ya no pesar mientras se convierte en montaña; las raíces de estas se encausan y conectan profundamente con el centro del mundo. Al tocar ese núcleo, florece la vida sobre mí: las plantas, los animales y los humanos pueblan cada pequeña comisura.

En mí yace un mundo. Ya no es pesado sobre mis hombros, sino que mi piel es el lienzo de la vida. De mi centro, donde se aloja el corazón, se emite el calor que yace bajo los volcanes. Detrás de toda esa frondosa capa se alberga el calor de mi vida y la razón de mi aliento. De mi boca surge la verdad; de mis palabras, el amor se dirige como bálsamo etéreo para aliviar la pena en los demás. En las cuencas de mis oídos van los monjes y sabios a susurrar secretos de la vida. A cambio, brindo bendiciones y honores para aquellos conocedores.

Donde se albergan los sesos se siente calma y silencio. La quietud en mi alma trae paz y entendimiento, pero no desde la razón ni desde la agitada vibración del mundo. ¡Al fin puedo descansar! Mi corazón late tranquilamente, irradiando de él la sabiduría; mi mente se alinea en una paz serena y no puedo sino sentir la mayor de las felicidades.

Al despertar, me encuentro con mis gatos recostados sobre mi pecho, buscando calor y ronroneando. Pidiendo de mí afecto y cariño. Sin prisas, los consiento y tomo mi tiempo durante la mañana para atenderlos, jugar con ellos, organizar el hogar y darme una lenta ducha. Tengo en mi vida lo que necesito. Estos familiares mágicos y el amor de mis familiares de sangre. De mí brotan lágrimas agradecidas de sentir esta paz.

Durante los últimos meses he sentido mucho. De la forma más adolescente, me he enamorado y he fracasado, soportando el dolor que mis actos de estupidez me han traído. He perdido la cordura trabajando desenfrenadamente hasta quemar mi propia cabeza, en una búsqueda sincera por arreglar aquello que no funciona, aquello que nadie entiende, aquello por lo que todos sufren en su día a día. Como mártir, he encarnado al redentor de los pecados ajenos, y mis resultados han labrado un nombre, una credibilidad, pero a costa de un desprendimiento profundo de mi propia esencia.

Hoy vuelvo a mí, vuelvo a ser mi centro. Y a pesar de que la vida es difícil, en el sentido de su dureza y bravura, me encuentro a mí mismo como un juglar que equilibra las cargas, que ríe mientras hace malabares, y ese viajero que no teme ni se asusta con el diablo. Más bien, le agarro el trasero y boto una carcajada para luego caminar juntos y compartir lecciones con el mal encarnado. Ni soy Jesús encarnado, mucho menos dispongo mi sufrimiento como carnada. Juego como un hábil mago y alquimista a encontrar la piedra filosofal.

El espíritu precede a la materia. Cuando el espíritu aprende y se purifica, la materia se mueve. Mi psiquis entra en un estado de calma que me permite planear y pensar con claridad sobre las cosas realmente importantes de la vida.

Paso de las espadas a las copas. Soy portador de la calma y la serenidad. Soy portador de la intuición y de una conexión sacra con las deidades. En mí yace aún la capacidad de combatir; sin embargo, mis espadas están envainadas. Peleo con el corazón, con estrategia y fluidez. Es increíble cómo un pequeño reposo, bien aprovechado para la reflexión, para amar la vida y contemplarla, puede ser tan transformador. El sol en Escorpio abraza su esencia, se manifiesta de manera tranquila y sutil. La rebeldía que irradia energía como un núcleo termonuclear estructura nuevos pensamientos y un sistema, casi que filosófico, nuevo. No seré el mismo después de que despierte de este letargo temporal.

Encarno, pues, otra realidad. La que me pertenece: potente y vigorosa. Robusta y firme. Pacífica y estratégica. Del rey de espadas y la razón me desarmo para situarme desde el humanismo y los ideales; las copas son el fruto del sereno acto de empatía y amor supremo. Me encamino a seguir mis sueños y a manifestarlos como realidad para encausar mi destino. Aprendo de mis fallas; los datos y los números no lo son todo. La verdad puede ser cruel y fría si se ignora el núcleo humano de la realidad. Debo revisitar el mundo de la sujeción colectiva, de los lazos simbólicos y las estructuras culturales. De allí vengo y aquí he vuelto.

Aprovecho mi reencuentro con el ser manifiesto de mi alma para encaminar mi vocación. Mi espíritu resuena como el río, mi mente se alinea y mi vista es clara. He vuelto como el rey de copas.

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