Gracias Dios ¡Buena pinta! Creo que en esto debo ser responsable ya que el Taita en un ejercicio de humildad y de compromiso me hizo ver que uno de blanco occidental no puede ver tan bien a través de la matriz cultural de su pueblo. Definitivamente somos sus hermanitos menores, una suerte de pequeños que apenas están conociendo un mundo que conecta a sucesiones de generaciones que se agolpan y se aglomeran en su canto, en su voz y en su presencia. Es como si todos colectivamente encarnarán siglos de historia en un solo rostro.
Si bien hay que tomarse en serio la medicina, porque si uno decide recibir el mensaje de la deidad con responsabilidad y afecto se encontrará con votos de compromiso. Cosas serías y que tienen la fuerza de un regaño por parte de cientos de miles de almas comprometidas en el avance espiritual del mundo. No es para nada un juego, ni es una especie de pantomima barata. Tampoco podemos ser adictos ni acólitos de un proceso que desconocemos y como si fuéramos a una fiesta -recordando a la Montaña Sagrada de Jodorowsky- no nos podemos quedar en el frenesí de la alucinación y el pretexto de la iluminación sin sentido. Soy tan sumamente ignorante que es fácil perderse en las trampas de ego. La medicina despeja y muestra para que uno trabaje y siga su camino. Nadie va a hacer el trabajo sucio por mí.
Mi devoción me llevó a purificar mi cuerpo y al hacerlo ligero para aceptar la medicina con suavidad, la autodisciplina me llevó a retener el medicamento hasta que este encontrara, casi que quirúrgicamente, los males que me convocaban. Los expuso para mí, me hizo sufrir físicamente para reconocer el daño que yo mismo le he hecho a mi alma, porque las mentiras que uno se dice a uno mismo duelen, duelen mucho ¿Qué mejor forma de reconocerse impuro, sucio y humano que con una limpieza de las tripas? El daño que le hacemos a nuestro cuerpo es reflejo del daño que le hacemos a nuestra alma.
Antes de tomar el remedio con cada palabra que se decía y en una profunda meditación, vi entre la fogata que ardía en medio de la maloca, que se manifestaba un jaguar, oculto entre la maleza, haciendo pereza mientras me observaba fijamente a los ojos. Cambia su postura, pero no dejaba de verme directamente a los ojos. En su cola plumas enormes y coloridas se tambaleaban. Acepté pues, con ayuda también de mis ancestros y con mis pequeños conocimientos sobre el mundo espiritual que debía permitir que me revolcarán. Que me pegaran una paliza por ser un mal hijo. Porque todos los días en el ilusorio mundo terrenal pierdo el rumbo de lo correcto y me dejo contaminar.
No hago una gestión adecuada de mis emociones, se me atragantan en la garganta y en el pecho como una molestia insoportable. Todo aquello que no hablo, todo aquello que callo es simplemente veneno que me trago. Es fútil pensar en el hecho de que la culpa yace afuera en las otras personas cuando las mentiras son las que me hacen débil. De hecho, comprendí que mi angustia externa es el espejo de mi angustia interna. La inseguridad de ser aprobado y valorado por los demás, cuando no puedo valorar o aprobar la diferencia me vuelvo hostil y me enturbio.
Soy un pantano si el flujo de cosas no circula. Oscuro, denso y pútrido si permito que toda esta saña me consuma. La tarea más difícil es encontrar allí entre todo ese fango la mejor forma de decir las cosas con amor y comprender que las mentiras que me digo constantemente dejen de obscurecer mi verdad. Mentiras que taponan la circulación sana de mi bondad. Mentiras como el creer que yo soy quién para aleccionar a otro mortal de mí misma clase, mientras que en el fondo soy un temeroso de la autoridad y un mal hijo. Mentiras como que quiero encontrar la seguridad en el dominio y el control mientras que mi propio cuerpo aloja el descontrol y mis decisiones han sido solamente un manojo de nervios durante años y años. Mentiras como que he de encontrar el amor allí afuera cuando en mí hay cosas que detesto y no hago nada para cambiarlas.
Para poder mantener mis aguas cristalinas y llenas de vida debo en efecto cuidarme de todo aquello que me hace mal. Si en algo es claro el mensaje es que desde lo físico se expresa la inseguridad emocional; si no soy capaz de decir que no a la tentación de la comida que me sienta mal, si tampoco soy capaz de decir que no a los vicios que me hacen mal y si descuido de mi cuerpo dejando de lado el esfuerzo y la dedicación ¿Cómo puedo ser capaz de pensar en cuidar a los demás? Debo empezar por sanear mi vida, por asistir a la prevención de todo malestar, cuidar de mí porque por ahí empiezan las cosas.
