Ayer recibí un aporte más de parte de Francisco. Me dejó pensando en varias cosas, la verdad que me dejó resonando resto de temas en la cabeza sobre Colombia, así que buscaré aproximarme a dichas reflexiones en éste textico. Gracias de nuevo por leerme y por comentar.
Haberme aproximado a Galtung de forma superficial trajo a colación los recientes acuerdos de paz con las FARC. Y bueno, que vídeo, en general se me viene a la cabeza todo el proceso que realizó la comisión histórica para definir cuáles eran las raíces del conflicto. Dentro de los distintos puntos de vista que tuvieron que ser conciliados entre académicos se rescata que el conflicto en Colombia no ha sido más que una lucha por lograr igualdad en un pueblo que ha sufrido abuso desde hace siglos, pero en lo referente al conflicto armado colombiano la violencia partidista es un punto de quiebre para la historia del siglo pasado.

¿Por qué traigo todo esto a colación ahora? Bueno si, muy bonito reconocerse antifascista y antirracista debido a los dilemas gringos, pero –repito con mayúscula- Pero, tenemos que reconocer que en Colombia la violencia contra la población civil es en efecto más abrumadora.
Primero tendremos que remontarnos a la violencia estructural y cultural que ha sufrido el grueso de la población, siempre excluido en su mayoría de los beneficios económicos de la Nación, pues recordemos que desde la independencia se relegó a los indígenas (quienes también combatieron contra los independentistas para mantener los resguardos, una institución colonial para proteger sus terrenos ancestrales, para tomar un ejemplo) de las decisiones políticas; así mismo con la población negra que no fue liberada inmediatamente, ni las condiciones sociales del siglo XIX permitió su emancipación, su libertad estaba al lado del fenómeno de cimarronaje y la exploración de territorios donde los criollos no habían llegado.
Aún hoy en día podemos hablar de que este tipo de actitudes sigue siendo sistemática por parte de los gobiernos quienes no han logrado cabalmente resolver las razones estructurales de toda ésta discriminación.

Ahora, vengamos al presente, al 2020. Indepaz registra para este año, solamente desde Enero hasta Mayo 28 cifras que parecerían alarmantes para cualquier otra nación. Nos aportan los siguientes datos: 118 líderes sociales, 8 familiares de éstos y 25 excombatientes de las FARC asesinados. Ésta es información abierta al público.
Además, a pesar de que los medios intentan explotar la noticia de forma que hacen parangón con la situación gringa resulta que se presenta el caso de Anderson Arboleda, donde fue golpeado hasta la muerte a manos de oficiales de policía en el Cauca causándole muerte cerebral. Acá hay abuso sistemático por parte de las “autoridades”.
A día de hoy, Colombia empieza a reactivarse de las oleadas de protesta que fueron interrumpidas por la crisis del virus, Bogotá y otras ciudades como Pereira se prepararon el 3 de Junio para manifestaciones y plantones, así seguirán el 4 y progresarán hasta el 15 donde se ha convocado a la ciudadanía. En Bogotá imponen restricciones como que los sindicatos solo pueden sacar 40 personas a manifestarse distanciándose 2 metros cada unx con todas las medidas de bioseguridad, en Pereira ilegalizan la protesta bajo la salvaguarda de que es peligroso debido al COVID.
Nosotros vivimos en carne propia de la violencia, no solo directa ya sea a manos de militares –como fue el caso del campesino José Orlando Giraldo en Anorí a mediados de mayo-, policías –el caso expuesto de Anderson- paramilitares y bandas criminales –todos estos homicidios contra líderes sociales y excombatientes-, sino también de forma estructural –La pobreza puntúa un 27%, con un coeficiente gini cerca del 0.57, siendo más afectadas zonas periféricas y ni hablar en términos raciales, porque la discriminación es algo muy marcado en las regiones.

El rol de la violencia cultural nos ha llevado a denunciar en los últimos años cada vez más abusos contra la mujer, así como contra minorías. Mencionaré los más recientes feminicidios resonados en los medios de comunicación como el de Luz Amparo García en Ibagué víctima de su expareja y Janneth Adriana Aponte en Bogotá quien fue asesinada inexplicablemente, picada y dejada en una bolsa en su propio barrio. Sin embargo, las denuncias a mujeres que denuncian acoso y abusos al interior de la familia a partir de las medidas de aislamiento ha incrementado cerca de un 230%.
Y en éste último renglón nadie está exento, incluso en las organizaciones de izquierda, que supuestamente “son aliadas” de las luchas feministas- ya que el problema radica en nuestros valores con respecto a la familia, la crianza y al rol de las mujeres en nuestros grupos sociales- tienen integrantes que han interiorizado los mecanismos de dominación y les cuesta demasiado trabajo desprenderse de los privilegios y del abuso como mecanismos de opresión.

