Fábula a 3200 msnm

Entre los páramos y el bosque andino vive un venado. En toda la región todos lo conocen por el nombre de Zipa. Es un espécimen ya adulto y muy reconocido por ser paciente y pensativo, toma decisiones con tiempo y mucha consciencia. Se esmera en equilibrar y hacer que los demás convivan con armonía a pesar de las diferencias. Es reconocido porque alguna vez fue capaz de ganarle la más tenaz discusión al puma Chihisaba. Aquel felino es reconocido por saber mucho, muchísimo de los demás.

Todos iban ante Zipa para hablar y comentarles sus dificultades. Desde que llegó a vivir en la región ha sido un respetado integrante del bosque. Fue abrazado por la comunidad, ya que con sus certeras preguntas cada cuál encuentra su luz. Es reconocido porque hace que a uno se le prenda un foco, uno realiza las cosas.

El secreto de Zipa es que nunca muestra aquel dolor que lleva en el pecho. Zipa decidió convertirse en un solitario ayudante de todos porque su corazón se había cansado.

Un buen día todo el bosque y también arriba en el paramo se dejó de ver al venado. Cuando iban a visitarlo en su hogar siempre estaba ocupado o ausente. Entre chismes llegaron las aves y dijeron a todo el mundo que Zipa había encontrado el amor. Todos honestamente se alegraron de escuchar que alguien acompañaría al solitario venado. Sin embargo, gracias a esa distancia, cada cuál de los animales también descubrió que habían aprendido a hacerse las preguntas correctas y cada cuál andaba con libertad por la vida. Le dieron su espacio y su tiempo para que disfrutara. El único que se preocupó fue Güiá.

Chihisaba, que desayunó un copetón supo el rumor e inquieto quería saber que pasaba. Su instinto siempre hambriento de conocimiento se regocijó pensando en la oportunidad de darle una lección al venado. “El amor siempre nos hace vulnerables” -dijo- y fue a observar por sí mismo. Su mente es ágil y encuentra las mentiras que uno se dice a sí mismo. El puma es sabio, fuerte y despiadado. Parte a buscar a la pareja con un rápido y ligero paso.

En la orilla de una laguna que nutre al río Sumapaz el puma encontró a los venados mientras daban un paseo. Empezó a seguirlos con mucho sigilo manteniendo la distancia. Iba acompañando sus pasos sin que nadie escuchara sus pisadas o percibiera su aliento. Demuestra su maestría en el sigilo.

Zipa se encuentra eufórico, brincaba de felicidad, pidiendo permiso a los dioses tomaba flores y las regalaba a su amada Tota, daba brotes frescos y raíces, encantado de encontrar a alguien que moviera su corazón. Feliz de encontrar alguien de su misma clase. Ella en efecto sentía todo esto mismo.

Es preciso saber que la historia de Zipa es un tanto desconocida. El único que realmente conoce el pasado suyo es el Oso de Anteojos. Por los cuyes se sabe que, de joven, cuando aún no tenía sus astas, su hogar fue destruido por cazadores. Dicen ellos que estuvo viajando a distintos lugares y que cuando al fin encontró una casita al lado de una quebrada tuvo una familia y un hogar. En otra tragedia también los perdió, pero nadie habla de ello. Ahí estuvo el oso Güiá quien lo recibió cuando llegó herido y lastimado de algún lugar lejano.

Zipa y Tota suben la montaña hasta que el paisaje cambia. Los frailejones y el liquen abundan ahora. Las nubes parecen el mar más abajo y las montañas son islas. Ella se encuentra emocionada de ver todo desde tal altura. La maravilla de ver este espectáculo le sorprende y esa sensación de éxtasis la embriagó de emociones por este venado. Sin que ellos lo sepan el puma los sigue de cerca y observa la situación.

El venado declama poesía, le dice cosas hermosas, exaltado por encontrar su compañía, porque Tota es tan hermosa como la luna misma. Ella se deja seducir por sus palabras, poco a poco en su corazón empieza a crecer el amor. Nace el afecto y los sentimientos se desarrollan. El Puma que escucha atentamente, cerrando sus ojos y abriendo el alma para entender, escucha las siguientes palabras de Zipa:

“Tota, tu que me inspiras toda esta poesía. Entenderás que el destino te ha traído conmigo para que nos amemos. Ámame, te prometo las estrellas y el mejor barbecho porque estoy seguro que puedo hacerte muy feliz”.

