Todo caos busca el orden, y todo orden tiende al caos. Entre los distintos procesos de transmutación hay uno que habla de la reducción por putrefacción. Todo se pudre, todo se daña. El día de hoy pienso en las debilidades que siempre he tenido. Hoy sobre todo pienso en la susceptibilidad de mis emociones y la fuerte y volátil reacción química que estas pueden generar.
Me encuentro en un punto de inflexión de nuevo. A pesar de la armonía momentánea, de nuevo todo se desajusta. Yo solo puedo querer mucho a las personas a las que amo y no pretendo nunca ponerles un puesto o una preferencia, nadie puede ser primero o segundo. No puedo conciliarme con la sociedad en esto. Al fin de cuentas siempre he sido una oveja negra y de alguna forma siempre he sido divergente. Es por esto que tengo aún un reino por construir y en mi corazón apremia trabajar arduamente por ello. No puedo ser rey sin un reino. Necesito asirme a todas las personas que amo y fortalecer con esto mi propia experiencia. Construir para cada uno un lugar implica mi dedicación también con otras personas que amo y me hacen más fuerte. No puedo renunciar entonces a que talentosos artistas, científicos e ilustres personajes que pasen por mi reino. Debo apoyarme en ellos para que, de sus vidas, cuando vengan, encuentren también un fuerte aliado, un rico puerto comercial y una floreciente amistad que les sea de provecho.
Mi naturaleza es dual me hago querer mucho porque sé que mi forma de ser cautiva y genera anhelos al poder apoyar a quienes se acerquen a mí. Por otro lado, también soy alguien que toma su propio espacio, alguien que no teme a la soledad, se divierte en ella y la necesita para permanecer nutrido, sano y ventilado. Ambas parecieran contradictorias en tanto que puedo generar una suerte de adicción a mis palabras, detalles y mis expresiones de cariño mientras por otro lado requiero de tiempo para poder respirar.
Mi intención jamás ha sido aprisionar a nadie ni atarle o someterle. No quiero ser quien hala una correa, no me gusta ser verdugo de nadie. Sin embargo, si he carecido de cierta asertividad e inteligencia emocional ya que mis gestos y mi forma de desenvolver las relaciones ha sido más bien intensa. No he sido responsable al momento de pensar en qué efecto tienen para con otros mis muestras de afecto. No me he detenido a pensar ¿Cuál es el impacto de cada beso, de cada caricia y de cada poema en la otra persona? O si ¿Proyectarse y construir juntos será demasiada carga y responsabilidad?
En ese sentido he sido un niño durante todo este tiempo. Estoy perdido en un bosque de emociones y afectos. De repente ver su bastedad me abruma. De repente me doy cuenta de que, para mi sangre, aquellos a quienes jamás podré dejar, a quienes jamás podré negar, nunca les he dicho que los amaré por siempre. A ellos a quienes son los únicos que uno puede hacer esa promesa. Al fin y al cabo, uno no puede dejar de ser hijo o hermano, así como así.
Les he prometido por siempre a mis amantes. Cuando toda relación es finita y ya por mi cruda experiencia entiendo que el amor romántico no se da, que estar toda la vida con otra persona es bastante difícil. Las relaciones son complejas, de acuerdos, de pactos de siempre estar negociando. Es un arte de la dedicación y el esfuerzo.
A mis amigos los quiero mucho, pero los he dejado marcharse, porque yo puedo ser amigo a través del tiempo. Espero que me perdonen porque siempre me he enfocado mucho en mis relaciones amorosas y hay veces en que me permito internarme tanto en esos mundos afectivos que pierdo de vista que siempre han estado allí para mí. En mí caso también encontrarán los brazos abiertos. Ustedes son mi red de apoyo.
Mi falla siempre ha sido mostrarme dulce y cariñoso cuando mi amor es un poco austero. No he sido responsable con mis meras muestras de afecto. Con los límites que dispongo para con los demás. Necesito tener la capacidad de estar absolutamente solo para aislarme, para pensar, para meditar y entender. No puedo andar diciendo que siempre quiero estar con alguien cuando en realidad quiero estar más que todo solo y a gusto conmigo mismo.
