Soberbia

Tengo un gran problema. Mi lado paterno tiene una gran dificultad y ese legado es algo que hay agarrar por los cuernos. Para poderla abordar necesito entrar en contacto con un mundo subterráneo de emociones violentas y fuertes. En su núcleo más duro está la soberbia.

Buscar el recuerdo más hermoso que tengo de mi padre es una labor difícil. Este tipo de recuerdos son de esos que se vuelven crípticos y que yo he dedicado mi vida a reprimir. Estoy entendiendo bien que entre más me interno en este dilema me voy dando cuenta del daño que yo mismo he hecho y las repercusiones que los años tienen en esto. El tiempo en este caso no ha sido sabio. Me ha ayudado a olvidar y tal vez a amansar la bestia que se creo el día en que decidí romper todo vínculo con mi papá.

Tengo en mente el día en que estábamos escarbando entre recuerdos y documentos de mi abuela María. Ese día mi papá lloró y me dijo algo que no sé a cuantas personas se lo ha dicho, pero me mencionó que quiso poder hacer más por mi abuela. Ese día de verdad todo mi ser se conmovió y en una especie de paz ese día terminamos acordando ayudarnos mutuamente. Para mi ese ha sido el mejor día porque pude entender algo de mi padre. Pude ver a través de su dura armadura.

Mi sangre paterna me ha heredado virtudes. De mi fenotipo genético me encanta mi contextura, la altura, un armazón sano y robusto. De mi intelecto agradezco mucho la facilidad que tenemos, con mis hermanos, para ser unos académicos e investigadores. Por algún motivo siento que de mi lado paterno tengo una curiosidad nata por el conocimiento. Mi papá es bastante conocedor de muchos temas, hablar con él es placentero, su cultura general, su conocimiento del mundo le permiten ser una persona agradable y profunda. De espíritu, lo que me legó fue la autonomía y la libertad. Costosas por su belicosa urgencia, pero mi padre me ha dado la capacidad de ser alguien que no se va a rendir, va a buscar la forma de hacer las cosas por sí mismo y conseguir todos los recursos para que eso, que es propósito, se logre.

Doy las gracias a Dios porque me ha permitido ser hijo de semejante dignidad. También doy gracias por los regalos que me ha dado de parte de mi linaje porque sin esa conexión tan fuerte con mis ancestros tal vez no estaría donde estoy. Posiblemente ni estaría vivo.

Entre más voy creciendo y a pesar intentar nadar a contracorriente todos estos años, creo que cada vez me veo más como mi padre. Es una situación un poco delicada porque a pesar de que he estado combatiendo con intensidad ese lado mío ha perseverado y los efectos de mis acciones han sido inversos. Aún no lo entiendo porque a pesar de que aquello que comparto con mi papá es mínimo cada vez me vuelvo más como él.

Un hombre soberbio.

Al ser inteligente y tener la oratoria o la lengua que tengo, siempre me he encontrado en ventaja con una gran parte de mis cercanos ya que sus habilidades y logros están encaminados en otra área de la vida. Soy persuasivo y siempre me ha interesado la seducción, utilizo todo mi cuerpo y alma para lograr aquello que deseo. Sé cuando me admiran y me encanta capturar la atención de las personas. Un poco como un animal peligroso y cautivador, suelo raptar solo con palabras y con el gusto.

Curioso e inteligente, con una bastedad de conocimientos porque mi mente es bastante curiosa. La filosofía, la historia, la política, la poesía, el arte y mi conocimiento empírico forman parte de un profundo existir. Quien se tope conmigo encontrará en efecto a alguien que medita sobre el mundo y se esfuerza por entenderlo. No soy ingenuo ni tampoco estoy libre de pecado. Me he dado la libertad de pensar en lo más oscuro y volver para contar la experiencia.

La combinación de ambos factores siempre ha hecho que una visión de superioridad surja en mí. Un halo de soy indestructible. Mi ego siempre se ha ensanchado y se ha visto inflado por las ínfulas de sabelotodo. Cuando soy un ignorante de todo.

Cuando esa gran maldición aflora el mundo se vuelve en contra. La más pequeña muestra está en una actitud servil pero autoritaria. Yo busco entender por qué las cosas suceden, al ser un analítico de tiempo completo si no encuentro un por qué me sulfuro y forzo las cosas para que muestren su naturaleza. Hay veces que no puedo arreglar las cosas. Las emociones no son un artefacto, las emociones solo vienen y van. Tal vez en esos momentos lo último que alguien necesita que le pregunten qué le pasa. Puede que no quiera repasar en los sucesos o que no quiera recordar para no sentirse más lastimada. Mi soberbia explota en preguntas inquisitivas y se desespera al no encontrar respuestas lógicas.

Que idiota. Solo era cuestión de dar afecto en un momento difícil. Las emociones funcionan en el reino del corazón, no en el de la cabeza. Un abrazo, un detalle, algo que muestre que estás allí cuando la persona ya haya procesado su momento. Empujar a las personas a que resuelvan sus emociones como yo lo hago no me lleva a nada bueno. Debo ser humilde y entender que yo no tengo la respuesta a nada frente a las emociones de otros. Mi soberbia me atrapa y podría durar eternamente intentando entender o saber que pasa con los demás y todo para nada. Porque tal vez ya la emoción sea otra, porque tal vez ya no haya nada que reparar o tal vez ya todo se rompió.