Chihisaba, muy atento a todo esto descubrió la mentira que el venado se dice a sí mismo, lo supo al ver que tan sediento está el venado por compañía. Mientras cierra los ojos recuerda la fortaleza de Zipa, él es un sabio y todos acuden a él. Esta fortaleza también es su debilidad, piensa el puma. En el fondo de su corazón esconde un ego que le hace pensar que todo acude a él, su mente se ha vuelto perezosa y confía en sí mismo tanto que promete más de lo que puede dar. “El venado es soberbio y ambicioso, está ciego” -se dice a sí mismo-. El puma se aleja en silencio y mientras desciende decide quedarse en el camino posado sobre una roca mientras toma el sol.

Después de pasar toda la tarde en el páramo, Zipa y Tota descienden por el camino. El atardecer se aproxima y en el descenso se encuentran a Chihisaba. Zipa que ya ha discutido antes con el puma se mantiene firme caminando mientras el instinto de Tota le dice que huya.

Cuando están ya muy cerca de él, el ambiente cambia y la mente de repente se paraliza, como que los pensamientos están nublados y el cuerpo no responde. Habla el felino: “Zipa, hoy obtendrás un obsequio de mi parte. Tendrás que agradecerme después el privilegio de que me tome el tiempo para entregarte aquello que tanto presumes, pero que tanto careces: Hoy te anuncio que tu cariño es insensato y que solo hay una forma en la que tú podrás salir de este apuro y es diciendo adiós a tu querida Tota, entre menos tiempo tomes mejor será para ella…” Orgulloso y seguro de sí mismo, el cérvido decidió arremeter contra la roca que sostenía al puma y mientras esta se despeñaba, de un solo brinco Chihisaba se alejó y se posó en otra piedra más lejos, entonces dijo:

“No has escuchado y yo no lo he dicho para tu mal. Mi regalo el día de hoy es que puedes escoger dejarla ir a su suerte. Si no, tendrás que aprender del dolor prolongado y tortuoso.

Tu engaño es que crees ser prudente, pero tú has olvidado como amar de forma sana. Lo que sea que está en tu pasado te ha hecho solitario, solo hay rumores y me imagino lo difícil que debe ser siempre estar huyendo de ese cuadro tenebroso. Tú entonces hablas desde lo que es un paraíso imaginario, como queriendo escapar del pasado. Estas ansioso por lograr el paraíso. Debes ser moderado, si en este justo momento se separan por efecto de mi mera presencia el futuro de ambos será brillante y hermoso, solo tendrán que recibir lo que el futuro les depara. Yo solo me divierto siendo portador de las noticias que me ha dicho el padre tiempo.

Tú, maravillas y sorprendes para ablandar los corazones, de seguro te sientes un galán. Eres frágil y abandonaste el camino que te ha traído este bosque, no puedes conquistar a nadie sin pensar de forma insensata. Tu no tienes nada que puedas darle a ella, por más que la impresiones no hay nada que tu puedas aportar.

Haz caso, si no, aprenderás que el destino es cruel cuando crees que controlas todo. Tu crees que controlas incluso a las mentiras que te dices a ti mismo y estas te controlan a ti. A partir de hoy, con esto que he dicho, aprenderás a sufrir por tu necedad si no cambias tu curso. Hasta que entiendas el límite de tu ego y de tu mente. Mi regalo es el conocimiento que tanto presumes, pero sabes que mi naturaleza me hace más rudo y tenaz. Es mi forma de ser.”

Brincó nuevamente y se integro al camino para irse caminando en silencio, solo volteó a mirar y con sus ojos antes de desaparecer tras la montaña miró de nuevo a Zipa para ver si tomaría alguna decisión. Para su entretenimiento y regocijo vio consternado al venado, debatiéndose internamente entre dejar a su suerte a Tota o seguir. Duda con las palabras de Chihisaba, pero sabe muy claramente que el puma es un espíritu que transforma su entorno por medio de su energía activa, que aquello que dice lo ha de decir porque es verdad y lo que ve, posiblemente sea una extensión de sus garras, su magia es destructiva y dura. Él es peligroso pero necesario para que progrese el bosque. Zipa sabe que no puede ignorar esta magia.

