Últimamente con todos los episodios de violencia que se han presentado en distintos países y recordando las oleadas de manifestación que se venían propagando por América Latina, Europa y Hong Kong antes de la crisis del COVID-19, éstos eventos me han puesto a pensar seriamente en el papel de la violencia en el ejercicio de la política.

Acá me interesa resaltar la violencia como medio político. Valga la aclaración.
Bueno, en efecto a lo primero a lo que voy a apelar es a mi propia condición como colombiano, pero intentaré hablar del momento global someramente.
Empecemos por Colombia. Precisamente un país intensamente movido por la violencia de todo tipo; familiar, de género, urbana, política, racismo, segregación sin contar con fenómenos más grandes como la presencia de paramilitarismo, los rezagos de los ideales guerrilleros que están aferrados a las ideas del siglo XX; así como derivados de ese conflicto ahora en manos de cárteles mexicanos, porque si el conflicto social nos trajo una forma sucia de sustentar el poder, el narcotráfico.

Ahora, creo que toda esta agitación mundial corresponde a un cambio de ciclo que ya en 1990 los académicos estaban observando. Sí, la gente tuvo tanto miedo de Estados Unidos que se convencieron de que en el mundo solo iba a haber un hegemón. Pues no fue así el transcurso de los últimos 30 años solamente han mostrado a un Águila predadora que en sus últimos días ya no caza sino arrebata las presas a otros, se disputa sus presas con Rusia que no ha pasado desapercibida, Europa que se desiste caer haciendo todos los cambios necesarios para subsistir a los embates de estos nuevos tiempos, China que lo tiene hastiado de guerra económica y tiene una feroz diplomacia, así como la pérdida de control de las sociedades del tercer mundo que no dan a basto con los sistemas jerarquizados y ordenados por modelos extranjeros.
Sí, el nuevo ciclo empieza. Ya nos tenemos que ir acomodando a este mundo multipolar, con una necesidad de cambios drásticos en la forma de producción porque la tierra ya no da a basto con la explotación, con sociedades civiles que no han logrado su reconocimiento a nivel mundial como campesinos, pueblos originarios, afrodescendientes, minorías en general que son oprimidas como es el caso de poblaciones que buscan la autodeterminación, como el pueblo Palestino, Kurdo, del Sahara Occidental, Hong Kong, entre otros.
Pero ¿Saben? en general veo un ejercicio constante de poder, en forma de violencia, en parte de formas estilizadas como las instituciones, las normas, en control social por medio de los mass media, ahora todo el tema de la bigdata y metadata pero también en su forma más brutal, violencia física contra los cuerpos.
En Colombia hemos tenido un debate en los últimos años con respecto a los mecanismo para lograr cambios poíticos significativos, ésto ha llevado a que distintas guerrillas hayan firmado la paz, y a pesar de ser masacrados, expulsados del poder político ya sea por el exterminio o las dinámicas de partidos, han decidido buscar nuevas formas. Porque la táctica de guerrillas ya no funciona, porque el Estado colombiano se encargó de destinar suficiente presupuesto para movilizar a las fuerzas armadas a un siguiente nivel, bajo la tutela de Estados Unidos.

Sin embargo, en su sed de poder las élites políticas, vinculadas al narcotráfico y a los poderes económicos más grandes se han dedicado a construir formas de violencia, que no son nuevas, si miramos la historia, pero son estrategias que no hemos sabido interpretar para jugar nosotros nuestro rol como personas que buscan el cambio. Muy bien que al fin se ha presentado la opción de exponer a los culpables.
Los eventos de Estados Unidos han desatado un gran ruido porque resulta que allá la discriminación ha sido sistemática. Pero acá, acá ha sido sistemática, y en efecto mucho más directa y violenta con la población civil.
Entonces la pregunta que me surge es ¿Por qué carajo acá no respetamos el derecho a la vida? Si Black Life Matters es un lema americano, porque acá no tenemos la gallardía de levantarnos Las vidas campesinas importan, Los pueblos originarios y sus territorios sagrados importan, las activistas y líderes sociales importan, cualquier civil que muera a manos del narcotráfico y cualquiera de sus consecuencias importa, falsos positivos importan, los afro importan, así en toda nuestra diversidad de afectados por el ejercicio de dicha violencia.

