Capítulo I – ¿Por dónde empezar?

He visto unas novelas adaptadas al cine gringo que empiezan narrando los primeros recuerdos de la infancia. En mi caso no pretendo apegarme a un canon. Pero debido a mi selectiva memoria hay periodos de mi vida donde «escucho borroso» y otros en los que mi psique decidió reprimir y aislar ese instante por el bien de mi frágil ser. Por eso decido empezar así.

Mi primer recuerdo es en un pueblo al sur del Tolima, llamado Purificación. Vivía con mis padres en una casa. Ésta se ubicaba en la parte de arriba del pueblo conocida como “El Plan”.

En aquella casa habitábamos los dos pisos y justo entre las escaleras que conectaban las dos plantas se encontraba un mueble; era una biblioteca con puertas que tenían un marco de madera y centro de cristal. Mientras jugaba, ya no recuerdo si a deslizarme por las escaleras o con una pelota rompí un cristal y salí aparentemente ileso. Recuerdo que nada me había sucedido hasta el momento, estaba intacto.

Decidí incorporarme y tomé uno de los trozos de cristal. Unos segundos antes cómo intuyendo lo que sucedería, una voz de alarma se levantó instintivamente y supe que saldría lastimado. Se anunciaba que el cristal se resbalaría de mis manos que aún eran torpes y tersas. Corrieron, pues, las primeras gotas de sangre.

Mientras recuerdo esto me doy cuenta de que siempre he tenido esta especie de sexto sentido. Justo antes de que sucedan las cosas puedo instintivamente percibirlas. Por mi naturaleza tranquila no reacciono de forma inmediata y mi entendimiento ha tomado varios años en adaptarse a la premonición. En menos de un segundo todo se sucede. Supongo que Dios me entregó un talento que aún no sé usar con habilidad.

Mi familia había decidido vivir en este pueblo porque mi mamá es originaria de este lugar. Para ser más específicos de una vereda llamada Chenche Asoleado de dónde eran mis abuelos. Luego, en algún punto, hablaré de ellos.

Este es el lugar de mi infancia. Tiene un valor profundo porque por su clima caliente me abriga con muchos sentimientos de nostalgia. La vida sencilla de la gente que vive en tierra caliente me hace sentir ameno y eufórico. Todas mis aventuras de niño me permitieron divertirme mucho; escalar árboles, ir a ver los insectos de los patios, ir en mi bicicleta a visitar mis amigos para jugar SNES y el Atari de controles de palanca negra y botón rojo que mi padre tenía. Mis primeros besos inocentes con una compañera del jardín; los días que íbamos a pescar con mi papá al río y siempre «se me enredaba el anzuelo» para que él con esfuerzo sacara un excelente peje que luego comeríamos. Ese nombre, Purificación, tiene un eco que repercute en mí y me trae una suerte de imagen de idilio, de ensueño de esa época inocente y simple.

En aquel momento a pesar de las dificultades y los esfuerzos de mis padres yo tuve una vida tranquila. Si había dificultades en mi ingenuidad fueron invisibles y me ocupé más bien de mis propios asuntos.

Mi hermano vino al mundo y tengo bellos recuerdos. El camino al hospital en la camioneta Dodge de mi papá. Su pequeño ser al nacer. Nosotros jugando y haciéndonos compañía. Siempre diferentes, todos monos y con cachetes rojizos, como un par de niños extranjeros. Al fin y al cabo, siempre hemos sido extraños para la gente. Curiosos por naturaleza y bien especiales ya que con él compartimos esa fibra emocional y profunda. El amor por el arte y la sublimación de ese cosmos interno tan rico y fascinante nos ha llevado siempre a coincidir en nuestros aprendizajes y caminar de alguna forma juntos a pesar de todo el revuelo de la vida.

Hoy retomo todo esto porque subyace en mi mente como un recuerdo con colores cálidos y fuertes emociones de bienestar, libertad y tranquilidad. Tal vez esto hace que mi imagen de paraíso o de lugar idílico sea un poco así, viviendo de forma tranquila entre el campo y la gente.

También porque ese primer recuerdo, esa primera cortada, me ha acompañado toda la vida y muy a pesar de esa intuición premonitoria, en pocas ocasiones he tomado la decisión de prepararme adecuadamente. Sin embargo, como lección de vida, todo lo que me duele y todo aquello que me desangra de una forma u otra debe emerger y debe expresarse. Es parte de ese motor dinamizador del arte y la ciencia. Llevo toda la vida siempre sintiendo ese momento justo antes del colapso y solo sigo adelante para aprender y enfrentar al miedo. Porque nunca he sido cobarde.

Hoy es otro día dónde parece que varias cosas van a derrumbarse. Como siempre yo inspirado por musas, acá desahogando y zafando todo. Como siempre su amor será la chispa de ignición. Aquí estoy también desangrándome por mis pataletas y mis rabietas. Peleando y discutiendo por qué no siento que pueda cargar con el peso de mis responsabilidades. Pero debo una disculpa y aprovecho para pedir perdón a todos. Debo pedir perdón porque en mi espacio idílico siempre me veo solo. Porque sea como sea, mi historia me hace quien soy hoy. Este viajero, chamán, artista, guerrero, monje y ermitaño.

Estoy empezando con una de las tareas más fuertes y es pedir perdón para mí, para con otros y para con la vida. Porque siempre he injuriado a los cuatro vientos que mi vida ha sido dura y necesito hacer las paces con el amor más supremo y total. Antes de que sea muy tarde.

Hoy con este pequeño recordatorio quiero hacer las paces con mi familia. Con mis padres y mi hermano. Porque conservo en mí recuerdos que me hacen amarlos y tenerlos en alta estima. Muy a pesar de lo que el tiempo y nuestras decisiones han hecho con nosotros. También quiero hacer las paces con todas mis amantes y mis encuentros tan casuales y no tan casuales. Porque debo a todas muchas disculpas, así como besos y cariños.

Si bien, mis sueños y anhelos, así como mi forma de amar a los otros es bien particular. Yo he sido obstinado y necio al cerrarme la posibilidad de mostrarme a los demás. Mostrar que es todo lo que llevo dentro en una versión única, sólida y firme. Es un proceso de catarsis. Quiero hacerlo abiertamente porque tengo esa maldita necesidad de que me admiren y me observen. Al fin y al cabo, soy un voyerista a mi manera también. También quiero llamar la atención de las personas a quienes he estimado y a quienes se enamoraron de este corazón.

Si me lo permite la vida, haré de mis recuerdos una historia que me haga reencontrarme, para que me reencuentren y para que me ubiquen quienes quieran llegar. En un acto íntimo y como siempre con la intención de llamar miradas. También porque he sido mentiroso, porque muchas veces he mentido sobre mi historia para olvidar, para ocultar lo que realmente pasaba en esos momentos a todos, incluyéndome. Es momento de ser lo más legítimo y abierto. Espero esta señal en bits que emite mi corazón repique de alguna forma en alguien.

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