Canis Lupus

Otra reminiscencia a la cuál he acudido constantemente durante este tumultuoso momento ha sido al tótem que siento me pertenece, más bien, el que me ha escogido. El arquetipo del lobo. Éste empezó a tener un rol importante en un momento en el que justo parecía que mi juventud afloraba con locura y desenfreno mientras la vida me retenía y me apresaba.

Tengo una visión borrosa de una serie de años bien complejos y llenos de inquietantes momentos. Apenas voy entrando en los treinta y siento que ya varias cosas cambian, que uno aprende lecciones importantes, que yo aprendo muy lento, pero al fin la lección llega a mí. Creo tener ahora la experiencia suficiente para hablar de mis «años mozos» de una forma más apropiada. A pesar que muchas cosas son inapropiadas, supongo.

Mi recuerdo más vivo coincide en un momento de tensión bien complejo. Mi familia empezaba a agitar las corroídas estructuras que yacían en su base. Yo salía de mi colegio y había pasado a la Universidad Nacional para estudiar Ciencias Políticas. Empecé a trabajar en el call center y a conocer a mucha gente. La vida empezó a complejizarse abruptamente y tantos cambios simultáneos empezaron a martillar fuertemente en mi composición.

Cuando todo se fue a la mierda en casa creo que empecé una vida seminómada. Creo que el dilema más grande al que tuve que enfrentarme fue sentirme víctima de los actos de irresponsabilidad de otros. Esto a mí me causó una profunda repugnancia por las reglas de los demás. Me hizo inaceptable la diferencia. Esto hizo que múltiples veces discutiera fuertemente con personas que garantizaban mi propio techo y seguridad, por ejemplo. Me enfrente a todo el mundo y resultaba de nuevo tirando cosas a la calle mientras recomponía mi vida una y otra vez.

Ya tendré tiempo de hablar de mis tiempos más inocentes y joviales, porque antes de la turbulencia todo aún era tan normal y vainilla. Todavía era un poco ingenuo. Por ahora saltaré esa parte, ya que justo aquí es el tiempo donde se rompe ese canon y mi vida comienza a enturbiarse un poco. Mis años mozos son mis años más bizarros también.

Justo antes de que todo este caos se diera, recuerdo que una bruja wiccana me dio una suerte de palmadita en la espalda para encontrar el sentido de la magia. Precisamente gracias a ella logré identificar lo que sucede con este animal que llevo adentro. Quién es y cómo se comporta. Gracias a ella empecé un camino para amansar a semejante bestia. Parece que ella hizo el interludio a estas épocas tan fuertes. Ahora todo tiene más sentido. Gracias a la luna por eso.

Mientras trataba de estudiar y trabajar al mismo tiempo salí por un periodo de tiempo con una compañera de la universidad, su nombre tiene un origen griego: “la siempre bella”. Algo que me llamaba mucho la atención era un halo de misterio que la rodeaba. Estar con ella me causaba una comunión un poco espiritual y es que era un momento también donde empezaba a desarrollarse esa dimensión mía. Su tez blanca y tersa es sinónimo de su nombre. Ella me generaba curiosidad mística y una atracción más sincera que morbosa; como que genuinamente quería tocar su piel y así comulgar con la divinidad.

Mi trabajo me tenía usualmente ocupado, mi vida social estaba en auge y apenas sobrevivía para lograr los deberes académicos. También estaba ocupado destruyéndome en alguna fiesta o saliendo con una diosa que ya introduciré. Todo esto era una dimensión que le escondí a ella porque no supe como decirle todo lo que me estaba arrastrando.

A ella debo agradecerle su corta compañía porque me dejó una dulce percepción de que la magia estaba allí pero no era como yo la imaginaba. Confirmó para mí que hay una gran fuerza vital moviéndonos y haciéndonos coincidir para aprender y para crecer. Agradezco el tiempo que me dedicaste cuando yo no tenía tiempo ni para pensar ni para sentir. Como una bestia yo no pude contenerme y traicioné su confianza.

A partir de aquí todo cambia. Los contextos en los que me desenvolvía la gente solía estar un poco menos cuerda, un poco más rota y a pesar de ser personas nobles y buenas, sus vidas tienen complejidades de distintas dimensiones. Aquí conocí a una de las personas que marcó una suerte de época o fue como el portal que me envió a una dimensión diferente. Un vortex a su manera.