En las conversaciones que he tenido por redes sociales mis amigxs algunxs abocan por los medios pacíficos me dicen que para qué sirve incitar a la violencia en un país violento. Entonces ¿Qué hacemos con la violencia? Y yo agradezco los mecanismos de abogadxs y académicos en los últimos años porque han logrado avances y hay personas que esclarecen la verdad de toda esta violencia salvaje, pero ¿Cómo nos quitamos de encima ésto?
He estado cuestionándome por años, dentro de la ciencia política la violencia resulta siendo un argumento de autoridad, resulta que cedimos nuestro derecho a la violencia ante un Gigantesco monstruo llamado Estado (Como en el contrato social hobbesiano), como ciudadanos no tenemos permiso ni autoridad para engañar nuestro compromiso de ceder ante dichas instituciones nuestro poder y dejarnos gobernar. Eso quiere decir, la violencia es legítima si la ejerce el Estado, el resto de violencias son ilegítimas. La lucha civil es la indicada dentro de los parámetros del régimen y el sistema político ¿Pero será que esto basta cuando la estructura estatal está cooptada por avaros y criminales?
Sin embargo, en el desarrollo del siglo XX, constantes dinámicas sociales forman a bandas de personas que apoyan a los movimientos, voy a llamarlos Reaccionarios (Por esto de que toda acción política progresista o de transformación genera una reacción como lo ilustra alguien como Alfred Hirschman). Las élites que buscan mantener el status quo del régimen anterior suelen atacar por medio del discurso y utilizando elementos que circulan en la cultura se apropian de los significados y ¡Voila! ni siquiera necesitan de un ejército, hay una masa de personas fieles al anterior sistema que van a salir a matar al “Enemigo” que el gobierno de turno se haya puesto en la mira.
Siempre habrá un personaje desgraciado que matará al señor Gaitán en plena séptima, siempre estará el sucio sicario que mata al posible candidato que trae el cambio al país.

Estos paracos, como los llamamos en colombia, porque son fuerzas ParaMilitares, han acallado a buena parte de la población, para que los negocios de la Coca, el latifundio en aquellos lugares más remotos del país con ganado, palma de cera, plátano, entre muchos otros productos algunos más voraces como la minería ilegal de metales y otros materiales del subsuelo, así como unos menos relevantes tal vez se mantengan en funcionamiento “por la grandeza de la nación”. El caso es que esta masa de atarbanes han logrado diezmar a cualquiera con una intención de cambio que toque los intereses de poderosos, legales el ilegales o legalizados como bien es el caso de nuestros políticos que se lavan las manos en público pero tienen más sangre que cualquiera.
Resulta que estas dinámicas de miedo parecen desbalancear el ejercicio del poder, si hay dominación y explotación y por más que la gente quiera esconder el sol con un dedo la aristocracia se ha vuelto oligarquía en términos clásicos. Acá no gobiernan personas que se dediquen a la Cosa Pública (República) sino personas que se lucran de su poder, acá no hay virtud.

