Alta traición

Hace mucho que no sueño, menos con sueños que resulten vívidos y lúcidos. Mi mundo onírico tal vez ha permanecido mudo debido a que mi cabeza reposa sobre hojas constantemente y no le permito desfogar la tensión. Parece que en los últimos años no he hecho más que reprimir un universo del que disfruto mucho, ya que entre sueños me muevo con fluidez y mi magia me permite desencriptar y traducir aquello que se manifiesta allí. Soy un animal que en las noches suele salir a cazar aventuras en el plano de ensueño.

He vuelto a soñar como si de una preparación se tratase. Siento que los dioses allanan el camino para que yo entienda y depure todo residuo de maldad y de rencor que tengo. Los abuelos claman por que entienda, para que pueda ver una verdad aún mayor.

Soñé con un viejo amigo y socio que si bien me robó, también se encargó de desorientarme con una perspectiva un poco rota de la realidad. Esto hace tiempo. Ya han pasado once años desde que todo esto sucedió. En aquel momento creo que mi fragilidad era enorme, mi ansiedad incesante y mi vida básicamente era un caos confuso entre licor, drogas y malas compañías.

No hay una mejor descripción para este momento, pero me sentía como Pink Tomate de Opio en las Nubes de Chaparro, alucinado y con mis ojos como los de un felino.  De hecho, para esa época leía mucho ese libro como una suerte de alegoría a todo lo que me venía sucediendo. Ese tono oscuro y podrido me hacía sentir reconfortado ya que alguien también sentía igual que yo un desasosiego profundo por esta ciudad caótica y sus personajes surreales. Trip trip trip decía el gato y así yo iba de trip en trip.

Siento que el remedio me llama, que este sueño no es casual. En el sueño ambos teníamos nuestra edad actual. Yo me mudaba a un edificio y un apartamento justo en frente de él. Recién llegado e instalado vi por la ventana, que no distaba más de un metro de la suya, y observaba como discurría su vida normalmente. En cólera, porque al parecer aún mi corazón siente un odio repulsivo por el sujeto y mientas anochecía vi que dejo la ventana abierta y en un acto que solo se me ocurriría en un sueño, decidí cruzarme a su habitación, de ventana a ventana.

Entré a su habitación y mientras se encontraba estupefacto yo empecé a insultarlo y agraviarlo: “¡Ladrón, usted me robo! Usted abuso de mi confianza, a usted lo consideré mi hermano y usted es una basura de persona por tomar ventaja de quien era en ese momento”. Él mustio, tampoco parecía reaccionar con culpa o remordimiento, más bien con desdén como si le importara un bledo.

En ese instante me desperté. Cada cosa que hice en el sueño se sintió muy real. Mi corazón me dolía mientras los rayos de luz apenas entraban por mi ventana.

Pienso entonces que, aún, a pesar de tantos años mi corazón se siente dolido y atormentado por los errores que he cometido. Por la vulnerabilidad a la que me expuse durante tantos años entre delirios y alucinaciones. Entre malas compañías y personajes rotos. Supongo que me duele y me cuesta perdonarme por haber sido ingenuo y no haber visto, o más bien haber ignorado tantas alertas me costó caro. Me siento frustrado de no haber seguido mi instinto en mi inocencia.

Entre todo el caos por el que pasaba le di unas esmeraldas de mi abuela. Fui un ingenuo ya que en la necesidad me vi forzado a confiar en él ya que siendo un novato en todo, ni sabía qué hacer con estas piedras preciosas y necesitaba liquidez. Estas piedritas eran de los pocos tesoros que tenía de mis abuelos, porque realmente es muy escaso lo que poseo de mi abuela Maria y mi abuelo John. El maldito me las arrebató y desapareció junto con equipos que habíamos comprado juntos para nuestro negocio, un local de tatuajes.

Los dioses son sabios y en este sueño logro ver con claridad que mi dolor y mi peso, al parecer enquistado, no se debe a él. Al fin y al cabo, a él le importa en lo más mínimo que lo acuse y que le diga en la cara que es un ladrón. Posiblemente en el plano de la realidad su vida se esté desenvolviendo con normalidad y hasta con gozo. Mientras tanto, yo aún siento una suerte de pesadez por mi actitud tan despreocupada frente a estos personajes bizarros que en aquel momento conocí.

En retrospectiva, debido a una constante carencia de afecto por mí mismo jamás me detuve a pensar que yo, nadie más que yo, fui quien se traicionó. Mi amigo en aquel momento estaba roto, estaba loco, estaba malsano y torcido. Yo, aún más enfermo le acepté así. Le dejé apoderarse de mi confianza como una balsa que a ciegas baja por el rio. Me incumplí profundamente en el deber más sagrado y era protegerme a mí mismo.

Con el tiempo he cambiado y en mi circulo de confianza solo cuento con las personas más sinceras y nobles. Mis amigos usualmente son confiables, son leales sin importar la ausencia o la distancia. Están allí siempre dando lo mejor de sí mismos y creo aún ser también de ese tipo de amigos ya que si vuelven a mí por supuesto que encontrarán un apoyo.

Este sueño y este sabor amargo como el de un ácido anfetoso que me queda en la boca me permite ver, como en un destello de irrealidad, que debo perdonarme. Al carajo el perdón de los demás. A mí es a quien debo consolar porque siempre he sido un socio legal, un amigo que escucha y abraza la adversidad de la mano de sus más confiables camaradas. Tal vez, solo tal vez ese resquemor que aún siento por él es la excusa perfecta para mantener el odio encendido. Debo fulminarle si me quiero preparar para una sanación y una limpieza de mi cuerpo físico y espiritual.

La paz debe venir desde mis adentros. Debo aceptar que traicioné mi propia suerte. Que tomé las decisiones más estúpidas dejando de lado a la persona más importante en mi vida, a mí mismo.

Ya despierto y pensativo mientras me revuelco en la cama intentando volver a recuperar el sueño digo en voz alta: “Quien se clavó el puñal fuiste tú, querido”. Mientras me miro de frente ante el espejo, suelto el cuchillo y a pesar de aún estar sangrando me abrazo. La víctima acaba de perdonar al victimario.

Quiero que todo esto se vaya. Quiero que todo aquello de lo que me arrepiento y de lo que he sido responsable porque no vi las intenciones de la gente, porque no vi lo que era evidente, porque no seguí el consejo de personas que sí me querían. Porque no me quise lo suficiente para ser cauto y como siempre dejar que los demás, sin juzgarlos, me permeen que atraviesen mi piel, mi carne y mis huesos.

Me perdono la más alta traición mientras me abrazo. Comprendo que fui débil y sensible. Tonto e inocente. Estaba muy perdido saltando de alucinación en alucinación. Trip trip trip. El gato, Pink Tomate, me mira desde el balcón de mi vecino y en sus ojos veo el reflejo de mi paz. El reflejo de alguien que se prepara para la metamorfosis. Mi corazón sana y me preparo con decisión para el cambio. Doy gracias a los dioses y a los ancestros por mostrarme el camino y ayudarme a depurar todo lo pútrido y pérfido. Me cuido y me curo de todo mal.

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