Imperativa entropía

Empiezo a escribir esto mientras escucho mi canción favorita de Frank Sinatra: That’s life. Siempre me ha gustado lo bien que vibra mi alma imaginando todo lo que he pasado, sean altos o bajos, mi vida tiene momentos muy ricos y lúcidos de los cuales agradezco a la deidad. Tal bendición siempre se me ha manifestado en carne propia, por medio de la experiencia, en mis elecciones, en mi libertad de hacer mi vida cómo yo he querido.

Es increíble la vuelta que ha dado mi vida con el pasar de los años. De detestar mi hogar, de cargar con rabia e ira me exilié, porque tenía que encontrar una forma distinta de construir mi vida a cómo lo hicieron mis padres. Como un loco me fui de mi hogar porque no podía creer que las cosas no se pudieran hacer de una forma distinta.

Esa fue la mejor decisión de mi vida. No me arrepentiré jamás en la vida de iniciarme en mi hábito de nómada. Tenía que encontrar respuestas así tuviera que recibir golpes de la vida. Golpes que derivan de entender la herida familiar, siento que la vida se ha detenido en ocasiones a comentar: “¡Ah!, ¿Con que quieres hacer las cosas de diferente forma?”, entiende los problemas de cómo te construyeron, descubre qué es lo que eres, qué heredaste de tus ancestros… “¡Ah!, ¿Ya te estrellaste con los lados oscuros de tu personalidad? ¿qué hizo tu padre que tu volviste a hacer? ¿qué hizo tu madre que tu lo replicaste?… ¡Ah, ya ves de dónde vienes!”. Al fin y al cabo, uno tiene que conocerse bien para cambiar. Conocerse es reconocer que estamos sujetos por los demás, sobre todo por quienes nos crían y nos dan herramientas para ir por la vida.

Traer el inconsciente a la luz es un peligro, duele, es tenebroso, es caótico. Yo de repente he pasado años enteros buscando entender cómo hacer mi vida mejor, he comprendido y he sanado la herida. He desencriptado su mensaje. La traducción llego al rebelarme, puso un límite con la familia, cómo el fuego que lo transforma todo, el caos, las discusiones y el desobedecer me permitieron tener tanto espacio para apartarme de todos los constreñimientos de la educación consciente e inconsciente del hogar.

Este viaje kármico parece que se disuelve, que muta y se empieza a enderezar. Mi destino es libre y corro con un propósito. Mi corazón arde por evolucionar y avanzar, en el sentido más pleno mi travesía ya no es la de un loco ni la de un monje, mi travesía ahora me convierte en pleno dueño de mi vida, cómo el líder de mi clan, de mi familia y una necesidad por estructurar el futuro y porvenir.

Ya la experiencia de la vida me ha traído luz, una luz que necesitaba para poder dominar también en mi destino. Desatar mi potencial como ser humano. Porque he logrado mantener puras mis intenciones por las demás personas. Procuro mantener mi mente sin corromperse, mantener mi propósito de ayudar los demás por medio del servicio, de ayudar y de asistir. Siempre he querido ser justo en mis elecciones y por más que me ha costado siento que me he mantenido recto y si he herido a alguien ha sido por error, por estupidez o por inhabilidad, no por la mera intención de hacer daño. A pesar que para algunos yo pueda ser el villano en sus historias mi corazón siempre se ha mantenido alineado en mi pecho, ahí hacía la izquierda.

Ahora paso tanto tiempo disfrutando de mi vida porque en mi libertad he podido escoger, he podido llegar a donde estoy. A mi manera, cómo quiero, desde la miseria, el sufrimiento y la peor de las situaciones me he alzado con mis propios medios para ser una persona robusta y con un criterio. Hoy pienso en retrospectiva y todo altibajo ha dejado una imprenta en mi corazón y en mi intelecto. Ahora yo puedo disfrutar de mi propio método, ya comprobado, ya aplicado, ya efectivo y andando.

Yo estoy luchando actualmente por hacer de mi vida más estable, con el caos que ha sido para mi generación y los tiempos en los que vivimos. Con un futuro tan incierto por el expolio de las tandas de peces gordos capitalistas y políticos que trajeron al mundo al actual mierdero en el que nos encontramos. Con mi generación despojada y luchando por avanzar, al menos a los que nos tocó desde abajo.

La vida, sin embargo, no me parece no tan dura si utilizo todos mis esfuerzos intelectuales y materiales para al menos desde lo individual lograr hacer que otras personas lleguen a buen puerto en su viaje personal. Mi experiencia ahora me sirve para dirigir mis esfuerzos hacia vivir con armonía el día a día y aprovechar cada oportunidad para mejorar y aprender, pues a pesar de poder dar consejo yo aún soy un aprendiz. Detesto a los proselitistas que podrían decir que se las saben todas y no pienso en convertirme en uno.

Seguiré luchando para que me encuentre quien disfrute de las delicias de mi jardín, de mi reino que he construido para mí a partir de tanta meditación y liberación de males del alma y del espíritu. Quien disfrute de mis historias infinitas y de mi personalidad. Pero ya no estoy dispuesto a perder. Ya no estoy para aguas tibias, ni para tomar decisiones que terminen en fracasos. Salgo pues determinado a usar todo lo que tengo para lograr lo que quiero, así mismo oro a los dioses para que me permitan usar toda mi sabiduría para consolidar el amor que añoro, el clan de hermanos en armas y la vida que siempre quise vivir, libre ahora de cualquier atadura.

Al final, mientras escribo está última línea escucho a Nina Simone, Feeling Good. Sincronía perfecta de la música que no puedo omitir el día de hoy al balbucear, al descargarme de una nostalgia rara para al fin lograr avanzar.

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