Emocionalmente necesito terapia, poder hablar con alguien que esté allí para que lo escuche a uno. El oficio sirve para que esa persona esté totalmente distante y sin vínculos afectivos, porque hasta los amigos de uno son frágiles con uno, mucho menos quien lo ama a uno, en cualquier versión del amor posible. Poder hablar y desatar con persona toda esa madeja y el mierdero que uno traga a diario. Mi terapia también es la escritura, siempre estaré escribiendo y escribiendo, zafándome del dolor, dando sentido y coherencia a la vida integralmente y de una forma bella y estética.
La disciplina y la constancia con la que uno se entrega a sí mismo para darse un orden es indispensable y aquí mi primer compromiso. En efecto como volver a nacer, y en un acto de amor profundo con votos y con una suerte de aire a matrimonio y reconciliación conmigo mismo tengo que ser mi mejor versión y tengo que asistir puntualmente a mis citas, así como a superar cualquier obstáculo porque de excusas no se vive bien. La excusa camufla la pereza, de la pereza surge la mentira, de la mentira el dolor, del dolor la inseguridad. En circulo vicioso.
Entendí que debo pedir perdón a mi familia, a las personas que me acompañan en el día a día, pedir perdón a mis seres amados.
En el momento culmen perdí mi consciencia, me encerré en mi mente y vi como las deidades me observaban como analizándome de cerca: “A ver pequeño ¿Qué tienes para mostrar?” porque la experiencia de la consciencia es de asombro para estos seres perfectos, es como si en el examen de mi imperfección encontrasen alguna suerte de inquietud, como intentando explicarse por qué existimos, pero al mismo tiempo entendiendo en un nivel muy superior la existencia. Como siempre me gusta imaginarlos, reían mientras que observan todo el sufrimiento que cargaba conmigo. Me devolvieron a la tierra para continuar con la ceremonia dirigida por el jaguar.
Rehusé la segunda toma diciéndome que ya fue mucho. Fue muy fuerte la experiencia, mucho más fuerte de lo que lo he vivido anteriormente. Mi cuerpo aún seguía depurando y el cansancio tanto mental como físico me tenían abatido. El taita, con una risa interesante, con sus ojos siempre de felino me miraba y entendió que tan cobarde fui para enfrentar la luz. De mi parte, ya era una sobrecarga de tareas… ¡Cuán sucio y enfermo estaba que la lista de tareas se extendía y extendía mientras intentaba comprender todo lo que se me mostraba!
En mi segundo trago del remedio amargo, el maestro de la ceremonia me miró con la mirada de un padre que castiga, no con palabras fuertes ni con castigo físico sino con una broma, se mofaba de mí retándome a aceptar de nuevo el remedio y me sacudió, me limpió el cerebro, el corazón y el estómago de todo mal.
Mientras que apoyaba mis manos en una cerca, la luna, rodeada de lobos y de montañas me brillaba azul. De ella surgía una cabellera y así una mujer se veía asomarse entre un panorama épico. Mi amor y mi vida. En definitiva, si preciso amar, preciso sentir en mi pecho el regocijo de mi media mitad por más tonto que esto suene. Mientras veía esta hermosa silueta un sinfín de formas fractales surgen y van mutando. “Mira tú pequeño ser de luz, el amor se trata de lo mismo: compromiso, un vínculo estrecho de constante mejoramiento ¿Acaso qué quieres para con ella? Así sea hoy o mañana, así sea esta u otra mujer ¿Qué vas a hacer si no te entregas a ser la mejor pareja? ¿De qué sirve si con todas estas mentiras que te dices solo vas a entregar un feo pantano? ¿Acaso eso quieres dar? ¿Es eso lo mejor que puedes dar?”
¡Ay! El dolor verdadero llega. No importa si te pierdo hoy, si te perdí ayer o si te perderé mañana. Aquello que importa es si me pierdo yo. Si en la angustia y el miedo de querer reafirmar mis temblores tu eres solo un dispositivo del que no puedo esperar más que un amor imperfecto y superfluo. Por demás utilitario. Como un chivo expiatorio para distraer la atención sobre mí, sobre mi fragilidad. Si tú te conviertes ¡oh luna! en la excusa para sufrir y hacerte sufrir yo soy el injusto. Yo soy el tonto que no ha sabido como entregarse, yo soy quien debe ser responsable de mi propia carencia. En el acto supremo de amor debo ser yo el que repare aquí adentro y debo remover diques que saturan de suciedad mi vida.
