Quiero hablar sobre política de una forma que sea consciente y sentida. Por un lado, porque estoy cansado de no meterle algo de sabor a la vida. Subsistiendo la alienación de la vida, esa separación del hombre de su producto, entre lo apolíneo y dionisiaco, lo mero mundano. Por otro lado, porque quiero, como siempre, enviar señales al mundo que estoy acá en el proceso de ser lo más consciente que puedo.
Últimamente solo se habla de guerras, ya sean territoriales, comerciales, virtuales, culturales o cualquier otro título añadido a ese sustantivo ¡Que saturación de medios! Tanta información que hay por ahí. Verdad, no verdad. Burla o plagio. Que si la hizo la IA o que si la hizo alguien. Parece que vamos muy rápido ¿A dónde? Escucho llamados a actuar por todos lados, pero nadie dice por qué. Parece que ya no queremos echarle cabeza a las cosas importantes.
Por mi historia personal nunca viví el conflicto de una forma directa. Nací en un ambiente urbano, dónde los dilemas de mi país son más subrepticios. El conflicto me llega más por medio de ideologías de la calle, la aspiración de los arrabales por salir adelante y progresar, la aspiración de una familia de clase media por surgir, la búsqueda de mi generación por lograr algo, poderse repartirse algo de la riqueza del mundo para ayudar a los míos, para poder vivir bien. No me puedo imaginar lo que es un conflicto armado. Solo puedo imaginar que entiendo con todas las imágenes en internet.
Para mi es terrible todo el panorama global. Hay escenas en todo en mundo de lo que pareciera ese recuerdo traumático de las Grandes Guerras Mundiales, de las epidemias, de las crisis económicas, de la guerra nuclear o de los conflictos monárquicos de grandes jerarcas. Con tantas coincidencias pareciera que solo falta una excusa que detone todo y todos pujan para presionar el botón. Eso resuena en el imaginario colectivo y tanta repetidera nos está moldeando ese “espíritu de la época” o el mito en el que vivimos actualmente.
A pesar de que no puedo dejar de observar por ese interés mórbido de académico de las ciencias humanas y políticas, siento un rechazo profundo a lo que se está cocinando en nuestra sociedad globalizada. Todos están concertando un clima de catástrofe para marcar y dejar una cicatriz en esa consciencia colectiva. Diría en algún momento de la pandemia: “Ser un evento histórico no parece tan divertido”. En efecto, no me parece divertido ver cómo la gente está muriendo siendo peones de oligarcas detestables. De egos asquerosos, en la mitología hindú son los asuras, en el cristianismo es satanás, los gigantes, los djin, los demonios, los troles o lo que sea. Almas tan fuertes que vienen a probar la virtud de los seres humanos. En efecto están probando que tan iluminados estamos. No en un sentido profético, no es el fin del mundo. Si desaparecemos como especie el cosmos no deja de existir. Más bien prueban que tanto nos podemos perder y que tanto podemos perder… ¿los valores? No me parece que sean valores, porque todos valoran cosas diferentes. Pero si son unos principios necesarios para nuestra subsistencia.
La vida como el mero hecho de existir es muy baja en probabilidad. Un fenómeno bastante singular, contando con que el planeta tierra está a una distancia perfecta para generarla, que las moléculas de material cósmico que forman las proteínas todas se juntaron en esta roca y que las condiciones atmósfericas a tráves de todos estos miles de millones de años hayan perseverado para mantener toda es extensa gama de especies en constante evolución. Nosotros desperdiciamos nuestras vidas en conflictos por riqueza y recursos, por los negocios de unos pocos. Vale más un kilo de coltán que varios de nosotros, estoy seguro de que debe existir un planeta entero hecho de coltán en algún lado.
De repente entonces todos comienzan a alentar a los “buenos” sea del bando que le plazca y con los argumentos que se le adecúen a su discurso. Que estamos desnazificando, que tal o cual es peor tirano, que llegaron los zurdos o los diestros, todos toman un bando facilito y se infla de argumentos para justificar el exterminio del otro. Sí, definitivamente suena a un recuerdo amargo de nuestra historia ¿Cuántas veces nos habremos matado “haciendo lo correcto”?
Se nos está perdiendo el sentido crítico de preguntarnos: “¿venga, y qué si dudamos de todos?”. Porque todos tenemos intereses, de repente la gama de bueno y de malo comienza a desvanecerse. De repente se rompe ese esquema, acá hay humanos sufriendo, gente empobreciéndose, otros derrochando y lucrándose.
Inicialmente he intentado ubicarme como el centro pensando en dónde estoy yo en todo esto. Pues, yo no estoy en nada. Puede que gane o que pierda, pero hay más posibilidad de que yo pierda o que gane un poco, mientras los que ganan, ganan más de lo que ya tienen con todo este desastre. Soy un ciudadano común de un país del tercer mundo que no puede sino hacer el amague de que no se deja amenazar por los tiranos de turno.
Nadie habla de cómo proteger la vida, de cómo evitar los conflictos, de cómo resolverlos o de cómo negociar justamente. No por eso quiero sonar menos combativo o como el maestro de la sabiduría de la resolución de conflictos. Pero sí con un tanto de sorpresa de que nos estamos deshumanizando en la forma en que estamos viendo todo. De repente estamos llegando a puntos dónde la tecnología es muy eficiente y nos estamos derivando por desarrollar como matarnos en vez de cómo resolver. Todo se está yendo a la verga pero con IA incorporada, nos está haciendo más letales, más rápidos y eficientes. Pero no nos está haciendo más humanos. La idea era que las máquinas trabajaran para liberarnos de nuestra propia esclavitud. Ahora somos una especie que se dirige más rápido hacia el abismo, esclavos de los tecnócratas y setenta-trillonarios. Pudiendo ir en vía totalmente contraría a toda velocidad.
A mí me parece más importante luchar por los míos, ayudar a que mis viejos puedan tener algo decente cuando ya estén muy ancianos, lograr ser la mejor persona posible manejando mis lados oscuros par atraerles luz. No lo sé, de repente, encuentro mucho confort de entender dónde estoy en todo esto sin importar tanto ruido y caos. De repente, si quiero aprovechar el beneficio de la tecnología para hacer lo que puedo y ayudar a los míos. Se me antoja ayudar a resolver conflictos, entender a las dos partes y ayudarles a negociar. Me viene en gana que mi decisión de esclarecer que es lo más sabio entre todo el caos. Buscar cómo defiendo mi virtud, como gano lo mío y cómo saco lo mejor para mi clan. Ver cómo nos seguimos humanizando y perdonando mientras vamos sanando las heridas de la familia. Hago lo que sea para sacarle provecho a la situación y ayudar más a los demás. La poca ganancia que le pueda sacar a estos “eventos históricos” de mierda se la voy a sacar.
Todos siempre quieren ser el “superhombre”. Pues no, yo voy a ser el más rastrero de la especie y cooperaré con otros como yo. Al fin y al cabo, después de cada extinción masiva siempre sobrevive el que mejor se adapte, no quien se mate más rápido. La cooperación y el raciocinio son dos rasgos que nos han hecho perdurar. Sé que sobreviviré con los míos si compartimos ese respeto por lo que está bien, conservamos la virtud dentro de todo lo que está mal. Hay una alta probabilidad de que juntos nos salvemos de todo esto ¡Hagámosle sumercé!
