El fuego eterno se enciende en el centro. En mi metáfora siempre imagino mi reino en un valle frondoso y accidentado con montañas y colinas cavadas por el agua a lo largo de millones de años. El agua y su magnífica forma de fluir. Ociosa porque busca la llegada más rápida a todo lado, pero implacable porque a través del tiempo marca y labra con fuerza rocas duras y firmes, creadas por titánicas fuerzas no pueden resistir la suave caricia de la determinación.
Para mí construir un palacio ha sido poder tener claridad frente a las dimensiones de mi espacio personal, el poder tener un lugar donde sentirme seguro a pesar de todo aquello que me golpee. Mi lugar seguro está conmigo caminando largas distancias, en medio de la carretera, al lado de un volcán o conversando con la gente y conociendo sus vidas y sus pensamientos. Yo puedo vivir en cualquier parte del mundo, sin la necesidad de dinero ni objetos. Solo conmigo, con mi arte, con mi magia y con mi conocimiento.
En sus pilares la experiencia y la sabiduría de las guerras que antaño me ocupaban como guerrero; la herencia de mis ancestros que me aporta mi magia, el camino de mi aprendizaje y mi corporeidad biológica; la riqueza interna de mi emocionalidad y sensibilidad para expresar y hacer mutar todo en arte. Aquí yacen todos. Mi ser, sereno, tranquilo, fresco y libre habita este lugar. En mi palacio justo en el centro hay un jardín en donde florece todo lo que amo, anexo a este jardín están las habitaciones indispensables para la vida misma, una caliente cocina donde se bendicen y purifican los alimentos, habitaciones para habitar en pompa y tranquilidad, cuartos donde la música, la pintura, la escritura y las artesanías abundan. Galería de mi vida, exposición reservada para quien desee acompañarme aquí.
Mi templo es el lugar donde medito, donde los dioses me muestran el conocimiento arcano y secreto. El conocimiento místico y religioso, no de dogma, sino de volver a ligar con la naturaleza suprema. Mi templo es dónde a través de la experiencia mágica y asombrosa de conocer a Dios me mantiene firme a conocer mi destino, a aprender siempre de cada situación sin importar que tan abrumadora o dura sea. Encontrar como todo me une con la divinidad.
De repente y de a pocos las casitas empiezan a encender sus luces. Mientras que voy colocando piedra por piedra y con el paso del tiempo llegan habitantes al valle, amigos, conocidos, personas bellas y muy hermosas que se aproximan para siempre darme un aliento y una bendición. Mi familia vuelve del exilio al que yo los envié. Las voces empiezan a sonar en el valle. Sus rostros me alegran y tenerlos conmigo me sienta bien.
En mi vida la sensación de calor vuelve. Las emociones florecen de nuevo con claridad, con una brillante luz. Fuerte como un torrente, como un dique cuando se ha desbloqueado, los campos se riegan y las cañas empiezan a crecer. A pesar de que tenga que tomar decisiones fuertes puedo contenerme y disfrutar de la solemnidad de mis sentimientos más profundos. Si ha de doler, duele y se disfruta, porque para estar vivo hay que sentir y viceversa.
En el pueblo se preparan los trapiches, se hacen dulces con la panela y se organizan los eventos y las fiestas. Mientras que el fuego eterno de la vida se enciende en el centro de la plaza, los toldos y los carritos ambulantes se acercan. Se celebra la felicidad de la vida en sus claros y oscuros. Se sirven los tragos de esa misma agua, esa mismísima que forjó el valle, ahora imbuida con un espíritu alegre y festivo. En tanto que se enciende el fuego, la vida llena las calles y la alegría llenan los corazones. La música suena y el ruido inunda este cuenco entre las montañas.
Hoy con mis amigos, la alegría de encontrar camaradas y la libertad de ser uno mismo. Con mi familia porque los actos de cariño de quienes amamos ensamblan la unidad del clan. El calor humano de sentir que se toca un alma, que con una conversación de verdad se conoce a alguien rico, abundante y lleno de un universo nuevo por apreciar. La sorpresa de poder conocer otros mundos y amar aquello que está allí.
Los duelos y la pesadez del pasado se tienen que ir. A los muertos se les deja ir. Hoy celebramos que la vida trae nuevas oportunidades, que el trabajo duro ha traído sus frutos y reverdecen los campos y las tiendas con la riqueza que todos aportan.