Soy atroz. En la alquimia se transmuta una materia prima por medio de la putrefacción para generar un elemento superior. Mi amor es tosco y pone a prueba hasta la más fuerte alma. Yo soy como la exposición al plutonio. Soy también un ermitaño y un vagabundo ¿Quién podría conformarse conmigo? ¿Quién quisiera soportar semejantes condiciones? Mi amor es corrosivo a través del tiempo y brutal en exceso. Para que alguien pueda estar a mi lado tendría que soportar el paso de mi pesadez.
Mi devoción a mis diosas yergue mi sable y enciende la fe. Día a día flores, inciensos entre otras ofrendas adornan sus altares. Oración y entrega suprema a su credo. Pero en el momento en que me reconozco humano, limitado, feo y hasta miserable se puede perder de repente la entrega y la devoción. Quisiera poder tomar el camino de ir a las montañas a conocer la verdad trascendente. Me desprendo de todo lo que pesa, incluso si es mi propia entrega a los demás. Porque me pesan, me pesa verlos tristes o que intenten hacer actos de servicio para que me sienta mejor. Lo mundano no me trae satisfacción. Si no me muero no siento de verdad. No quiero que nadie me vea en metamorfosis.
Necesito mi espacio. Mi templo y mi palacio. Si yo quiero entender qué repercusiones tienen mis emociones en los demás debo ser sincero y decir que mi ritmo de vida tampoco lo puede aguantar todo el mundo. Si algo aprendí viajando es que son pocos los que resisten el estilo de vida que yo llevo. Me gusta el desorden, me gusta la fiesta, me gustan las cosas que marean, me gusta conocer mucha gente, me gusta ser libre con mi tiempo, me gusta ser el último en acostarse, trasnochar escribiendo, trasnochar jugando un videojuego, ver una serie hasta el agotamiento cuando quiero y viajar, lejos y sin que nada me ate. Mi corazón es el corazón de un aventurero. Yo solo quería volver a Bogotá para trabajar y tener algo. Al menos un lugar donde volver. Un lugar donde recibir a ilustres personas de todo el mundo. Recibir viajeros de todos lados.
Yo he fallado en ser sincero conmigo mismo. Yo he dejado que todo menos mi propio sueño sea mi norte. He permitido que mi ayuda a los demás me implique tanto que soy indispensable para lograr sus objetivos. Alguien alguna vez me dijo que yo era un “puente” y una buena y muy sabia amiga me dijo “No eres quien para que pasen sobre ti”. En efecto, yo me he convertido en atlas, sosteniendo el mundo sobre sus hombros. Que triste destino.
Simplemente he fallado en poner mi corazón primero. Porque yo estoy primero, yo siempre debo amarme y luchar por mis sueños. Ha sido muy irresponsable de mi parte siempre ponerlas a ustedes como lo primero. Porque siempre les he dado a quien ustedes querían, pero cuando yo salí a flote ya no les gustó mi verdad. Perdón por ser tan maleable. De verdad perdónenme por ser tan débil.
Se desata la obra negra. Un proceso reactivo de gran magnitud. Al fin y al cabo, ya no hay forma de detener esto. Mi cuerpo y mi cabeza han estado alterándose desde ya hace un buen tiempo. Mi necesidad por libertad y por desatarme de compromisos que no puedo cumplir me ha ido desintegrando. -Tú eres el resto de mi vida- a lo que yo contesté -Ni siquiera sé si puedo más hoy-. Nunca he sido claro frente a mis límites.
Así se desató la reacción.
Me encontraba orando. En mis plegarías y resonantes mantras vi como pasaban ante mí imágenes donde danzaba con Atenea. Mientras nuestros cuerpos se contoneaban discutíamos y escudriñábamos el sentido del ser, al menos de nuestro ser, de nuestro origen y devenir. De repente su brillante cabello se iluminaba y de él haces de luz emanaban como si de hilos del sol se trataran.
Después de enceguecer y recuperar mi vista, su rostro era diferente y su expresión había cambiado. Su voz quebrada pasó de suaves palabras con dolor y un llanto imparable. Sus palabras ennegrecieron mi corazón. Me aborda un fuerte estupor, me siento adormecido y echado entre las hojas. Como alterado ya. Siento la reacción en mi cuerpo.