Los ricos son excesivamente ricos. Los ricos tienen acceso a cosas que el grueso de la población no tiene acceso. Los ricos ni siquiera los vemos, ellos no viven acá en nuestro territorio. Pero son dueños de los negocios. Sí, puede que Sarmiento Angulo no explote al campesino, pero posiblemente en alguna vereda de algún lado los paramilitares ejercen su control para que alguna empresa filial a Postobón o a cualquier otro monopolio en sus manos logre funcionar ordenadamente a costos rentables y si, las empresas pagan hasta su seguridad en regiones apartadas a estos “Hombresillos reaccionarios” -les pagan como presupuesto empresarial incluso- y obviamente estos paraquitos están dispuestos a tomar un arma para matar a quien sea que le paguen. Porque es eso son mercenarios. Así el turismo en el Tayrona, así el desplazamiento forzado a campesinos donde ahora hay hidroeléctricas, etc. Cada proyecto de “progreso” tiene sangre.
Otro ejemplo, un poco más sutil, el D1 llega al Urabá en plena década donde paramilitares logran el control territorial de ésta zona. Claro, dirán ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Que mientras esa cadena no represente un problema para los intereses de éstos grupos puede entrar, pero si eres un líder social organizando a la comunidad estas destinado a morir. Si me puedo explicar, los intereses del capital no se cruzan con los intereses de narcos y bandas locales, pero si lo hace quien quiere transformación social real. Un D1 permite acceso a bienes, pero no a mejores condiciones de vida, incluso su modelo de explotación laboral hace que un tienda pueda ser atendida por solo 4 personas y 5 con su supervisor. El resto que son camioneros, bodegueros y personas encargadas de la calidad conviven en un edificio donde no hay más de 50 personas. No es que generen demasiado trabajo, si el trabajo es el asunto.
Pero lo curioso es que llegue éste tipo de servicios antes que iniciativas reales para el trabajo, porque la población desempleada y flotante es mano de obra libre para los negocios turbios. Parte de todo esto lo viví y ví personalmente en Necoclí, Chigorodó, Mutatá, así como es un modelo muy paisa en las periferias de Antioquia. El pobre es quien se enrola en las filas de trabajadores que cultivan, procesan, transforman y sacan la coca.
La violencia ésta allí, no se puede hablar de “la vuelta”, no se puede ir a un municipio solo a conocer porque si es desconocido puede que lo jodan, el “sí acá no roban, pero es porque al que roban lo pelan”, eso es violencia. Directa, pura, dura, y convertida en un estilo de vida después de tantos años de conflicto; que guerrilla llegó, que la otra guerrilla mató a no sé quién, que los “de bien”, los que le ayudan a don fulano, cualquier mico que llega a un pueblo es observado porque no se sabe de dónde viene y para qué vino.

Con todo esto voy a que en Colombia nos han quitado algo vital, y quiero remontarme ahora si, a la lo político detrás de la violencia. Nos han arrebatado nuestra voz, sí y muchos académicos desde la psicología social y el psicoanálisis hablan de este tema. Nos han arrancado y nos han intimidado al punto que no tenemos cómo denunciar.
Las luchas en efecto han cambiado, Nicolás Maquiavelo a mi me dejó una gran enseñanza en mi vida académica y es que mientras estudiaba la política, éste autor con fama de déspota resultaba ser un republicano detrás de una necesidad de encontrar a un sujeto, rico, glorioso y afamado que encarnara su deseo de refundar una república como la romana, alguien meramente transitorio y virtuoso.
Y bueno, uno de los elementos de su análisis político está en el balance de poderes de Roma antigua. Sí, el momento histórico es distinto, en dicha ciudad los ciudadanos eran sólo los hombres mayores de edad y con propiedades. Pero éstos hombres ordinarios, que no los esclavos -aunque luego se darían la pelea-, lograron dar balance a las decisiones de una aristocracia cada vez más desmedida con sus exigencias sobre la sociedad.
La aristocracia romana estaba en contacto con el pueblo, se acercaba a sus prácticas. Cuando cae la disnatia etrusca de los Tarquinos y Roma se expande la nobleza empieza a degenerar. Dice Maquiavelo “que los hombres hacen el bien por fuerza; pero cuando gozan de medios y libertad para ejecutar el mal, todo lo llenan de confusión y desorden.”.
A lo que se refería en efecto, correspondía a las leyes del bien y del mal a la que está sujeto el autor, pero muy ceñido al concepto de virtud, aristotélico, digo yo.
La plebe, cansada de los abusos organizaba “Tumultos” y desórdenes civiles, atentaban contra los lugares de los nobles, los saboteaban y era muy común que en las calles tomarán desprevenidos a los nobles y les mataran a puñaladas. Una serie de tumultos llevaron a la nobleza a ceder ante la plebe y se formó en su momento la institución del Tribuno. El pueblo entonces contenía a los nobles.