Este es un veneno muy fuerte.

Debo templarme y entender que si me aboco hacia las emociones todo trabajo arduo o que uno busque sea perene es en vano. Las emociones no pueden dominarme y no puedo salirme de mis casillas. Las emociones no pueden ser con aquello con lo que gobierne mi cuerpo ni mi lengua. Las emociones pertenecen al legado inmaterial y a nuestra percepción momentánea de las cosas. Nuestra psique sintiendo cada momento y percibiendo aquello que está allí. Es un mundo vasto que construimos colectivamente y también lo integramos dentro de nosotros y le damos un sentido. Nos apropiamos de ellas para vivirlas individual y colectivamente.

La ira fue durante mucho tiempo algo que me mantuvo marchando mientras yo pensaba que me iba a despedazar. Entre los dieciocho y veintiséis viví odiando a mis padres. Tal vez la época más interesante por todo lo que viví, pero también la época en la que casi me muero varias veces. Ya sea por amor o por la propia desdicha en la que viví. Al intentar consolidar una vida para mí no fui responsable conmigo mismo y eso causó mucho dolor a otras personas.

Hoy es preciso que me despoje de esta maldición. Para lograr ser responsable afectivamente es preciso controlarse. Es preciso saber en qué momento morderse la lengua y esperar a que los eventos muestren la verdad de las cosas.

Necesito aprender del estoicismo y de la sobriedad de un Marco Aurelio. Al levantarme debo pensar que me toparé con la persona más insensata y debo abrazar el momento para no caer en discordia. Debo aprovechar cada oportunidad para mantenerme sereno y aprender de ella para mantener la tranquilidad. Al fin y al cabo, hay propósitos ulteriores a los que quiero llegar y esos deben primar todo el tiempo. No voy a llegar dichos si cambio intempestivamente mi rumbo.

En algún punto perdí foco, perdí realidad y la presión de todo lo que estaba cargando empezó a lastimarme. La soberbia me retuvo prisionero de mis propios compromisos durante años. En todas las oportunidades mi corazón flaqueó y por medio de una constante percepción de decepción por mi mismo y por el futuro inminente.

El problema de los designios del amor es que son limitados y la mera diferencia nos puede hacer chocar. Me cuesta trabajo tomar decisiones con racionalidad y no puedo partir desde mi flaqueza más grande para lograr mis propósitos. La autosuficiencia es algo de lo que preciso. Necesito tener una base sólida de la cual partir hacia mis propósitos de vida. No puedo estar a la suerte de mis emociones ni depender de los demás para lograr alguno de éstos en la vida.

Así repito la historia del clan. Después de tantos años de esfuerzo en algo que no se materializó se vuelve a empezar de cero. Necesito romper con estas cadenas. Mi vida no puede ser prisionera de la misma secuencia de eventos. No puedo vivir otros diez años volviendo a empezar. Luego ya será muy tarde. Debo tomar espacio para mí y para mis sueños. Ser justo y valorar la libertad que tanto aprecio.

En este caso también debo deshacerme de mi soberbia para entender como soy el artífice del mal cuando creo ser el que sostiene al mundo. Yo no soy quien para arreglar la vida de los demás ni para ser redentor de los pecados de los demás. Simplemente cuando las cosas ya no dan, no dan.

Hoy si necesito redimir algo es la disposición que tengo para con los demás. No puedo dejar que mi paz se inquiete por alguien más. Debo mantenerme con mi foco en mente. Debo airearme, debo estar solo por un tiempo para encontrarme y construir mi vida. Nada debe detenerme al respecto. Mi vista debe tener como foco esta búsqueda incesante por tranquilidad. Es preciso para ello que yo escoja bien mis acciones y que me comporte a la altura del reto al que me voy a disponer si sigo escribiendo esto.

Porque lo necesito. Necesito que de mi propia sangre emerja la sanación y el balance que es preciso ahora. Debo nutrir mi vida y recuperar con el tiempo la calma, expiar mis pecados y cargas emocionales durante un tiempo para poder emerger de nuevo y al menos tener algo que aportar a los demás, desde lo material hasta el plano más elevado. Quiero que en mi hogar resida mi existencia a sus anchas sin sentirme visto. Un momento donde pueda desaparecer de la faz de la tierra para estar conmigo mismo.

Dedico pues, tiempo a lo que necesito. Me enfocaré en la serenidad y en los objetivos loables de la vida para traer bienestar. Debo volver a ser maestro de mis interiores para dominar allí afuera. Debo dominar en mi alma para poder encontrar quietud y con esta claridad de mente y espíritu.

El día en que pueda hablar con mi padre sin sulfurarme y sin discutir ese día lograré vencer mi mayor miedo y es perder el control frente a la soberbia de mi familia. Empiezo por escribirle cartas, así no las lea. Debo dar amor puro, sin arbitrariedades, sin autoritarismo y sin dominar a los demás. La serenidad me acompaña a todo lado y de ella brotarán las flores, así como se llena el campo de plena paz. Necesito la paz para conmigo y para con otros.

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