Venus para mí. Más antigua Ishtar. Una femme fatal. Divina. Yo un joven roto y con todo cayéndose a pedazos. Ella fue muy dulce conmigo mientras yo pasaba unas situaciones deplorables, mi vida colapsaba con cada respiro. Ella avocada a los sentidos, amante de la vida hedonista y carente de un norte. Fue un cambio muy rápido, inesperado y fue tan agitado su paso que mi vida quedó un poco hecha pedazos después de compartir unos cuantos meses con ella. En retrospectiva, tal vez hinchado de ego, siento que ella también pasó por una transformación similar.

Esta parte de mi vida comienza a saber y a sentirse diferente. Los ácidos, que por sus efectos tengo en buena estima y una suerte de variedad de drogas que empezaron a cruzarse por mi vida junto con borracheras en la universidad y en el trabajo. Todo junto, componen el cóctel molotov que se me atravesaba en la garganta. Para ese entonces estaba desbocado y en mi mente no había surgido el mínimo interés en planear nada, solo intentar sobrevivir, gozar, fundirse la mente entre lo mundano. Básicamente fui lanzado y me acometí a reestructurar lo que se había roto. Como un cachorro apenas daba mis primeros pasos y me lancé directamente a un mar de sensaciones desconocidas y bastante carnales.

Ha sido muy duro para mi leer conversaciones antiguas en este justo momento. Porque sí, en efecto, aquí viene el dilema de toda esta situación. Me encuentro perplejo de recordar la dulzura de ambas mujeres. Genuinamente ambas me amaron mucho en muy poco tiempo. Yo, que ahora medio recuerdo todo, ya sea porque esta borroso o porque decidí olvidarlo, me encuentro con un predicamento. Porque si he de reconocerme soy culpable de haberlas amado fervientemente. En serio, mi corazón latió puramente a su lado. Pero soy culpable de más que eso. También mentí y engañé.

No pude ser sincero con ninguna de las dos. En efecto mi vida estaba enfermamente ajustada, no logré asirme a nada. No tenía nada para dar. No pudimos conseguir donde trastearnos cuando mis padres se separaron. Ayudé a mi mamá mientras vivíamos en el apartamento de una de mis tías para lograr tener ingresos extras y ambos sacando provecho del inglés trabajábamos en un call. Todo ese caos me asfixiaba, me empezó a pesar mucho. Tuve que dejar la universidad por un tiempo. Apenas podía dormir y mi sistema nervioso estaba a explotar. Las drogas, incluyendo al licor, eran un alivio para olvidar lo sucio y desesperado que estaba. Al mismo tiempo la resaca era un recuerdo de la muerte.

No supe manejar una relación. Empecé con una y terminé con otra. Engañé a una diciéndole que la quería y que la extrañaba. Mientras que durante mi primer trip estaba con Venus viendo una cebra -que, para mí, sus rayas se movían- en un Irish Pub. Tenía que ser un tonto y dejar que todo me abrumara. Al leer todo lo que pasó entre nosotros descubro que destruí memorias o simplemente estaba adormecido, muy adormecido para poder retener algo.

El silencio marcó el fin de una relación mientras que yo desenfrenado me encontraba feliz disfrutando de las delicias intelectuales, artísticas y carnales que me ofrecía mi amada Afrodita. Entre todo ese agite nunca estuve disponible para mi diosa como quería. Yo tenía que hacer algo, un compromiso o acudir a resolver algún dilema. Cuando podíamos disfrutar nos sentíamos disfrutando del jardín de las Hespérides, mientras estábamos lejos yo era frío y distante. Mi pecho se henchía de amor y ella se convirtió en la persona más importante y recibí gratamente mucho de ella. Ella dio y dio hasta que su corazón y su situación material se complicaron, enfermándola gravemente. Yo simplemente fui un desconsiderado y un bruto que cuando perdía la fe decía que se sentía mal siendo un lastre y una carga. Ella me perdonó mis pataletas de novicio una y otra vez.

El ser responsable con los dilemas del hogar, la estabilidad de la familia y el sacrificio por rehacer y recomponer el núcleo me empezó a convertir en una bestia. En un ser mitad hombre y mitad animal. Lleno de resentimiento y de frustración. Adormilado, atembado y muy sedado. Aún tengo escritos de aquella época y son fuertes las emociones por las cuales pasaba. Me sentía muy vacío. Aquí recae toda la responsabilidad de mis fallas, en ese vacío.