Tomaré un traguito y ofreceré a las ánimas un poco. El calor invade mi cuerpo y se sacude el espíritu. Cada otoño se recoge la última cosecha. Hoy disfruto del arduo trabajo que he hecho para, hoy, estar acá, mucho mejor. Suelto una carcajada y mis cachetes se sonrojan. Me siento pleno de verdad. Me siento a gusto. Definitivamente los dioses dispusieron de un aprendizaje fuerte y severo, pero escogí el camino correcto. Hoy mientras que me veo aquí embriagado por tanta felicidad, después de la noche oscura ya no hay que me detenga.
Aquel turbulento pasado donde no estaba seguro de lo que quería, aquel perro sarnoso que hace años temblaba ahora luce como lobo. Conmigo viaja un cosmos robusto y rico. Yo merezco lo mejor y lo más bello, porque también así soy, así me veo, así me siento con todo lo que soy capaz.
Entre toda la bulla, entre todo el caos y la gente tengo una visión clara, un poco aturdido y eufórico por el licor escucho una voz aventurera en el fondo. Habla de montañas y parajes escondidos. De lugares remotos como en los que yo he estado. Miro de reojo y veo una mujer hermosa y a lo lejos la observo, ella me saluda. Por un momento, solamente creo estar desvariando como si hubiese visto una de las apariciones más hermosas que he visto. Así que solamente puedo dejar que mi mirada vuelva a la conversación en la que me encuentro, mientras ella desaparece entre la multitud. Mi corazón se inquieta por saber quién es y palpita como diciéndome que quiere que vaya y la busque.
La fortuna me sonríe. Yo creo que este es un excelente momento en el cuál puedo lanzar una apuesta grande a la vida. Puede que sea el efecto vitalizante del trago. No se trata aquí de conquistar o de obtener un mérito. En mis adentros medito sobre la profundidad a la que deseo llegar en el amor. Es tiempo de probar una nueva realidad más acorde a las necesidades del momento. Tengo que ser yo mismo y poder mostrarme transparentemente. Íntegro en una sola pieza. En medio de esta celebración que me trae la vida, mientras mi reino se enciende yo empiezo a disfrutar de nuevo de mi vida siendo mía.
Mi reino será aquel lugar de regocijo para que quien se acerque pueda abrirse, donde aguardo pacientemente a que llegue a mi la persona que desee mi existir y que me acompañe en cada una de mis aventuras y conquistas. Es preciso que aquellos que vengan acá sepan que amo de forma muy potente, que de mí tendrán lealtad y alguien que cuida de ustedes. Que los quiero de forma intensa y permanente en el tiempo. Que mi entrega es total.
Yo ya no quiero amar a medias, ya no quiero estar insatisfecho o incompleto. Es preciso tomarme el tiempo, las cosas buenas tardan y se hacen con dedicación. A ninguno de los que están aquí presentes pienso darles menos que lo que merecen. Ya no necesito ni comprensión ni mucho menos asistencia de ningún tipo. Yo puedo. Yo solo quiero que sepan que tanto les quiero dar afecto con la intensidad y la vigorosidad que me caracteriza. No dejaré de ser claro, aunque me mantenga cauto. No dejaré de ser esa mezcla alquímica de magia e historias. Esperaré a quien escuche todas, a quien encuentre en ellas paz y regocijo. Quien con estas quiera crear muchas más y vaya conmigo a los confines del mundo. Quien esté dispuesto a ir más allá.
Al fin y al cabo, que sería yo sin mis ambiciones y mis anhelos. Quien sería yo si vivo por los sueños ajenos. Qué sería de alguien que viviera solo por mis ilusiones. Es preciso tomarse el tiempo para que se muestren, para que me permitan ver aquello que está bajo la piel. Aquello que solo sueltan cosas como este aguardiente hecho con dedicación y esmero.
El néctar de caña que acaba de crearse es una amalgama de fuegos que arden y el agua que baña en abundancia este lugar. No hay de este tipo en ningún lugar del mundo. Mi vida está poseída por el espíritu de lo que he vivido. Desde la fértil tierra que soy yo, y en la que he escogido cultivar y cultivarme, pasando por todo aquello que mis seres queridos y amados me aportan y con todas las personas que se ven convocadas a venir aquí.
Amaré como en griego se entiende Agape, amaré incondicionalmente; te quiero como eres y te quiero a mi manera, como soy. Aquí estoy dispuesto a intentarlo todo con parsimonia y dedicación. De la mano de padre tiempo quien me ayudará a esperar y observar quien permanece bajo la sombra de mi rico paraje.
La vida nueva se abre plena. Aquí yace el placer de renacer. Salud!