La fama del puma es que sus palabras son cortantes, nunca se sabe cual es su propósito o si hay algo de ventaja para él mismo en lo que hace, pero siempre tiene la razón. Su fuerza reside en que escucha muy atentamente el corazón de los animales. Bueno, por supuesto, cuando decide hablarles y no comérselos. Porque en el equilibrio de la vida todos sabemos que es natural que esto lo haga y tenemos que dejar ir a quienes mueren en sus garras, para que otros animales, hongos e insectos progresen. Es parte del ciclo de la vida. Su labor es una bien difícil y peligrosa. No todos pueden hacerla.

Zipa y Tota recobraron consciencia, después del trance. Ella dijo que sería mejor marcharse y hacer caso al puma, separar sus destinos parecía la mejor idea. Le pidió que no temiera por ella y que la dejara ir. El venado obstinado le insistió y argumentó y argumentó. Olvidó hacer preguntas, como hacía usualmente, y pasó a afirmar y afirmar. De nuevo le prometió las estrellas y el mejor barbecho y ella con su corazón encendido se sintió segura y feliz. El camino juntos es prometedor al lado de semejante decisión y sobriedad.

Ya no eran solo uno sino dos los engañados. El puma, mientras bajaba sonreía porque sabía que su trabajo estaba hecho, se siente feliz de enseñar a los otros una realidad de la vida. A su manera, con dolor y dureza. Pronto desapareció entre matorrales y durante días nadie lo volvió a ver.

Mientras iban descendiendo el camino para ir de nuevo al bosque empezaron a tener los primeros tropiezos, porque ya no podían hablar de la misma manera, sin sentirse juzgados o incomprendidos. Mientras hablaban cualquier diferencia o cambio era una inseguridad que les hacía pensar en los ojos de Chihisaba, en el imperante fin y dolor. Al llegar a la base de la montaña, la tensión los acompañaba, sin un solo zarpazo, las garras estaban allí. Y cada vez apretaban más.

A lo largo de los días la pareja se seguía viendo, y con altos y bajos todos los días no podían disfrutar en tranquilidad de su tiempo juntos. Entre todo sus palabras y sus recuerdos se fueron acumulando. El apego es inevitable en estas condiciones. Cada muestra de afecto es lo más concreto que uno puede dejar en otra persona, memorias de gozo, de apertura y de vulnerabilidad. El compartir a lo largo del tiempo es algo que puede generar unas fuertes improntas en otras personas. Entre más pasaba el tiempo, cada vez se fortalecía algo, pero al mismo tiempo se volvía más frágil.

Zipa, empezó a perder su ánimo. De repente esa sabiduría que le hacía resaltar cesó de aflorar porque sus preocupaciones están centradas en Tota y una suerte de paranoia por saber en qué momento caerá todo. Era una simple decisión en un inicio, pero ahora es cada vez más difícil. En efecto la herida es mucho más fuerte y cada vez más grande. Se están desgastando poco a poco y van perdiendo sentido de la vida.

En profundo llanto, el venado que siempre fue un justo intermediario pensaba en resolver este conflicto. De repente y a pesar de que es tarde quería que todo terminara bien, pues por culpa de su obstinación e insistencia es que ahora estaban cansados y con dolor ¿Cómo hacer para cerrar la herida de la mejor forma?

Desea muy fuertemente que todo aquello que es bueno y que ha hecho que su corazón se enternezca permanezca allí. La belleza de Tota también está en su forma de ser en que su espíritu libre y arrebatado la hace mágica en lo que hace, en sus apuntes y sus intereses. Eso es algo que hay que valorar por encima de cualquier cosa, porque uno puede seguir amando a los demás, pero de una forma diferente. Uno no puede dejar de valorar aquello que los demás tienen de valioso.

En su pesadez Zipa decidió ir con el Güía para que le diera consejo. El oso escuchó atentamente a toda la situación como se la contó el venado. Se quedó en silencio y meditó durante un tiempo. Después de un intervalo decidió hablar:

“Chihisaba es alguien muy sabio y hay que aprender de él. Tal vez no es la forma más amorosa del aprendizaje, sin embargo, es necesaria. El regalo de Chihisaba es real. Aprenderás mucho de esta lección.