Si bien he sido seductor porque cuando mi interés se focaliza en alguien es instintivo que surja una descarga de actos, palabras y caricias que hacen que tanto la química como el instinto bien animal que llevo dentro se active. Genero deseo y tensión para que surja la admiración. Admiración por mi sentir, porque siempre he escrito, pintado, tejido, investigado y creado infinidad de cosas para con mis amantes. Es mi forma de amar y es mi forma de catalizar todos esos insumos que me dan. Con un corazón atómico, un reactor que aún hoy no se detiene.

No tan bueno he sido para aceptar a los demás y sus formas de pensar. Más bien he sido un necio convencido de su verdad, una “única verdad” toda la vida. Por todo este revuelo me opuse a mis padres, los detesté durante varios años porque juzgaba sus actos. Y la bestia se alimentaba de todo ese odio y remordimiento. La culpa de no poder estar allí para nadie mientras que me amaban y me deseaban locamente. La culpa de no poder entregarme limpio sino lleno de resentimiento y de insatisfacción. Todo el tiempo pasando por altibajos. Un día con ganas de morir, otro día con ganas de escalar una cima. Un día entregando una de sus mejores mitades y al siguiente siendo la peor.

Ese animal tiene otras dimensiones ahora, pero en aquel momento ese lobo era una criatura raquítica, con sarna y una ira que depredaba todo lo que florecía en mi pecho. Al mínimo revés perdía control de mi ser y no pensaba mis palabras, no pensaba mis actos, no pensaba, en definitiva, no pensaba en nada. Estaba vacío. Cuando ya no me gustaba algo era arrancado desde adentro y el amor, o el afecto empezaba a mezclarse con la ira, con la frustración, con la tristeza y la melancolía. Es como si de repente todo trozado y triturado dentro del estómago de la bestia saliera sin poder tener censura o mesura. Solo amor que lacera, amor que distancia, amor que exige y que enloquece por los errores del otro.

Necesitado, carente y ausente. Fui posiblemente un doloroso compañero. Espero que a diferencia mía ustedes puedan recordar mejores tiempos ya que yo carezco de memoria y en efecto mi cerebro decidió simplificar todo a una suerte de tedio por esta época. A una suerte de signos de placer y dolor. Ya me cuesta recordar.

Aquí es donde surge ese pequeño avatar. Lastimosamente yo no pude ser transparente ni limpio en su momento con ninguna de las dos.

Lastimosamente aún faltaban muchos años para que yo al fin pudiera dejar se sentir ese ruido por parte de mi vida familiar, económica y social. Aún las consecuencias de nuestros actos tienen repercusión en el presente pero ese insoportable ruido ahora es menos fuerte.

Siempre he sido un cobarde para decirle a las personas lo que quiero. Todo a causa de ese animal enfermo con el que aprendí a convivir. Embargado de emociones cruzadas y complejas. Oscuro y espeso pantano que impide que se vea cristalinamente a través de él. Mi dilema es que mi hogar es mi seguridad, mi templo debe ser constantemente aseado y purificado, es como un cuerpo de agua con sus ciclos.

Tanta fricción y roce en mí causaron heridas profundas. Permanecer tanto tiempo en ese estado me generó una suerte de adicción a sentirme roto y vacío. Había algo de lúgubre y romántico en un perro callejero. Me alimenté de todo sin escrúpulo y me acostumbré a ingerir las peores alimañas.

En el presente aun lidiando con el imaginario de que sostengo pesos que no existen y que no son míos, encuentro que las relaciones me contaminan. Indigestan y oscurecen mi alma. Soy un ser demasiado sensible. Si me das arte y amor tendrás de mí el amor más grande, aliméntame con tristeza y oscuridad y seré responsable de las pesadillas más tenebrosas.

Me encantaría poder dar a mi vida un sentido más claro. La lucha por mi estabilidad es primordial. Me encantaría haber tenido los cojones para decir que no a una relación que duele y haber tenido la paciencia y el tiempo para reflexionar acerca de lo que sentía. Deje que mi vida me impacientara. Dejé que todo simplemente fluyera porque tenía mis manos ocupadas y mi corazón carente. Mi mente volando.