Maquiavelo no ve esto como una institución unicausal, sino que expresa esta constituida por los humores tanto de la élite como de la plebe. El derecho avanzó y se promulgaron nuevas leyes así como se daba el derecho a la injerencia del foro en las decisiones de gobierno. Recalca el italiano: “Roma tenía la de que, cuando el pueblo deseaba obtener una ley, o hacía alguna de las cosas dichas, o se negaba a dar hombres para la guerra; de manera que, para aplacarle, era preciso satisfacer, al menos en parte, su deseo.”
El espíritu de sus ideas se contempla así en un enunciado sobre Cicerón, “Los pueblos, aunque ignorantes, son capaces de comprender la verdad, y fácilmente ceden cuando la demuestra un hombre digno de fe.” En la actualidad y desde una visión no tan aristocrática los pueblos ahora tienen la capacidad de escoger, ya no solamente hombres, sino el logro de nuestra sociedad está en la garantía de derechos políticos que no debemos ignorar.
Éste loco, prosigue hablando de a quién se le debe dejar la salvaguarda de la libertad en la república. Aquí el giro inesperado del creador de “El Principe”, Las características viciosas de ambos lados los llevan al desequilibrio. La plebe muchas veces no se sacia, y la nobleza es también demasiado ambiciosa y prosigue enunciando que aquel que ostenta algo y no quiere soltarlo es aquel que traerá desarmonía a la república.
Y sí, en nuestro caso contemporáneo los ricos, los nobles de la sociedad global no quieren soltar sus privilegios, incluso siendo éstos demasiados ¿Cómo es posible que haya gente trillonaria mientras otros mueren de hambre? Y es eso, Maquiavelo lo veía en la Roma antigua, los nobles se aprovecharon del hambre del pueblo para enviarlo a la guerra, la gente decidió estallar cuando los adinerados eran muy pocos y poseían mucho, así mismo cuando los ciudadanos esclavizados también dieron una gran pelea y todo para lograr victorias como mejor trato o mejor capacidad de ascensión social.

Nuestros ejes son distintos actualmente, pero a lo que voy es que cuando las instituciones están corrompidas por una hambre descarriada de las élites el pueblo si debe arrancar a controlar éstos excesos. Porque el sistema de una república es de contrapesos, de una cedición de derechos para que se gobierne, porque no todos queremos o sabemos gobernar. Ok, eso está bien. Delegar nuestras responsabilidades está muy bien ¿Pero cuando el que gobierna atenta contra las condiciones del pueblo? y si miramos a Colombia, llevamos desde la invasión al continente por parte de Españoles subyugados a una carencia de derechos y a la exposición constante al exterminio.
Y aquí ya nos meteremos en dilemas más modernos,como los mecanismos de control y así en como se ha ejercido y popularizado la violencia por parte de Estados mucho más robustos y tecnificados. Pero lo que importa, por ahora, es que la violencia a sido vulgarizada y por demás normalizada en nuestra sociedad.
Los eventos en Estados Unidos, así como las rachas de protestas que se reactivan poco a poco en el mundo a pesar de la crisis actual nos ponen de plano: Bueno ¿Y si no somos nosotros el pueblo que reclama exigencias mínimas para que la vida de civiles, así como sus libertades sean garantizadas, entonces, quién lo hará por nosotros?

Y yo me planteo, nuestras luchas por derechos laborales, de género, culturales y sociales no se han dado gratuitamente, han tenido que haber situaciones de gran tensión desde jornadas imposibles de cumplir con condiciones de vida humillantes, violencia estructural por parte de la sociedad hacia ciertos sectores, empezando por la violencia contra los niños y mujeres, pasando por el racismo y la segregación. Y de verdad agradezco por quienes murieron y quienes se enfrentaron en el pasado contra las élites descarriadas para darle un control y un orden al poder político.
Pero ¿Basta con nuestras luchas intelectuales y pacíficas? ¿Basta con que accedamos a los mecanismos de poder? aun cuando éstos están corruptos y por inercia se llevan a cualquier “bonachon” por delante y lo corrompe a los puntos en que terminan en escándalos de corrupción o en negociaciones deplorables donde el político profesional se vende a intereses particulares.
Yo creo que tenemos que cumplir un deber histórico, si debemos exigir a los gobernantes y a las élites que no vamos a permitir más atropellos, pero no podemos desencadenar una guerra civil, porque caeríamos en el mero caos y tanto pillo que se puede aprovechar de dicha situación da miedo. Tiene que ser un TUMULTO que les lleve a temer y a temblar para que cedan ante nuestras garantías de derecho.
Yo comprendo a quien tiene miedo a la violencia desgarrada,a quien su interés es apoyar intelectualmente y por medio de la defensa de derechos, de verdad lo necesitamos, pero también es necesario salir a las calles a romper todo lo que pertenezca con esos Viciosos gobernantes y las élites que están corruptas. Necesitamos exigir que cese la violencia definitivamente, sobretodo contra los civiles. Que en serio cada vida valga, que cada vida les cueste para que entiendan que no estamos dispuestos a dar la vida por ellos, que queremos dar la vida por nuevas aspiraciones y es eso, dar la vida, es dar nuestro trabajo, nuestros impuestos, nuestras formas de vida para lograr de verdad prosperar.