Por mi mente cruzó una mujer abandonada por su hombre. Un hombre frío y absorto en el juego. Un hombre sin sentido ni una canción en su pecho. Un hombre que amaba a regañadientes como si de un favor se tratase. Rompí en llanto y supe inmediatamente que ese hombre fui yo en otra vida pasada. Una reminiscencia del ayer.
Este hombre se perdió en la vida porque le encargaron una tarea muy fuerte: ser el amor de toda una vida. Esta sociedad que nos hace héroes y hombres de valor nos pone en grandes aprietos. Siempre aguerridos soldados que hacen frente a los dilemas del hogar. Este hombre se sintió débil, se sintió irracional y también se despedazó al ver que en sus manos no hay nada. Lucha cuerpo a cuerpo con sus puños contra la vida. Este hombre perdió su hombría, se sentía castrado y desesperado. Fue un fracaso. Jamás podría aspirar a un “por siempre”.
Mientras iba destapando mi rostro empapado en lágrimas. La diosa ahora se mostraba enojada. De nuevo su rostro cambiaba para mostrarme algo más. Con su corazón dolido y la seña de desprecio dice – ¿Por qué no lo hiciste antes ermitaño? -, mientras muestra ante mí todas las ofrendas e imágenes de mi propia devoción de ahora.
El hombre ahora se mostraba triste, pero encontrando algo de felicidad en aquello que compartía con su mujer. Rescató lo mejor, pero en su pecho aún yace una herida profunda. No puede cumplir metas u objetivos. Está estancado. Poco hombre no ha podido resolver en nada. Poco hombre está recluso en una jaula haciendo lo que puede para evitar que las bestias lo devoren.
En mi pecho revuela un dolor profundo, recuerdo de aquel entonces. Como un dardo en el corazón me embargan todas las emociones de esa visión. Ese hombre no pudo amar porque se sentía derrotado ya que defraudó a muchas personas por una mala decisión. No pudo amar porque insultó y agravió a su mujer y ninguno jamás se recuperó de ello. No pudo con su pena, se entregó al desespero y al egoísmo superfluo. No había lugar para su cabeza y su orgullo.
La diosa me habla de nuevo y menciona, esta vez ya con cariño -Aprende-. Vuelvo a mí mismo después del éxtasis, recitando mantras de nuevo. Las escenas me parecieron crudas y fuertes. Ese dolor aún sigue en mi pecho y me presiona el diafragma con mucha fuerza. Siento la necesidad de eliminarlo a como dé lugar. Si no lo hago siento que el daño será irreversible y la culpa me embargará y me hará perder mi fe.
Entiendo que la culpa no resuelve nada. Que ahondar en el desespero no tiene sentido. Si uno está realmente arrepentido no vuelve a tocar las mismas hebras y es necesario acoger la fragilidad del otro dentro de uno. Hay que aprender a distinguir entre compasión y amor. No se construye para saciar la necesidad de otros, ni tampoco por la culpa de haber fracasado anteriormente. No puedo sujetarme al desespero y no puedo construir en un lodazal.
Aún irresuelto decido tomar camino, solo quiero reposar en un mar de calma. Me encuentro casi que asfixiado por tan grave presión. Debo reposar y me recuesto en la hierba para dejarme ir. Erató empieza a declamar poesía en mi cabeza y ahora mi corazón se hincha y se enciende de amor. La más deliciosa poesía brota de mis labios y canto como bardo. Me inunda la dicha y me embriaga la presencia de mi musa. No quiero dejarla, no quiero dejar que su inspiración se vaya. Quiero que vaya conmigo a todo lado. Quiero que sea como el océano mientras yo soy pez.
Se activan los materiales y la reacción pasa a su fase más fuerte.