Es una lástima que once años después yo apenas esté aprendiendo la lección. Tengo que ser sincero, tengo que tener mis manos libres y mi corazón limpio para poder entregar amor verdadero. Debo mantener mis aguas cristalinas y puras. Debo aceptar la diferencia y aprender a pedir perdón a tiempo. Mis errores son parte de mi condición humana, entenderlos y perdonarlos es importante porque me hace humilde, aceptar la debilidad y la limitación para entender qué pesos soportar.

Decidir con quién estar, decidir comprometerse hasta la última consecuencia demuestra que el arte de amar es un arduo trabajo y un ejercicio de cuidado. Algunas veces eres el soporte de otras personas y otras veces debemos dejar la comodidad a la que nos hemos acostumbrado en nombre del gozo mutuo.

Hasta este justo momento solo he podido darle a todo el mundo lo que tengo entre mis manos. Mi arte es inconstante, fatigado, confuso, herido y sediento. Así es mi amor que todavía es débil, sin foco y a veces limitado. Mientras sangro voy resarciendo la herida. Mientras que escribo empiezo a levantarme después de caer al pozo y rescatar mi sueño.

Sé que necesito mucho espacio personal para reconstruir todo esto. A veces siento que quisiera tener mi lugar lejos del caos de la ciudad. Quisiera desaparecer para que nadie se doliera con mi pesadez. Porque cuando estoy melancólico quisiera solo sangrar en mis palabras, entre estas letras que emergen como el lamento más profundo, como el canto del averno, la puerta del Hades y al tártaro. Quisiera ahogarme solo en este lamento para que la vida me dejara llorar.

En la actualidad esta bestia se encuentra más tranquila. Se nutre del suave arrullo de la vida porque tengo un amor paciente y sereno. Este lobo se ha alimentado de la estabilidad y ahora su pelaje brilla. Su salud reluce. Es capaz de nutrirse y escoger lo que desea. Ya ese revoltijo de escombros y basura no es lo que ensambla estas palabras, sino una claridad y una herida que se sutura mientras que más escribo.

Añoro tener mi refugio. Sueño con construirlo. Espero construir y reconstruir las relaciones significativas para construir mi clan. Pero esto debe ser prioritario antes de ayudar a los demás. Antes de cargar pesos ajenos debo encargarme de mi propio reino. No daré más cuando aún no lo he podido disfrutar de mi paz. No cuando sigo corriendo y ocupando mi mente con resolver la vida de los demás sin resolver un mínimo mío, genuino y propio. Debo librar mi vida de las exigencias de los demás para resolverme y luego resolver.

Debo agradecer a la musa que despertó en mí de nuevo la chispa de la escritura. Erató, la amable y la amorosa. Sus deliciosos besos sabor a mango con limón despertaron en mí un motor que ahora no se detiene. El lobo desea cambiar su pelaje gracias a su tierno y sincero amor. Toma decisiones diferentes y define ahora como mantener su serenidad y su nobleza. Sus muestras de cariño y afecto fueron, en definitiva, la demostración de que aquí dentro de este pecho todavía arde la verdadera comunión con la pasión y el afecto. Sin impurezas, sin contaminación, sino un amor puro y espontáneo. Estaré siempre agradecido por toda la inspiración.

Cometo errores aún, tal vez mi corazón henchido de amor aún se confunda porque a quienes amo quiero tenerlos conmigo. Que me conozcan, que se acerquen y vean quien soy en mi propia y genuina forma de ser. Esta vez en nombre del amor debo permitir que éste vuele, si no, va a morir. Es mejor que se transforme para no herir a las personas que me rodean. Debo abrazar los altos y los bajos. Los momentos de complicación y de distancia. Entender que para amar se necesita dar la mejor parte de sí mismo y no solo pedacitos de la vida. Por suerte a día de hoy mi animal interno se encuentra robusto y fuerte. Capaz de enderezar su camino.

Juro no volver a hacer daño como lo hice. Debo mantenerme transparente y ser fuerte para afrontar la perdida de alguien importante. No prometer un amor que no puedo dar. Juro despejar mis adentros para solo dar lo mejor de mí mismo a mis seres queridos. Juro amar de la forma más trascendental, para llegar a vivir de manera trascendental. Debo lograr alcanzar mi sueño y encontrarme pleno. Debo depurar toda esta carga en estas palabras como un aullido y un lamento. No puedo permitirme seguir perdiendo a quienes amo.

Deja un comentario