Yo creo que si debe haber un consenso social al menos con un amplio sector de la población; si informando, mostrando por medio los mass media los atropellos que se cometen contra cualquier civil, exhibiendo las conexiones maléficas de nuestros gobernantes con esos negocios e ideologías que nos han hecho tanto daño, mostrándolos al foro global; el internet, podemos lograr algo y así lo hemos hecho, pero sí creo que el ciudadano común y corriente debería levantarse para hacer un eco poderoso en ellos y hacer sucumbir las estructuras.
El ejercicio de la violencia entonces me lleva a pensar lo siguiente, es preciso cuando aquel a quien se le ha encomendado la salvaguarda de la libertad y de la seguridad está atentando contra sus concesionarios (Es decir contra los ciudadanos). El pacto social está roto, el pacto en Colombia al menos es un pacto suicida para una población que vive en condiciones miserables, y si así usted se crea clase media alta, pueda viajar al primer mundo, tenga familia en estos lugares, pueda pagar una universidad costosa, usted es otro plebeyo a comparación de las grandes familias que gozan de muchos más privilegios.
Y esto es carreta local, pero a lo bien en un país tan rico pero tan mal administrado, pues si, el problema radica allí ¿Cuando empezaremos a exigir que los gobiernos administren para nosotros y en favor de nuestras vidas? Cuántas de nuestras vidas vale la paz y la tranquilidad.
En mi resuena, la violencia es un ejercicio en el cual solo cabe la virtud. La violencia es válida en defensa propia, sobretodo de la vida, sobretodo de la igualdad, sobretodo de la libertad, tanto que nos preguntamos y ¿Después qué? Alguien de seguro se va a descarriar, alguien va volverse loco, algún jacobino se va a volver facho, y puede que sí. Cuando veamos a un fachito o a algún líder político que esté abusando de su poder el pueblo se para y le pone un límite, no agacha la cabeza bajo una tiranía.

La violencia en todo caso, debe ser reducida, debe ser contenida para momentos específicos, si es preciso que haya unos marcos normativos, unas instituciones que regulen disputas y que tengan autoridad y puedan ejercer legítimamente la violencia, pero ¿Si esas instituciones son las que vulneran los derechos civiles, humanos y ecológicos? Pues el pueblo se levanta y pone exigencias a los gobiernos.
Así se nos olvida que ellos necesitan de nosotrxs, se olvida que nosotrxs somos la base que sustenta todo, que nosotros somos los que les autorizamos a gobernar, si porque no nos interesa gobernar a todos, ojalá lo hicieran los mejores y con virtud en sus cabezas y corazones, pero para eso debemos saber escoger. Liberarnos de nuestro Padre represivo, el Estado actual, y entablar una comunicación de igual a igual con los poderosos, porque también somos poderosxs.
Quisiera extenderme más, porque hay mucha tela que cortar de un concepto como la violencia, sin embargo, por ahora quedará hasta acá.
Ahora que ya eché mi carreta, y bueno, si llegaste hasta el final me encantaría recibir tu percepción acerca de este pequeño escrito. Lo agradecería porque todo dilema, discusión o asunto lo revisaré para nutrir mi siguiente texto. Gracias.