Mientras las dos diosas convivían en mí, mi alma empezó a sucumbir ante la debilidad y mi amor se volvió turbio e insensato. No vi con claridad como el disfrute y la tensión podían chocar. No divisé que tan contradictorio puede llegar a ser la buena intención de albergar en mi alma ambos sentires. De repente he asestado un golpe de insensatez a ambos dilemas y quise traer conmigo el regocijo cuando el desconsuelo y la culpa embargaban mi pecho. Dos mundos chocaron en complejidad y yo intenté aferrarme a ambos. No debí hacerlo.
Una mezcla alquímica detonó. De repente la putrefacción corrió y dominó el aire. Dentro de mí, una suerte de veneno se engendra y empieza a destilar por mis poros. El fracaso y la incapacidad para cumplir con el deber ser de las cosas. La culpa enquistada de esa visión aleccionadora. La frustración de ver como mi cuerpo se retuerce ahora sin remedio por culpa de aquello que inocentemente pedí en el momento equivocado. Soy aún débil de corazón.
El veneno me hace insensible. Adormece mi piel, pero también embriaga al cerebro con ideas ridículas. Me impide ver que así en mi corazón sea muy claro que puedo rendir culto a ambas deidades también ambas pueden tener designios diferentes para con sus sacerdotes. Que tal vez de los deseos de ambas surja el opus nigrum que transmute en mí el peor veneno, pero a la vez la mejor de las oportunidades para poder hablar y sacar lo mejor de mí durante el proceso de putrefacción. Al fin y al cabo, la verdad tiene que aflorar. Al fin y al cabo, lo único que puede quedar después de que las cosas se pudren es el sustrato que alimenta la vida.
Mientras mi cuerpo se corroe empiezo a ver una luz muy fuerte. Es preciso que ambas situaciones se resuelvan. Aquello que primero debo entender es que ambas situaciones me corresponden a mí en tanto que soy sacerdote de ambas diosas. Yo me he metido en este apuro y ahora no hay otro remedio que atender a cada situación.
Empiezo a escarbar en el pecho, entre lo putrefacto afloran gritos de ira y decepción. Precisamente por qué he sido yo quien ha detonado todo. La impotencia de ver como algo se ha generado del error. También salen gritos de dolor porque de algo tan noble y sencillo como el amor y la entrega han surgido males. Si no me apresuro a reparar esto puede que sea muy tarde, dejaré mi destino sellado al no aprehender la lección de Palas Atenea y tampoco podré entregar mi amor como prometí a Erató. No puedo morir aquí.
De un hombre que lo ha roto todo, no se puede seguir rompiendo nada. Es pilar de sus seres amados, no zapador de su propio destino. Cumple promesas y pacta su destino en comunión. La comunicación, ese bendito regalo de Dios es preciso para expiar culpas, pedir perdón y agradecer a la vida por sus lecciones. No me puedo perder en la carga de aquel hombre insensato. Debo ser otra persona debo vivir la vida que quiero vivir. Necesito seguir siendo pleno en mi entrega.
Mientras mi corazón resplandece blanco de nuevo. Empiezo a ver como la reacción se detiene. De repente como si hubiese amputado una ficción en mi mente los pensamientos sombríos y los pesos de esas reminiscencias ya no existen. No soy quien fui en vidas pasadas y no puedo quedarme atrapado en esa regresión. Precisamente es regresar a otro estadio de la vida y yo ya no quiero volver.
Se despeja en mí el dolor hacia mí mismo. Entiendo que mi amor es difícil y es osco. Cada vez estará más limitado de tiempo si logro que todas las personas en mi vida tengan tiempo real de calidad. Sin embargo, debo entender las limitantes a las que expongo a las personas que me acompañan. Necesito ser muy consciente de lo que yo hago y qué efecto tendrá en los demás. No puedo forzar situaciones sin esperar este tipo de reacción.
En mi meditación encuentro alivio y mis chakras de nuevo fluyen y el prana entra como aire fresco. Primero la paz conmigo. Ahora si cesan los mantras. Me libero de mis ataduras.
Aquello que queda después del proceso reactivo es una consciencia por unos mínimos que son máximas. He querido atender a los aprendizajes y lecciones que me das mí diosa. Me he dejado poseer por su deseo porque comulgo contigo mí musa. Soy sacerdote, pero no logré controlarme para evitar que la obra negra surgiera. Sigo siendo humano.
