Peregrinaje

Debo partir. Yo he bajado mis armas. Ya no soy quién para luchar. Venus me dijo el día que se fue “My dear golden boy, love is like a butterfly. You must let it fly or it dies”. Tal cual, hoy más que nunca, necesito poder apropiarme de mi propia vida y necesito partir. Debo retirarme porque tengo miedo de empeorarlo todo. Lo más sensato que puedo hacer es quedarme solo. Ya ha sido suficiente y no puedo sofocar a nadie.

Estoy muy aturdido y por ahora necesito alejarme. Marchar, poco a poco, en un peregrinaje que me ayude a depurar todo el daño karmico que he generado. Debo volcarme a suturar y sanar todo el daño también que me he hecho. En efecto, ya no puedo pensar en reparar nada, necesito es retirarme para sanar conmigo mismo. No soporto compartir esta pesadez con nadie.

Necesito pasar un tiempo en la naturaleza, necesito ir a conocer lugares y personajes nuevos. Necesito orar. Quiero abrirme al mundo siendo esta pieza única de ser humano. Es preciso que mis emociones se apacigüen. Necesito claridad y estar solo me lo puede dar.

Como ha sido costumbre, costumbre que debo cambiar, todo ha sido tan rápido y tan explosivo, como un rayo. Yo ya un experto en enfrentar este tipo de muertes, porque en efecto una versión de mí tiene que morir después de esto. Ya es imposible retroceder. La tengo por el cuello y lista para ofrecerla a los dioses a forma de sacrificio. Esta experiencia no puede simplemente desecharse sino hay que hacer ese proceso de rescatar lo que sirve, lo que de verdad ha dejado una huella y marchar a nuevos parajes.

Mi primer paso es adentro. La resiliencia, ese concepto tan usado para cualquier cosa, es precisamente algo que hace parte de mí. Al fin y al cabo, nunca me voy a rendir, voy a cambiar.

La siguiente analogía es como mis emociones se mueven: A pesar del sol radiante tomo mi sombrilla porque procuro no decepcionarme a lo largo del día con un cambio repentino de tiempo. Llevo conmigo medicamentos y si por mi fuera, todo un botiquín. Antes de salir busco las diferentes rutas que me pueden llevar y observo los mapas para no perder el rumbo. Es sencillo, soy alguien a quien el pesimismo lo protege de cualquier percance. Es por esto que la calma me acompaña. Yo soy sereno ante los desafíos.

Mi corazón es un mecánico. Desarmar, rearmar y reparar es su afición. Se encarga de analizar y desmembrar a la emoción en cuestión. Necesita entender razones y ajustar aquí y allá como un científico loco. Un corazón servil que ama a los demás con gestos de servicio y con la mano de un mayordomo. Un corazón obsesionado con que todo esté “bien”.

Mi alma densa y profunda. Llena de tesoros. Mi alma necesita un propósito y una razón de ser trascendental. Lo mundano y lo material jamás le han llenado. Mi alma es la de un misterioso hechicero que va por el mundo cumpliendo con su destino. Con él todo lo necesario para subsistir y resistir a la peor adversidad. Mi alma es resistente a los más fuertes vejámenes.

Mi rostro amable y gentil, así como justo y tranquilo. Mi forma de proyectarme es como alguien negociador y diplomático. Soy buen compañero de todos y ¿Por qué no? me gusta llamar las miradas de los demás, ya sea por mi discurso de maestro o por mi inteligencia que siempre me ha acompañado.

Lucho contra el mundo con constancia, persistencia como un cangrejo en la orilla del mar, sujetándose a las rocas para nutrirse y crecer a través del tiempo. Un soñador que es un lunático, que aspira a cosas muy grandes porque en sus sueños su familia está con él. Pero mi familia es un clan, es una red extensa de personas que me han cobijado con sus buenas intenciones. Las distintas familias que ha reunido mi experiencia han sido vitales en su momento. Lucho como una madre por los intereses de quienes amo, en ocasiones han sido amigos, amantes y mi hermano.

Mis debilidades están en los momentos donde siento impotencia o cuando siento que no puedo arreglar las cosas. Me cuesta trabajo separarme de situaciones difíciles o que posiblemente no me beneficien por el mero hecho de querer ayudar o por puro amor. Soy alguien que permanece a pesar de la presión.