Poco a poco, a lo largo de la semana encuentro como tenemos una diferencia radical en nuestro país con las formas de integrar nuestra realidad como parte propia de dicha violencia, como dicen los memes, lxs colombianxs preferimos estar pendientes de lo que pasa en otros países, pero jamás nos damos la lucha acá. ¿Por qué? Bueno, a esto vengo, se trata de mecanismos interiorizados, sí, por medio de la violencia directa; unx no se va a poner denunciar porque lo que uno diga puede ser caracterizado de subversivo, por ejemplo.
Y aquí fue donde me asusté un poco con la reflexión de Francisco, resulta que la asociación teórica de Galtung está vinculada al proceso de paz y los académicos que le metieron mano teóricamente a las raíces del conflicto en Colombia. Es decir, por mostrar como la violencia también es responsabilidad social y estatal es subversivo. Luchar contra la dominación siempre será subversivo compas.
Pero hay mucha más sutileza, “si a mí no me afecta, qué me importa” me dijo una amiga. Ésta es la forma más cruda de violencia cultural. Resulta que poco a poco el colombiano promedio se ha vuelto indolente. Pero lo que es dificilísimo hacer caer en cuenta a la gente que su indiferencia es parte del problema y les duele, les da escozor, les incomoda y que mierda sentir que uno arremete contra una pared de concreto. Ayer 3 de Junio estuve muy frustrado al respeto. Me sentí frustrado de saber que seremos los de siempre saliendo a las calles a luchar por lo colectivo, por la seguridad de personas como Anderson Arboleda, de sectores de la sociedad colombiana sistemáticamente oprimidos y excluidos, incluso por los derechos de aquellos que les vale huevo el sufrir de los demás.

Entonces, la pregunta radical es ¿Qué haremos? Parte del dilema supremamente complejo es que apuestas como las que he mencionado incluyen esos componentes estructurales y culturales que no van a cambiar inmediatamente. Se requiere de tomar mecanismos de poder amplios, presupuestos, apoyar a las luchas colectivas locales para cambiar a un grueso de la población. ¿Cuándo llegará el momento donde podremos disfrutar de una estructura institucional que nos aporte elementos verdaderamente relevantes a nivel social?
Hago aquí una apuesta, peligrosa, pero también supongo que sonará ridícula para muchxs de ustedes y me encantaría saber su respuesta. Tomemos las cosas más en serio. Es preciso darle una dirección a todo esto. Pero si una dirección propia a nuestras acciones, ya no basadas en organizaciones que siguen pensándose todo en contextos de guerra fría y de parámetros retardatarios del siglo XX.
Y sí, el madrazo también va para las luchas sindicales obreras, las luchas de distintos sectores de izquierda una lucha quebradiza porque siempre nos agredimos por intereses de partidos, de asociaciones y nos disgregamos como si fuéramos los mejores cada uno y por encima de los otros, cada uno en su posición radical pero cooptada por todas estas estructuras, por los vicios de la rigidez característica de las luchas de la izquierda. Porque sí todos son leninistas (cosa que me parece aún retrógrada a pesar de que fui un ávido lector de Lenin) pero para ponerles de acuerdo siempre se requiere de ejercicios aún más violentos, como imponer la palabra de solo un sector, un gremio, una junta coordinadora en la cual se imponen intereses organizacionales y dogmáticos.

Hay que adaptarnos a las nuevas condiciones de ruptura ideológica, porque es evidente que las viejas ideologías sucumben ante la realidad objetiva y material. Hay que buscar nuevas formas de lucha. Obviamente, sin desmeritar los logros locales, pero es eso, locales, que han tenido algunos grupos. Yo agradezco más a lxs actores que se han dado la pela, individuxs que se han ido a las regiones, educadores populares, gente que le mete la ficha a diario al activismo social.
Y aquí soy insistente, hagamos primero lo primero -y esto está de la mano de Galtung- pero le meto un poco de acción social. Salgamos a la calle, exijamos primero garantías para que no haya ni 1 persona más muerta a causas de violencia física. Si 1 colombiano más muere a causa de extralimitación de un militar, de un policía sí quemémoslo todo, mostremos la fuerza del tumulto, hagamos que les duelan las entrañas a los ricos, a los indiferentes, llamemos la atención, pero demos un alto a la violencia en sus términos negativos y deshumanizadores.
Demos un paso más elevado, protestemos porque de verdad no queremos a nadie más muerto a manos del estado, y donde sepamos de otro civil asesinado salgamos de nuevo, volvamos a hacer arder el mundo para que se den cuenta que esto no es un juego. Que no tenemos más miedo, que ellos deben temernos. Tenemos que ganar en la vencida contra esa violencia directa.
Cuando la violencia realmente cese contra los civiles nos dispondremos a presionar por las respuestas estructurales que necesitamos, acabemos con la pobreza, con la segregación, con la diferencia social luchemos contra el racismo, contra las conductas paramilitares y fascistas de nuestra población con educación y cultura. Pero de nuevo, primero lo primero.

Siempre he apoyado la educación popular como una alternativa, movámonos en esa dirección, siempre he sido partícipe de que el acceso a la educación básica, media y superior debe ser universal. Logremos hacernos partícipes, luego exijamos en las calles que se enseñen practicas más humanas en la educación, que la paz sea uno de los axiomas culturales, así como el respeto por lxs negrxs, los pueblos originarios, así como restaurar el lugar de la mujer y de comunidades LGBTIQ, el respeto por nuestro territorio que no puede ser saqueado por intereses privados. Pero primero lo primero gente.
Salgamos con una sola bandera, ni una muerte más. Exijamos garantías de lucha contra bandas criminales y el paramilitarismo, pero no puede haber más sangre por parte del pueblo. Primero debemos pacificar nuestro país por medio de la protesta social.
Gracias, de nuevo por leerme y agradezco infinitamente tu comentario. Un saludo.