Es mi responsabilidad ajustar mis tiempos, primero me debo dar amor a mí mismo, llenar mi vida de eventos que para mí sean nutritivos. Disfrutar de mi tiempo solo para poder reflexionar, sentir, pensar, escribir, pintar y orar. A mi ritmo, sin ojos atentos y expectantes a ver si cumplo o no con mi objetivo. Necesito tiempo para inventar, crear y resolver. Necesito espacio para mí porque no siempre puedo convivir con otras personas de forma tan cercana, sobre todo cuando mi pesadez es muy fuerte. Me siento bajo demasiada presión al tener que responder por el llamado de los otros, me duele mucho que me pidan cariño y yo no pueda darlo.
Es preciso que aprenda lo que mis emociones le generan a los demás. Hay momentos en los que compartir puede ser difícil. El hecho de estar en un mismo recinto puede generar discordia. El hecho de aceptar el amor de los demás puede también ser razón de discordia.
El tiempo de calidad que se dedica a cada una de las personas que nos rodea puede ser contradictorio con las necesidades de los demás. Lastimosamente las jerarquías son un tema difícil de tratar. Quien es más importante que quién. A quién se le dedica más tiempo es lo crucial. Porque el tiempo es oro. Dame de tu oro. Si el tiempo es oro yo soy un miserable vagabundo.
El mundo nos ha condicionado a ciertos patrones de conducta que no puedo tolerar. La familia como otro ejemplo es una estructura que aborrezco en su forma tradicional. El tiempo de calidad que pasamos con nuestros familiares es reducido porque, al menos entre la gente de a pie, tenemos dos o tres horas del día para dedicárselos a nuestros seres queridos. El trabajo en el hogar que no es reconocido es arduo y su ejercicio es demandante. Las condiciones de vida nos hacen vivir juntos casi que apilados los unos sobre los otros con casas y apartamenticos cada vez más pequeños. No logro aceptarme en estos marcos de referencia.
Así mismo puede que mi forma de sentir no pueda responder a estas estructuras y así también pueden afectar mucho a las personas con quienes comparto mi vida. Al fin y al cabo, el único culpable de ofrecer algo que no puedo ofrecer he sido yo.
El material que se ha creado después de la reacción es claro. Me permite ver lo insensato que he sido. No puedo ofrecer a nadie algo que no estoy dispuesto a dar. Mi amor debe ser claro frente a lo que estoy dispuesto a dar. Pero también frente a lo que no estoy dispuesto a dar. De afectar a alguien más debo reconocer ese dolor que causo y hacerlo cesar es mi responsabilidad. Desde mis palabras, qué digo, que prometo y que gestos tengo con las personas hasta el tipo de propuestas que tengo para con los demás. Debo mesurar por el bien de los demás.
Me encuentro con una responsabilidad muy grande y es que debo ser franco conmigo mismo para poderles ser francos a todos. En parte este ejercicio tiene que ver con intentar mantener una coherencia, con intentar mantener una integralidad en todo lo que voy aprendiendo de un momento tan raro y místico como este. Porque escribir me ayuda a sanar y a entender. Me ayuda a dedicarme a mis emociones y a entender las cosas. Me ayuda pensar que alguien más me observa y me lee porque me permite verme desde la distancia. Como un narrador omnisciente.
El día de hoy me encuentro con el oro que tanto buscaba, tal vez entre mucha podredumbre, pero he logrado aprender de los caminos de la alquimia. Tengo tiempo para mí mismo en unas condiciones que no quise. Pero tengo la capacidad de descubrirme por fin como quien soy, después de muchos años de silencio y fracasos.
Nunca he sido una buena pareja porque nunca me fui honesto. Soporté hasta donde mi sed por soledad y libertad ahogó todo su cariño. No he sido un buen hijo porque jamás me he dedicado a ser tal, vivo en el cuerpo de un adulto desde temprana edad. No he sido buen amigo porque me pierdo en mis amoríos y mi mundo se torna plástico y maleable. Mi destino no ha hecho sino cambiar con cada amor que llega a mí. Yo ya no quiero ser mis vidas pasadas. Yo quiero vivir mi vida tal cual como soy.