Que la superficialidad del día a día ahogue el significado trascendental de mi vida es mi miedo. El tedio y una vida vacía calan fuertemente después de mucho tiempo. Que se pierda mi rumbo y que tenga tantos proyectos por empezar me fastidia porque me hace ver la incapacidad para concretar algo.

Soy intenso y dogmático con algunos temas en específico. Me exalto en una discusión acalorada y puedo dejar de escuchar a otros en algunas ocasiones porque me convenzo a mi mismo de necesitar una victoria. Cuando soy bien consciente que en la ciencia no hay ganadores o perdedores sino ciegos buscando luz.

Debo abrazar mi existencia. Recuerdo cuando estuve viajando que forjé una suerte de rutina donde oraba a primera hora para agradecer a Dios, cantaba, bailaba o movía mi cuerpo de forma libre para poder dinamizar la energía en mi ser y en mi mente. Si tenía una, podía tocar una guitarra. Luego iba a un paraje bonito, en medio de la naturaleza, en una playa, un árbol o subía una colina. Empezaba a tejer. Pintaba mis acuarelas. Dios me dio el excelente beneficio de disfrutar de ese estado de éxtasis y tranquilidad. Hoy siento que recupero esa parte de mí a pesar de todo lo perdido.

Este justo momento es el comienzo. Debo deshacerme de todo aquello que hace pesar al alma. Debo aligerar mi equipaje nuevamente. Drenar y limpiar. Mis actos fueron con inocencia, porque no considero haber obrado con intención de mal, ni he sido un artífice intencional del mal. Solo fui insensato. Más bien soy un niño en el amor. Todo mal pensamiento, todo mal deseo, todo sufrimiento o dolor que he causado a otros debe cesar. Me quito mis ropas y dejo caer cualquier peso.

A todos mis seres queridos les he salpicado con la herida que se abrió y todo se precipitó. Los poetas definitivamente son profetas como dijo Mercedes Sosa citando a Cesare Pavese. Aunque yo no soy poeta. Desde el momento en el que empecé a escribir todo esto, sabía que al igual que esa escena de mi infancia donde yo logro presentir que voy a cortarme con un cristal, estaba presintiendo un cambio fortísimo y que ha llegado a mi como una prueba de esa inconsciente parte de nosotros que decimos llamar destino.

Lo siento porque hace tanto que mi corazón duele y lo único que supe hacer fue alertar a todo el mundo de la posible avalancha. Lancé una voz de alarma al empezar con pequeñas explosiones, porque ya no podía retener el daño que llevaba dentro mío. Yo a pesar de estar inmolándome retuve la explosión tanto como pude. Algo cambió en mí y mi amor enturbió. Mi espacio personal empezó de nuevo a ser importante y la necesidad por aislarme para poder trabajar con mis problemas.

Esta es una voz de alerta para mi mismo. Si de verdad quiero sentir el momento debo ser claro cuando yo necesito aislarme, de verdad lo necesito. Necesito irme, necesito viajar a otro lugar en el que mi anonimato me haga reencontrarme conmigo mismo. No puedo lidiar con mis problemas si tengo a otros pidiendo que yo responda a su atención. Necesito foco, necesito caminar mucho, conocer distintos lugares y personas para encontrar mi verdad de la mano de los dioses. Mis respuestas no se encuentran en una discusión álgida sino en la verdadera esencia de mi ser. En depurar toda la tensión subiendo a una montaña o internándose en un bosque. Junto a una cascada o un océano.

Esto es lo que hace que mis compromisos sean espejismos. La vida quiere aterrizarme y hacerme formar raíces, pero tengo muchas dificultades con ceder ante mis libertades. No siempre estoy accesible, no siempre soy fácil de llevar y mucho menos soy dócil ¿Cómo domesticar un lobo, si yo no quiero ser un perro faldero? Es claro pues que la vida me ha llevado múltiples veces a sortear la misma cuestión. Yo soy el único que, terco, ha intentado reformar el hogar que mis padres nunca pudieron formar.

