Súbitamente me miro al espejo y no me veo igual. Resuelvo que antes de que sea tarde debo preocuparme por asuntos realmente serios. Es preciso una expansión de mis conquistas, tesoros nuevos que conservar y objetivos vitales para la vida de mis conciudadanos de mi corazón. Bondades de las que pueda disfrutar plenamente porque si pretendo que de mi aflore bienestar para mis seres amados es por medio de mis logros y conquistas, es por medio de mi ardua labor que la expansión debe llegar al clan.
Me dispongo pues a entregar de mi todas mis energías y fuerzas para que mis sueños y logros afecten positivamente a las personas que adoro. No puedo sino amarlos sin importar cuanto haya reprimido toda mi vida mis emociones. Es que ya no puedo sino expresar afecto por las personas que son cercanas a mí y es por esta relación simbiótica; del bienestar que ustedes me traen habrá de vuelta bienestar para ustedes. El amor es, en efecto, la entrega total al bienestar de mi propia persona como de las demás, en especial de mi círculo más cercano y mi red de apoyo vital. Se reparan y se zurcen las heridas del pasado, se derriba ese mito de que nuestras vidas se arruinaron por culpa de alguien o de algo. Estamos aquí para soportarnos.
Mi corazón empieza a acostumbrarse a esta forma de sentipensar, como que de verdad uno mientras va caminando empieza a construir y reconstruirse de una forma positiva, en la cuál cada oportunidad para tomar una decisión diferente a la que se tomó en el pasado es el botón de una rosa que nace y muere en una temporalidad. Los más estoicos dirían que cada momento retador es una oportunidad para aprender y superarse a sí mismo. En parte es esto, más aún le pondría yo una praxis de la salud de las relaciones con personas amables y generosas como con los seres amados. Es el desarrollo de una habilidad por medio de la praxis.
En lo personal lo simple e intrascendente es fácil dejarlo ir. Mi sensibilidad siempre ha sido mi más grande tesoro. Desde pequeño sé que mi visión y percepción de las cosas son bastante únicas, incluso mi tacto me genera sinestesia en donde escucho y saboreo texturas. Cada pequeño tejido de mi cuerpo transmite magia que en manos de una mujer puede forjar un elemento alquímico, oro puro encendido al calor de gemidos y jadeos. Mi corazón junto con todos los vasos y arterias requieren de actividad, en su recorrido por mi cuerpo transportan no solo el sustrato vital, sino también un sinfín de emociones, sentimientos e impresiones. Mi sangre hierve y en cada pequeño glóbulo se almacena el calor de mi ser. Lo que no me hace hervir la sangre no me puede acompañar, porque no lo puedo sentir. Si no logra soportar el paso por mi corazón no merece estar allí.
Por contrario, todo aquello que aún hace que mi alma vibre y se encuentre en alivio con la dulce melodía del reencuentro con lo divino, me permite tener constantes reminiscencias y flashbacks. El histórico de sensaciones se almacena en mis nervios, en mi espina dorsal y el cerebro. Una biblioteca deleitable de porno casero y hecho a mano, de recuerdos lascivos y desinhibidos, porque mi placer está en controlar el placer, poder adquirir suficiente conocimiento sobre las fortalezas y debilidades, analizar con estrategia como distribuir el placer y la satisfacción, por qué no el dolor y la presión, por qué no jugar con la dificultad y el reto. Mi espíritu es empático por excelencia y necesita verse retado a comprender y conectar con el éxtasis. Un estrecho vínculo es aquello que estimula mis sentidos y me permite conservar toda esta masa de tejidos viva, sin contar con mi alma que necesita sentir para vivir. Sin todas esas memorias no sería más que un cuerpo tieso y resentido.
Recordar es vivir, y uno siempre vuelve a los mismos sitios donde amó la vida como decía Sosa. En últimas el amor en cuestión de tiempo se marchita y si nadie pone algo de leña de seguro el fuego desaparecerá. Es mejor aprovechar el medio día, el ahora, antes de que marche. Esa canción de las pequeñas cosas es una canción que cala fuertemente, me eriza y me pone nostálgico porque un guerrero que lucha por la libertad y el bienestar debe partir hacía objetivos mucho más poderosos, por el bien de sus seres amados, por su propio bienestar. No puedo esperar que una vez vuelva, si es que vuelvo, aún exista amor para mí. Marcho cruzando las montañas y quienes van conmigo en perfecto ejercicio de la disciplina nos desparecemos por el horizonte.
Las parejas que se quedan en el valle lloran la partida de sus amados y amadas. En ese mismo instante se encuentran con la decisión de aferrarse al sueño de que estarán bien y vendrán de vuelta, mientras otros resuelven, esperando lo peor, continuar con sus vidas y con esto se dan ahínco para cuidar su bienestar diario, para no vivir en pena.
De esta manera parto yo con mis ropas y atavíos bien dispuestos, con disciplina y con gracia me dispongo a ir por nuevas tierras para mi reino. Pongo en mi centro la idea de ayudar y soportar a las personas con las que trabajo. Porque sé que puedo liderar a mi manera a estas personas con las que camino con algo de táctica y estrategia. Mientras que departimos hacia tierras cada vez más extrañas nuestra disposición cambia y sabemos que ya sea lo desconocido o enemigos pueden costarnos nuestro propio pescuezo. Aliados y amigos siempre hay por encontrar, las plegarías de nuestros buenos y valientes actos harán que nuestras buenas acciones ganen favor e impulso. La única razón por la cual iría con una banda de guerreros sería porque vamos a hace hazañas de héroes, cazar dragones, salvar damiselas, emborracharse con el tesoro de los villanos, derribar uno que otro ogro o trol, ir en busca de una guaca hechizada con un brujo que lucha contra los demonios y exorciza al mundo del mal. Actos de verdad heroicos, porque de nada sirve hacer del mundo un lugar peor por medio del pillaje y el saqueo.
Vamos con música y cantos característicos de nuestra disciplina, marchamos al ritmo de nuestro corazón sincronizado, al ritmo de nuestro ánimo y la moral. Bohemios contratados como lansquenetes, mercenarios de las buenas causas iremos por acá y por allá para asaltar los castillos y derrocar tiranos, eso sí a cambio de tesoros y corazones. Nos marcharemos cuando saldemos nuestro contrato, pero jamás dejaremos sus vidas iguales. Volveremos como héroes.
Con la bendición de marte y a ganarnos el favor de júpiter y saturno añoramos que nuestra práctica y experiencia nos mantengan longevos y saludables para disfrutar de la gloria de nuestros actos. Hermanos en armas nos cuidaremos y nos protegeremos ante la dificultad, lucharemos todos coordinados y leales por voluntad y hermandad. Conmigo en quienes puedo confiar.
Marchamos entonces hacia la siguiente provincia, lugar sagrado donde recuerdo que su dios es capaz de hacer milagros para sus más fieles seguidores y para inocentes viajeros. Recuerdo haber pasado por esta tierra muy brevemente, haberme encontrado con par de personas que me ayudaron durante un tiempo para luego mostrarse como los pequeños monstruos que eran. Dormí con la fortuna de un sueño tranquilo y reparador en una bomba de gasolina cerca a los bomberos y la policía. Al otro día me recogió un transportador que me llevó de un solo viaje hasta una ciudad grande donde una amiga me esperaba.
Ahora voy mucho más ligero de la vida, buen equipaje para el paraje más terrible y para sortear los distintos terrenos y tomar ventaja de la geografía. Lanzados al azar embriagados por el júbilo de los locos, al fin y al cabo ni ven qué se avecina.
