Saturnalia

Ya se acerca el solsticio de invierno. El trabajo de todo el año está acabando. Cambian los roles y el esclavo se torna en dueño de su amo. El padre tiempo, Cronos, sega con su hoz el campo y recoge la última cosecha. Yo preparo mis ofrendas con tiempo y dedicación. Padre, dame estructura, dame consejo y define los límites temporales y espaciales que debo imponer.

Creo que mi forma de relacionarme ha quedado obsoleta. En mi yacen mecanismos muy fuertes que desatan emociones intensas. Estoy acostumbrado a construir el amor a partir de una fuerte dependencia y una adicción a todo lo que yo hago y entrego. Aquel marco de referencia al que me he acostumbrado está hecho de una lealtad basada en la devoción a mi propia persona. Siempre me he convertido en el pilar que sostiene el principio de realidad de las personas con las que construyo. En efecto, he aprovechado mi personalidad fuerte e intensa para convertirme en alguien indispensable, necesario, vital e incluso en los procesos de separación se convierten en un ejercicio letal, es como arrancarle de las manos el corazón. Quitarle a alguien todo aquello a lo que se aferra su principio de realidad.

Al alejarme del hogar durante tantos años. Al mantener en silencio y en la distancia a mi padre quise volcarme y construir unas nuevas reglas porque aquellas normas que había no me gustaban, no me convencían y en definitiva demostraron no servir para mucho. A fin de cuentas, el hogar sucumbió ante las malas decisiones. Supongo que en mi dureza y mi sentido crítico asumí que mi padre falló en su tarea y quise hacer las cosas a mi manera. Mi padre, débil en su carácter decidió huir, escabullirse entre sus discusiones y rabietas. Mi padre, dejó de asumir su rol de guía y configurador. Se convirtió en Urano castrado por su hijo.

No negaré las fuertes dificultades que esto ha causado en mí. En efecto, en el ejercicio de construir y de establecer criterios por mi propia cuenta me ha llevado a errar constantemente a crear malos hábitos y malas costumbres que estructuran ese hogar que he buscado reconstituir. Un poco chueco y carente.

Hoy, pienso en el futuro. Pienso en la consciencia que tengo de todo esto, de la claridad con la que se avoca a mi a manera de pensamientos y de reflexiones profundas. Al fin y al cabo, ya a estas alturas de la vida no puedo seguir sufriendo por aquel dolor y seguir revolcándome en la carencia de alguien que me hubiese dicho cómo hacer las cosas. La mejor forma de integrar esto, es a partir de modificar y cambiar a partir de lo que ya he caminado. He sido mi propio padre, y no hay forma de recuperar a mi padre biológico. No cuando él, acobardado, no sabe sino escapar a su destino.

En efecto yo soy un constructor y un estructurador. Tengo que afrontar el hecho de que generar dependencia y ser siempre quien lleva la brújula en el amor ha hecho que yo reproduzca el patrón, yo he cargado con muchos pesos y responsabilidades de las cuales, cuando mi corazón se aturde se convierte en tirano, y aquellos frutos y bondades que surgen las devoro, las destruyo y con esto el principio de realidad de las personas que dependen de mí. No puedo ser padre en el amor. Nunca más.

Hago una ofrenda a Saturno con esto que escribo hoy día. Entrego al sabio dios del tiempo para que me ayude a estructurar las cosas de una forma diferente. Sano con mi padre, aunque esté ausente. No puedo esperar a que él vuelva y me abrace. No puedo esperar a que él haga algo que no ha hecho en años. Debo ser yo mismo quien transforme las cosas con dureza y definir los límites que nadie me ha puesto todos estos años. Debo encargarme de castrarme, limitarme y moldearme a mí mismo, de definir un destino diferente.

Para esto, defino criterios diferentes. Soy duro conmigo, pero también soy fuerte para serme leal y al mismo tiempo poder estructurar un destino diferente. La disciplina mental y la fuerza de espíritu me compromete ahora. Si quiero resultados diferentes, si quiero encontrar amor de verdad libre y sano debo permitir adaptarme a la nueva realidad. Si mi corazón se muere por dominar, por someter y por controlar, debo liberarme y deshacerme de mi desespero, de mi necesidad absurda de sentirme adorado, idolatrado e indispensable. No lo soy. Yo no soy padre de nadie. Yo no debería ser padre. Aún así yo debo ser quien construya un nuevo destino y dejar de vivir en el teatro que constantemente he reproducido.

Poco a poco reconstituyo un criterio, no quiero cargar con dependientes ni mucho menos con la necesidad de construir un futuro ajeno o en conjunto. Construyo mi futuro yo mismo, espero poder acompañar a alguien más a construir el suyo. Pero primero, antes que fundir toda la materia prima debo descubrir qué tiene la otra persona para aportar desde su propia individualidad. Busco pues, a una mujer independiente y libre. Debo perder las viejas costumbres y contenerme hasta que con tiempo y sapiencia pueda encontrar al amor de mi vida. Porque si lo quiero, si deseo con todo mi corazón poder encontrar a quien pueda conocerme profundamente. Se trata del proceso, de la decantación y la prueba fidedigna de que la persona es la indicada y a la vez permitir que me descubra a mi con tiempo y dedicación. Porque yo también soy duro, denso y complejo.

Por supuesto que no puedo evitar que mi empatía y mi corazón, que funciona como un reactor nuclear, no entregue lo mejor de sí mismo; las palabras dulces, el apoyo, la incondicionalidad, el deseo, la pasión y el amor, que siempre será un jardín al cual dedicaré mi tiempo y mi esfuerzo en cuidar. A mi lado en efecto encontrarán un amor puro y noble, pero ahora lo he despojado de cualquier vicio, de cualquier ansiedad por formar un hogar, por reconstituir aquello que mi familia me dejó como un problema, ya no es más un problema.

Mientras me acostumbro, mientras aprendo a contener y edificar el amor de mi vida tengo una ilusión. Encontrar en esos deliciosos labios la fortuna encarnada; en la voz, en las historias, en las horas que pasan rápido mientras mi corazón pide más y más, mientras clama por detener el tiempo para compartir un par de vidas llenas de riqueza y aventuras. Mientras me despido sonrío pensando en que magnífica oportunidad que tengo ante mí. La oportunidad de amar de verdad, amar a otra persona como es, con todo lo que hace y lo que viene. Con respeto y solemnidad. Construyendo caminos que coincidan para al fin estar juntos.

Hoy me convierto en pleno responsable de construir el amor que quiero. Hago ofrendas a Saturno para que me permita adaptarme y facilitar que me deshaga, en esta limpia, de todo impedimento y sufrimiento posible. Porque quiero férreamente que mi ilusión se concrete en un amor sano y libre. En un amor donde pueda entregarme así, nuevo, limpio y hermoso. Me preparo para la Saturnalia del solsticio de invierno.

Cambio mi piel, quiero tener mi lomo plateado. Invoco a las fuerzas internas más potentes para que me permitan darle a mi cuerpo y a mi alma un nuevo comienzo. Comprendo las fuerzas que me atan y me estrujan para liberarme definitivamente de ellas. El futuro aguarda. El futuro sano. Padre tiempo ayúdame a que el remedio actúe de forma plena para dejar ir todo aquello que me aqueja.

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