Vuelvo aquí con el dilema de la familia. Porque mi trampa desde el inconsciente siempre ha sido querer formar un hogar. Querer reconstruir lo que en algún momento se rompió. Replicando el circulo de dolor de la anterior generación. Yo, en efecto, soy una oveja negra. Tengo que serlo porque he sido bendecido por Saturno y por Urano con una visión diferente del hogar y de la vida. Debo amar esa parte de mí y entenderla para saber cuales son mis limites y mis fronteras a disputar. Ya no estoy para arrepentirme a mitad de camino de nuevo.

Necesito que las personas me conozcan por completo antes de que yo me lance a cualquier aventura, necesito forjar confianza y entender también a las otras personas antes de involucrarme con ellas en alguna suerte de vínculo o relación con estabilidad. Debo tomarme mi tiempo para conocer a los demás por completo, para que vean mi forma de ser y comprendan mis intereses mas profundos. Debo tomarme con calma las cosas. Entro en esta fase austera donde yo me encargo de formar uno a uno los vínculos con las personas y debo estar muy atento con mi corazón reparador ya que debo ser más certero con las expectativas que doy.

Limpiaré y ordenaré mi agenda diaria. Cuidaré de mi cuerpo y de mi salud. Debo recomponer mi vida, debo hacerme a mis propias cosas y pieza por pieza empezar a reformar mi palacio. Poco a poco ir convirtiéndome en el mago que domina los elementos para avanzar en la senda del conocimiento. La vida es tan extensa y amplia que aun no sé por qué me he limitado siempre con esa idea tan pendeja del hogar, cuando me es inaccesible.

En este peregrinaje debo aprender que la humildad y la sobriedad me deben acompañar. La ilusión de la materia desaparece porque la alquimia muestra como se pierde masa mientras se genera el elemento efecto de dicha descomposición.

Viajaré a conocer los templos sagrados. Debo recomponer algo con mi lado femenino. Recomponer la relación con mi mamá y pedir a las diosas, santas y heroínas que me ayuden a conciliar y comprender como avanzar frente a este gran obstáculo en la vida. Yo quiero cuidar a mis seres amados, no maltratarles. Les pido fuerza para que me permitan ser alguien que contribuya a superar las trabas generacionales de mi familia, para que me permitan amar sin vicios ni obstáculos. Que me permitan conocerme lo suficiente para saber cómo reparar este daño.

 Viajaré para encontrar a mi linaje paterno. Para unir de nuevo los cabos que atan a mi familia, aquello que solamente puede responder mi padre. Buscaré en los lugares del pasado para entender más sobre la familia y lucharé por encontrar toda la información posible para restaurar mi capacidad de tomar decisiones racionales, por tener la fuerza de todos mis ancestros masculinos y que de ellos emane la sanación que tanto necesitamos en mi clan.

Buena parte de mi tiempo estará concentrada en el musculo económico, en producir para lograr hacer mi pequeño centro, mi balsa para navegar, mis herramientas y para cuidarme.

Si antes viajé con todas las dificultades de la vida, esta vez quiero irme preparado con inteligencia y con mucha sabiduría. Buscaré la forma de hacer que todos los medios converjan en este único propósito porque necesito estar bien conmigo mismo. Necesito superar esta etapa tan desagradable y tan obtusa. Necesito entender como construir mi reino y todo empieza por el clan, por los seres amados y las personas cercanas. La familia debe organizarse y debe atender a un propósito: el apoyo mutuo.

Me interno pues en un viaje para expiar los males que he cometido y para también reparar aquello que se dañó en mí. No puedo seguir viviendo de esta manera. Debo vivir lleno de amor, porque el amor es la ley fundamental del universo. El amor es aquello que de verdad nos permite avanzar en este intricado cruce de caminos que es la vida.

Si bien mi propósito es para conmigo mismo la compañía de quienes me acepten y quienes deseen compartir un poco de su tiempo conmigo será bien recibida. Haré mi mejor esfuerzo para acercarles y que de mi amor por ustedes se fortalezca nuestra amistad, nuestro cariño y apoyo. Ya sea en la distancia, ya sea cerca de mí. Les agradezco infinitamente por compartir sus pensamientos y su concejo porque sé que lo han hecho con cariño.

Deja un comentario