Siguiendo a la luna debo volver a forjar quien soy, sí claro, si de verdad quiero llegar a ti debo saciarme a mí, debo llenarme de solo cosas hermosas y liberarme de toda atadura.
Vuelvo al calor de adentro, donde la música, el jaguar, los rezos y el baile me desequilibran, me hacen vulnerable y el taita, como entre la hierba me mira y de nuevo sonríe. Aquí no acaba, acaba cuando él lo decida, entrégate al remedio y saca toda esa mierda ¿Ahora que estás ligero qué se siente? ¿Acaso no es reconfortante? Casi te mueres hijo, si es que no te has muerto. Es tu decisión salir de acá y seguir siendo el mismo ¿Seguirás en el pecado o te portarás bien? Es que el camino más fácil es el del mal, porque solo tienes que dejarte ir, decir que sí a lo que te sienta mal. Pero la tarea más difícil está en ser correcto, en ser valiente y luchar contra ti mismo. Estar atento a las mentiras que tu mismo te dices, si sufres es porque te mientes hijito.
Un poco obstinado y ya sobrio del todo, más bien lúcido y limpio le pido al taita un poco de mambe, a lo cual él -con toda la responsabilidad- me pide que le diga para qué sirve el mambe, porque no puede permitir compartir sus remedios con un desconocido y menos con un blanco occidental que no tiene ni idea de lo que hace. Yo, aunque muy ignorante aún, le expreso que algo sé, que la palabra bonita surge de la meditación con el mambe. Me regala un poco de ambil para pensar bien y ahora puedo hablar.
Me despido de la ceremonia y mientras que camino por la carretera, todo sucio por fuera pero limpiecito por dentro, recuerdo mis momentos en la ruta, mientras caminaba incesantemente. El sol me saluda y la libertad me abraza. He renacido. Estoy en mi lugar favorito, conmigo mismo.
Envío mensajes de condolencias a mis familiares por el muerto que dejé atrás. Les demuestro mi amor por más jodidas que estén las cosas. Soy directo y empiezo a hacer mi trabajo. El mambe me ayuda a soltar la palabra, el ambil a pensar con detenimiento que es lo que quiero y que es lo indicado. Decirle a mi padre que lo amo y a la vez decirle que no. Decirle a mi madre que lo siento por ser tan mala persona con ella en el pasado y que la adoro. Decirle a mi hermano que lo amo y que ya podemos ser hermanos. Decirles a las personas que he herido últimamente que lo siento, que mi enojo era conmigo no con ellos que los arrastré en una espiral de dolor y sufrimiento totalmente innecesario.
A partir de acá creo mis votos para con la vida para permanecer sano. Primero estoy yo, en mi reino cada vez me encuentro más sano y seguro de mi mismo. Mi corona aún no se forja porque debe ser creada de constancia y persistencia. Se debe hacer bajo el calor de mi propio amor, porque mi corazón es una hoguera potente y solo debo entregarle lo más puro para que ese fuego sea eterno y perspicaz de las mentiras a las que yo mismo me puedo someter. Mis actos el material dúctil y maleable del que nazca el trofeo sacro.
El balance y el equilibrio que tanto he añorado desde que era un niño parece al fin desenvolverse, pero me exige comprometerme con seriedad. Si soy débil, como el abuelo sabio me abatirá y me castigará. Ya no quiero perder nada, ya no quiero herir a nadie y no puedo permitir que mi cuerpo me duela. Debo dejar de entregarle basura a mi cristalino arrollo, debo cuidar de la vida de mi basto lago para que en transparencia pueda entregar bellos parajes a quienes me visiten.
Hoy, vestido con nuevo pelaje, bautizado al calor de una cultura foránea para mí, como siempre extraño y extranjero me defino para estar sano, porque quiero estar sano, porque en efecto quiero compartir mi vida con todos mis hermanos y hermanas seres humanos en armonía. Entendiendo que ya no puedo seguir engañándome creyendo que siendo mal hijo, mal hermano, mal padre, mal marido y mala persona conmigo mismo voy a llegar a algún buen puerto.
Un nuevo rey hechicero ha nacido. Con este renacer mi dedicación completa será con cada uno de ustedes seres infinitamente divinos. Pido a los dioses que me guíen para poder ser siempre la mejor versión de mí para con todos. Ser la esperanza de que la vida es buena, hacer praxis de tanto aprecio por la vida ser luz para los demás. Mis votos son para con la vida y el compromiso para siempre ser mejor y mejor. Hoy estoy más sano, mientras aún trabajo mis dilemas, porque no hay quien encuentre la completa iluminación siendo de carne y hueso. No me rendiré por el resto de mi vida.