Tu bien sabes que llegaste a este lugar porque el cansancio emocional te hizo partir de tu hogar. No puedes usar de repente palabras tan fuertes para lograr tu cometido. Si aún no estas seguro de hacia donde irá todo. Debes usar tus preguntas para contigo mismo, debes ser cauto con como te abres a los demás sino quieres después tener que romperles el corazón. Aquello que hablamos cuando llegaste es que estarías en soledad para recuperarte y el puma sabe que esta es tu oportunidad para aprender.

Aquello que te aqueja es la ilusión de perder a alguien. Nadie necesita a nadie ¿Ya viste a tus vecinos? Como has perdido tu toque ahora todos han aprendido de ti. Te dejaron ir para que disfrutaras tu vida para que tu pudieras descubrir una verdad muy valiosa. Aprendieron lo mejor de ti para que tu ahora encuentres lo peor de ti y lo transformes. Tal vez nadie se pierda, tal vez solo hay que entender los límites a definir. El mundo sigue allí moviéndose.

Es triste, sí, en efecto. Pero el acto de dejar ir te ayudará a entender que el mundo tiene otras cosas para ti y que solo retienes en un pequeño momento lo que sea que viene para ti.”

Pensaba Zipa en sus adentros que en algunos momentos es difícil superar el apego. Algunas veces somos irresponsables con nuestros actos. Podemos hacer sentir a personas emociones hermosas, que les generan sentimientos en un largo plazo. De la memoria y de lo que compartimos con los demás somos responsables nosotros.

Zipa entonces le preguntó con firmeza al oso: “y entonces ¿cómo hago para que esto cese? ¿Cómo detengo el destino que nos he labrado?”. A lo que contestó: “Solo decídete, y vas a poner un rumbo fijo. Va a ser difícil. Posiblemente sufran mucho porque uno no puede dejar de amar, así como así, hay que transformar todo eso que uno tiene dentro del pecho en otra cosa. El duelo es preciso y más necesario es definir cómo vas a hacer en tu mente que todo funcione, como disponerte ante las dificultades e imponer con esa inteligencia, con esas astas que tienes, aquello que sabes que es lo mejor”.

Zipa entonces agradeció al oso y mientras volvía a su hogar fue meditando que debía hacer. Entre sus pensamientos recorría la idea de que mientras que uno ame uno debe estar dispuesto a dar la vida por la otra persona. La disposición es la de completa entrega, porque si no ¿Para qué amar? Pero cuando la pérdida debe ser asumida, es preciso estar dispuesto a dejar ir. Como cuando uno pierde un familiar o cuando uno pierde a un amigo. Debemos dejarlos ir por nuestro propio bien. Para poder vivir nuestras vidas ya sin ellos. O vivirla de otra manera.

Al hablarlo con Tota, comprendió. Su corazón fue gentil y sincero. Fue fuerte y noble. Se agradecieron mutuamente por el tiempo juntos y por la maravilla que generaron en sus corazones. Su amor trasciende para entonces hacerse sabio y eterno. Se eleva porque se cumple con el propósito de la vida. Las palabras de Chihisaba son el grato regalo de la separación sana, de la muestra de amor más suprema que es saber en que momento detenerse para no lastimar a los otros.

Zipa, volvió a su rutina diaria. En soledad se encuentra ahora, pero ha aprendido a que si anda sediento de amor sufrirá constantemente, sea lo que sea que le anima a buscar un amor de forma desesperada no puede hacerle desconocer las consecuencias de sus actos con los demás. Debe moderarse, pero debe ser el árbol que dé sombra y que abrigue con su amor. Pero para ser eso debe aún seguir creciendo y creciendo. Para eso uno debe darse el tiempo de conocer cuál es el destino al que vamos cada cual. Hay que conocer en profundidad las motivaciones de los otros y a estas alturas de la vida debemos dejar de prometer el cielo y la luna. Hasta que sinceramente nuestro regazo pueda ser ese refugio para el amor.

Aquello que encontró el puma es que en sus palabras tan desmesuradas había urgencia por que le amaran. Uno no puede mostrarse carente ante los demás. Sino más bien abundante y pleno. Chihisaba, como un siniestro titiritero ejerce la labor de cuidar el teatro del destino. Porque el destino no es más que las mentiras que nos decimos a nosotros mismos.

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